Carlos Miranda Pacheco

Del gigantismo al masismo

viernes, 20 de septiembre de 2019 · 00:12

Desde que este sistema de gobierno administra el país, en el sector hidrocarburos se hizo notorio que las medidas que adoptaba venían acompañadas de ropaje tremendista y espectacular. Así, la llamada “nacionalización” de hidrocarburos que dictó en mayo de 2006, el sistema la calificó como un rescate de la riqueza hidrocarburífera de manos de las transnacionales. En esa misma tonada, los nuevos contratos que se firmaron con las empresas petroleras  los calificó como los contratos “más difíciles del mundo”.

Por su prolongada gestión y sintiendo los efectos del contrato de venta de gas a Brasil y el alza de los precios internacionales, adoptó la línea de calificar al país como el centro energético de América Latina. Como la producción exportada ha venido fundamentalmente de los megacampos de San Alberto, Zábalo, Bulo Bulo, Margarita y ahora Incahuasi, ha modificado el léxico petrolero nacional acostumbrado. Todo proyecto exploratorio lo anuncia como el futuro hallazgo de varios megacampos. Un megacampo es aquel que tiene por lo menos un trillón de pies cúbicos de reserva recuperable. 

A la objeción continua de que las reservas se estaban menguando por los contratos y sin resultados exitosos de exploración, dotó de una expectativa y espectacularidad especial a la perforación del pozo Boyuy X2.

El mencionado pozo llegó a 8.000 metros de profundidad. Para las autoridades actuales la espectacularidad que sea el pozo más profundo de América Latina fue más importante que el hecho de no haber descubierto ni un solo pie cúbico de gas adicional.

Desde hace más de un año, ante la certeza que las elecciones de octubre se llevarán a cabo, el aparato propagandístico oficial empezó a dotar a las noticias de gigantismo, señalando, que siendo corazón energético de América Latina, los posibles mercados futuros serían Paraguay, Perú e inclusive la India. Lo anterior se desbarata por sus propias luces. El mercado paraguayo sigue siendo de tamaño muy limitado que no justifica la construcción de un gasoducto de provisión. El proyecto de exportación al Perú por Ilo tiene sentido para nuestro país vecino cuando la producción peruana también llegue hasta el puerto de Ilo. La posible exportación de gas boliviano como GNL por Ilo es algo que está totalmente fuera de la realidad porque el puerto de Ilo no tiene el calado suficiente para acomodar barcos metaneros. Por tanto, la exportación de GNL a la India no tiene ningún sentido.

A pocas semanas de las elecciones  presidenciales, estamos ahora teniendo que soportar un alud de nómina de proyectos agigantados por el gobierno. Primero, son las plantas de ciclo combinado del Chapare, que han sido construidas trabajando día y noche en la forma más acelerada posible. Inclusive la provisión de equipo y materiales fue realizada con varios vuelos del carguero aéreo más grande del mundo, el avión ruso Antonov 225. Gracias a ENDE, con los vuelos de esta nave rusa se estableció un itinerario regular de Iquique y Arica al Chapare. La actividad era febril para que la planta pueda ser inaugurada antes de octubre. Esto ha sucedido, pero no se tiene un mercado que justifique los esfuerzos realizados y los costos adicionales por haber recurrido al suministro aéreo de equipo y materiales.

A un mes de las elecciones somos anoticiados de una nómina de proyectos para tratar de obtener votos en la elección. Ahora el gobierno indica que en breve, con la instalación de seis plantas petroquímicas adicionales a la de urea y amoniaco, se podría lograr el centro de fertilizantes más importante del continente. Las plantas que se enumeran son las siguientes: metanol, urea formaldehido, nitrato fósforo potasio, nitrato de amonio, fosfato monoamónico y fosfato diamónico.

La planta de metanol es necesaria para producir urea formaldehido. Se está buscando tratar de evitar que la humedad del Chapare cause problemas monumentales con la actual planta de urea mezclándola con urea formaldehido. El resto de las plantas serían para elaborar más fertilizantes inorgánicos y poder contar con los denominados NPK (nitrógeno, fósforo y potasio). No se conoce de la explotación de roca fosfórica en el continente y la de potasio está muy limitada a la explotación de los salares.

Con el objetivo de mejorar la urea se tendrían que construir cuatro plantas petroquímicas adicionales. No se sabe el costo de las mismas y no debería extrañarnos que el Chapare sea su posible futura ubicación.

El anunciar la posible formación de ese  polo petroquímico y convertir a Bolivia en el centro petroquímico de América Latina, es un juego propagandístico que inclusive sobrepasa el gigantismo, y es un masismo consumado, ávido de votos.

Carlos Miranda es analista energético.

Confidencial

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