Carlos Miranda Pacheco

El diésel no fue a la Guerra del Chaco

viernes, 21 de febrero de 2020 · 00:12

Hace unos días YPFB publicó haber licitado, para el mercado interno,  la provisión de diésel con 5.000 partes por millón (ppm) de azufre. Al día siguiente, reportó que está licitando la provisión de diésel con 50 ppm, a un precio base más caro que el anterior. Tratemos de comprender esa aparente descomunal contradicción, pero primero veamos cómo el diésel ha llegado, desde 2006, a ser el combustible de mayor consumo en nuestro país.

Cuando se inició la Guerra del Chaco, las importaciones de gasolina y diésel eran de poca magnitud. Las Fuerzas Armadas escogieron tener gasolina para utilizarla en sus medios de transporte. Todo el esfuerzo de importación de nuestro país se volcó a hacer llegar gasolina al frente de batalla. Como las importaciones eran fundamentalmente de Perú, cientos de campesinos y sus llamas trasladaban gasolina de la frontera peruana a  estaciones de nuestro ferrocarril para hacer llegar el combustible a Villamontes. 

Eran tantos que se los denominó “tren de llamas”. La importación de diésel pasó prácticamente al olvido.

Cuando terminó el conflicto se fundó Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), a  la que, como una de las labores importantes, se le comisionó ordenar la importación de combustibles al país. La flamante empresa cumplió el encargo eficientemente. Rápidamente desarmó el “tren de llamas” sustituyéndolo por pequeños camiones cisternas pintados de color plomo con el rombo rojo de la empresa. 

Aparecieron los primeros surtidores de gasolina y kerosene. Toda esta actividad fue muy bien recibida por la población. El rombo de YPFB quedó impreso en el alma de los bolivianos y fue transmitido de abuelos a padres y de padres a hijos, y continúa vigente.

Con la apertura de caminos se inicio la integración entre este y oeste del país, llamada La marcha al este, que fue construida fundamentalmente utilizando maquinaria a diésel importado por YPFB  y dando inicio a la agricultura mecanizada y a la conformación del transporte carretero a larga distancia.

 Esas dos actividades son las mayores consumidoras de diésel al presente, justificando haberlo llamado “el combustible del progreso”.  La industria petrolera progresó notablemente, descubriendo nuevas reservas y producción y refinación de productos, razón por la que YPFB declaró el autoabastecimiento petrolero del país.

El abastecimiento del consumo de diésel por petróleo refinado se realizaba sin inconvenientes, pero se pudo observar que por la naturaleza de nuestro crudo y los sistemas existentes en la refinería sólo se podía obtener 40% de gasolina y 30% de diésel.

Posteriormente, la producción de petróleo empezó a disminuir, causando ocasionales momentos de falta de diésel. Tratando de evitar esas situaciones, se legisló prohibiendo la importación de motores a diésel. La medida fue poco exitosa por las excepciones que admitían y por el empuje de la demanda de diésel.

La falta de suficiente crudo para refinar y obtener diésel fue agravada por el ingreso de nuestro país a la exportación de gas. El gas está acompañado de condensado, pero cuyo contenido de diésel y gasolina es muy limitado. En suma, para la última década del siglo pasado era evidente que no se tenía la producción suficiente para cubrir la demanda y, por tanto, desde esa fecha, se tiene importación de diésel en forma creciente.

La producción de gasolinas experimentó un proceso similar, de ese modo desde 2009 importamos además de diésel, gasolina para cubrir el mercado interno.

Los ingresos obtenidos por exportaciones de gas natural fueron tan altos que el costo de las importaciones de diésel  y gasolina no significaba gran impacto en los ingresos del sector. Ahora, con la caída de precios y de volúmenes de exportación de gas, la situación se ha tornado más delicada.

En gran síntesis, la producción de carburantes de nuestras refinerías será cada vez menor frente a un consumo continuamente creciente de diésel y gasolina, ocasionando importaciones cada vez mayores, teniéndose fondos cada vez menores para cubrir esas importaciones.

Paralelamente a lo descrito anteriormente, el cambio de las temperaturas en las estaciones del año que afecta las cosechas y el clima del planeta están causando desastres en la vida de millones de habitantes. El Protocolo de Kyoto estableció que la contaminación de los combustibles fósiles (carbón, combustibles de petróleo y gas natural) está ocasionando un efecto invernadero que causa el aumento de la temperatura del planeta. 

Para disminuir ese calentamiento reduciendo la utilización de combustibles fósiles ha sido conformado el Acuerdo de París, con la participación de todos los países del mundo en acuerdos vinculantes para ejecutar sistemas de suministro de energía que no causen contaminación. Se pretende que para 2025 los países ya hayan acordado los métodos nacionales para efectuar esas reducciones, con el fin de que para 2050 ya no se utilicen combustibles fósiles. 

Nosotros somos parte del Acuerdo de París. Eso explica la doble licitación de provisión de diésel por YPFB. El diésel con 5.000 ppm de azufre está siendo proscrito hasta en los medios de transporte, por lo que sería muy contradictorio que un país, miembro del Acuerdo de París, pretenda utilizar ese gas tan contaminante.

Carlos Miranda Pacheco es ingeniero, experto en hidrocarburos.

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