Carlos Miranda Pacheco

Notas sobre los biocombustibles

viernes, 19 de marzo de 2021 · 05:12

Después de un año de pandemia, el país se encuentra en una posición muy difícil y conflictiva. No tenemos una política energética. Las condiciones energéticas actuales y mundiales ya no permiten que se maneje el sector con objetivos de corto plazo y una visión conjunta y dirección definida. Lo grave es que los años venideros serán de muy difícil accionar energéticamente, sobre todo para Bolivia.

 No tenemos ningún campo nuevo por desarrollar y los campos existentes están en pleno periodo de declinación. El gobierno ha dado noticias en sentido de haber encontrado un campo en Chuquisaca y Santa Cruz, pero en forma inexplicable recién el próximo año será puesto en producción. 

Las reservas de gas natural, aunque no las conocemos con exactitud, parece que alcanzan a entre seis y ocho TCFs. Tenemos dos contratos de exportación con volúmenes reducidos, con Argentina y Brasil, para que los ingresos por esa exportación cubran en parte el gran vacío que ha dejado la finalización del contrato de exportación con Brasil: 4.000 a 5.000 millones de dólares de ingresos fiscales a un estimado de 1 – 1.500 millones de dólares actuales.

Mundialmente, todos los países están comprometidos por el Acuerdo de París a iniciar una serie de medidas para reducir el uso de combustibles fósiles al máximo para el 2050. Con el gran objetivo de contribuir a la reducción de emisiones de gases contaminantes, que están formando una especie de clima invernadero en todo el globo, lo que está causando inestabilidad en la duración de las estaciones y, como resultado general, elevando la temperatura del planeta, todo ello con resultados desastrosamente evidentes.

La disminución en la cantidad de condensado para refinar, debido a la baja producción de gas, indica que debemos vivir importando combustibles.  En las condiciones señaladas, nuestra política energética tendrá que atender problemas inmediatos que engarcen con medidas de mediano plazo y, finalmente, con la política a largo plazo.

El gobierno ha señalado una política del uso de biocombustibles con el alcohol etílico para las gasolinas y el biodiésel, frente al diésel derivado del petróleo. Para el gas se continúa con la exportación de gas a Brasil y Argentina, a fin de tener ingresos para el TGN.

Se debe tomar nota de que el reemplazo de los combustibles fósiles con biocombustibles, energéticamente no es un éxito, mientras que económicamente el costo es más alto que importar combustibles fósiles. Finalmente, los biocombustibles son considerados contaminantes y, por tanto, están en total  contradicción con lo que hemos pactado en el Acuerdo de París, por el cual nos comprometemos a disminuir el uso de combustibles fósiles hasta casi su desaparición el 2050.

Como desde 1990 importamos diésel en forma creciente, y desde hace tres años gasolinas, para importar ambos combustibles el año 2020 se ha requerido más o menos mil millones de dólares. Para el presente año se estima que se precisará 1.300 millones de dólares. Este incremento se debe a mayores volúmenes por repunte de actividades y al aumento del precio del petróleo internacionalmente.

Tomará por lo menos tres años la producción de biocombustibles para disminuir importaciones. Se debe tomar nota de que en ninguna parte los biocombustibles reemplazan totalmente a los combustibles derivados del petróleo, son tan sólo importantes aditivos del mismo.

Mientras ese corto plazo este transcurriendo, se debe cumplir con lo comprometido en el Acuerdo de París: reducir el consumo de combustibles contaminantes.

Como se puede ver son condiciones controvertidas que serán difíciles de seguir. Una sugerencia obvia parece ser que en estos primeros años es el uso del gas natural como combustible de transición y que con mucho cuidado nos embarquemos con los biocombustibles, por ejemplo, si queremos implantar la producción de biodiésel y alcohol frente a lo comprometido de disminuir su uso para el 2050.

En forma sintética se ha indicado que hasta fin de año se estará licitando la ingeniería y compra de equipos para la construcción de una plata de biodiésel adosada a Palmasola. Aquí cabe una reflexión: nuestra experiencia en la planta de úrea muestra una deficiencia en el manejo de procesos más sofisticados.

Ante la complejidad y urgencia de contar con una política energética solida y flexible, se hace necesario lograr un acuerdo a término nacional vía seminarios y, después, su tratamiento en el Parlamento.

 

Carlos Miranda Pacheco es ingeniero y experto en hidrocarburos.
 

 

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