Carlos Miranda Pacheco

¿Y el biogás?

viernes, 2 de abril de 2021 · 05:12

Hay convencimiento mundial  de que las variaciones en los tiempos y temperaturas de las diferentes estaciones son resultado del calentamiento del planeta y que éste, a su vez, es producido por el efecto causado por gases contaminantes que son resultado de la combustión de los combustibles fósiles (derivados de petróleo y carbón).

Para intentar corregir esa situación, todos los países del mundo han firmado por primera vez en la historia un convenio de adoptar medidas de corrección, el Acuerdo de París.

El principal del acuerdo es el compromiso de los países a reducir al máximo su consumo de combustibles fósiles para el 2050. Por este motivo se enfrentará una reducción en el consumo de petróleo. El mundo desarrollado está incrementado su consumo de gas natural como combustible de transición y además la producción de biocombustibles, gasolina de alcohol y biodiésel para mezclar con las gasolinas y diésel de petróleo. 

Nosotros estamos en una trayectoria similar pero no igual. Por la caída de nuestra producción de gas,  consecuentemente de condensado,  nuestra producción de gasolina y diésel ha caído verticalmente y continuará haciéndolo. El continuar abasteciendo el país de diésel y gasolina implicará su importación con moneda dura. Esa situación es catastrófica para la economía del país.

La política energética nacional está dirigida a la gasolina de alcohol y el biodiésel de origen vegetal con la esperanza de poder reemplazar totalmente a los combustibles fósiles.

Llama la atención que en los planes de reducción y sustitución de los combustibles fósiles no se menciona el biogás.

¿Qué es el biogás?

El biogás es metano incoloro e insaboro con pequeñas cantidades de CO que se obtiene por el tratamiento y la fermentación de desechos orgánicos y vegetales.  Todo material orgánico tiene compuestos con gas que al ser fermentados se logra la separación de los gases conocidos como biogás.  El biogás ha sido descubierto y utilizado por China hace más de 2000 años. 

Con el progreso en la captación de energía solar para generar electricidad y la producción de biogás para lograr combustible con combustión, se llegó a la conclusión de que  núcleos humanos que posean reflectores solares y unidades de fermentación de desechos animales (excrementos), más desechos vegetales, podrían convertirse en localidades autosuficientes para contar con la energía necesaria que les permita incorporarse a la vida actual. 

En el siglo pasado esa combinación de energía solar y biogás fue rápidamente aceptada por la sociedad. Así EEUU quiso promover que los núcleos humanos aislados en América Latina sean dotados de energía solar y de biodigestores para generar biogás. Cometiendo esos errores monumentales la diplomacia norteamericana, promovió una reunión continental para presentar el plan de dotar de energía a núcleos urbanos aislados, llamándolo “la sociedad de energía eléctrica y excremento” (Sung and dung society). 

El programa tan mal presentado fue rechazado y, más bien, los países latinoamericanos mostraron sus pretensiones de contar con energía termonuclear para grandes centrales eléctricas.

No obstante lo anterior, en los países de la OECD obtuvo una buena aceptación. Y según la Agencia Internacional de Energía, se estima que la producción mundial de biogás llega a 1,5 billones de pies cúbicos. En los países OECD Alemania es la primera y en los no OECD China, con 1,31 billones de pies cúbicos, es la gran mayoría.

Actualmente se tienen programadas reuniones para definir el rol que el biogás puede jugar en la transformación energética para reducir el calentamiento global.

Nosotros hemos experimentado con biodigestores en el altiplano, el valle y el oriente. Los resultados en el oriente han sido excelentes.

Desde hace 15 años se menciona que se está transformando el país, lamentablemente en ninguna instancia se ha entrado a revisar el uso de unidades energéticas en base a reflectores solares y generadores de biogás, en vez de planear líneas eléctricas y ductos de larga distancia que con nuestra geografía son barreras muy difíciles de vencer.

 

Carlos Miranda es ingeniero, experto en hidrocarburos.
 

 

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