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Fútbol, diferencias y comunidades

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miércoles, 13 de abril de 2016 · 00:00
La distancia futbolística entre Argentina y Bolivia es sideral, hay una brecha que con toda certeza no la llenaremos nunca. No es sólo la derrota del Tigre o de la Selección la que impulsa a que afirmemos eso, la historia de las distancias es más grande. 

No ganamos la Copa Libertadores de América, con dificultad ganamos un sudamericano en 1963, de locales, y enfrentando   algunos equipos que no trajeron a sus titulares, y de eso pasa más de medio siglo. 
 
Copa América,   ni pensar; Mundial de fútbol, menos aún, ni pensarlo. Es más, nuestro sueño futbolero radica solamente en ir a un Mundial, no implica competir o ganar, no nada de eso, sólo es el sueño el viajar, el llegar. 
 Y cuán difícil   está eso, que parece que el sueño de 1994 fuera lo único que tuvimos en la vida, en la vida del fútbol, pues no se olvide que en rácquet, hace años, hay unos jóvenes que traen títulos sudamericanos y hasta buenos resultados en competencias mundiales.
 
Somos demasiado diferentes, pero   no por ello dejamos de tener algunas comunidades, que quizás se explican porque, unos y otros, gauchos y bolis, somos latinoamericanos, con sus positivos y negativos.   ¿Cuánto tiempo dirigió Grondona el fútbol de ese país, con cuánta transparencia, con cuánto derroche de ética, sirviendo a los intereses de la nación o a intereses particulares, como los que mueven a muchos políticos, de aquí y allí? No fue ese mismo señor quien hace años tuvo la decisión final de nombrar a Maradona como técnico de su selección, a sabiendas de que ese exfutbolista no tenía expertise para ser técnico. 
 
¿Qué primaron?, ¿ideas de marketing o ideas racionales, cartesianas, de contratar a alguien experto en el manejo de táctica y de estrategias futbolísticas? ¿No   jugó   Grondona con un hombre que no estaba plenamente recuperado, que era todavía enfermo   y, por eso,  merecedor de mucho respeto y de extremar cuidados para evitar sus recaídas? De esa mala calidad de oscuros dirigentes es que estuvo llena la Argentina por varios años.
 
Y por aquí, ¿cómo andamos? ¿No fue muy largo el paso de Chávez por la Federación Boliviana de Fútbol, con una sombra muy grande de corrupción y de cero resultados futbolísticos? Pero, ya no está ese señor y ¿qué ha cambiado, llegó la hora de la revolución y de la innovación en el fútbol? ¿Qué   piensan los dirigentes del fútbol? ¿Piensan   grande? ¿En escuelas? ¿En formación de los niños, en desarrollar capital humano o juegan al tiempo de las cosas pequeñas, de las nimiedades, sin ver horizontes más  grandes? 
 
No se nota que haya transformación de ideas, no hay aggiornamiento dirigencial, ni en la Federación, ni en los clubes, los cuales apenas sobreviven sin ser instituciones serias, dotadas de calidad. Cada dirigente que apoya a un club piensa en el corto plazo, en su gestión. Contrata a uno, dos o cinco futbolistas extranjeros, muy mayores de edad, que no brillaron en otros   lados. Los contratan para sacar un título, no para impulsar un proceso de formación de jóvenes. Esa mirada cortoplacista es la que se impone hace más de medio siglo, sin que cambie nada. 
 
El mundo se ha desarrollado, es hora de internet y de las múltiples maravillas que salen del celular. La tecnología ha cambiado, pero las ideas y los horizontes de los dirigentes del fútbol se han anquilosado, no pasan del siglo XX y esto es mucho decir.
 
Hace años esos dirigentes contrataron para la Selección a un excelente exjugador como Platiní, cuando éste no tenía experiencia de DT; ocho años después, llamaron a Baldivieso, a sabiendas de que tampoco tenía mucha experiencia ni expertise en el arte de  ser director técnico. Producto de esos múltiples errores es que no salimos adelante. El sueño de Rusia se cerró desde muy temprano, sólo gracias a Venezuela no somos los últimos. 
 
Ya que nosotros no contamos para el Mundial que viene, sin envidias,   ni mezquindades de ningún   tipo, no habría que esperar el fracaso de Argentina, sino desear que esa selección se convierta en equipo, en juego colectivo para que nos pueda representar bien a los latinoamericanos en Rusia, pues Brasil ya parece ser solamente historia.
 
 Aquí y allá requerimos valorar el expertise, la experiencia y   la formación de capital humano, en todo, y no solamente en fútbol, las improvisaciones no llegan lejos en ningún campo. También se requiere formar un nuevo expertise de una nueva generación de dirigentes que, ojalá, estén a la altura del siglo XXI.

Carlos Toranzo Roca es economista y analista.

Confidencial

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