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Tenemos derecho a dudar

miércoles, 27 de abril de 2016 · 00:00
Nos dijeron que respetarían a la madre tierra pero imponen el desarrollismo extractivista, ése que no respeta el medio ambiente. Depredan bosques, parques nacionales para generar recursos que se conviertan en una renta que será usada para tratar de mantener el poder, dando dádivas a las clientelas o embolsando comisiones para los círculos cercanos al poder; entonces, tenemos derecho a dudar de su palabra. 

 Dijeron que no se reelegirían si es que se aprobaba la Constitución Política de 2009. Incumplieron su palabra, pues se reeligieron y, es más, intentaron habilitarse como candidatos para una nueva reelección. Otra vez mintieron; por tanto, tenemos derecho a dudar de lo que afirmen.
 
Aseguraron que borrarían del país la corrupción, que no serían iguales a los neoliberales y que impondrían las señas del hombre nuevo marcado por la transparencia;  expresaron que la ética era su norte, pero comenzaron con nubes negras de corrupción en  YPFB. 
 
Se enredaron en las trenzas de corrupción del clan Terán. No se sonrojaron del despilfarro y corrupción realizada en el Fondo Indígena; cooptaron, mancharon y envilecieron a las dirigencias sociales con los recursos de ese Fondo. Así pues, tenemos derecho a dudar y desconfiar de su palabra.
 
Aseguraron que no eran iguales a los partidos tradicionales, que eran diferentes a los neoliberales; por tanto, que impondrían el ahorro, la austeridad, que eliminarían el despilfarro. Pero muy pronto compraron avión de lujo para sonreír en sus viajes junto a su equipito de fútbol, para dar gusto al adolescente futbolero que tiene por dentro. 
 
Es más, como se sintieron Mesías, entonces, se dieron a la tarea de construir su museo propio en Orinoca para que millones de latinoamericanos, millones de argentinos cansados de Cristina lo visiten, para que millones de brasileños que quieren expulsar a Dilma vean las proezas del líder, para que millones de venezolanos amantes de Maduro y del desabastecimiento miren los prodigios del caudillo.  Compraron decenas de autos de lujo para hacer sus caravanas que anuncian que llega el dueño de país. No contentos con eso iniciaron la construcción de su propio palacio, la Casa del Pueblo, construida por algunos exemenerristas y empresarios listos para arrodillarse ante el jefe, diciendo que la austeridad está cumplida. 
 
Pero siguen hablando de ahorrar gastos superfluos, por eso no acceden a dar el bono que piden los discapacitados. Así pues, si hablaron de austeridad y no la demostraron, nos dieron el derecho a dudar y no creer en sus oraciones.
 
Juraron que amaban a los indígenas, por eso se disfrazan, y lo hacen, aún con atuendos de pueblos originarios. Aseguraron que los pueblos indígenas son la reserva moral de la humanidad, pero, muy pronto los apalearon y reprimieron en el TIPNIS. Demasiado rápido dijeron que eran la reserva moral de la humanidad, porque se habían comido los recursos del Fondo Indígena.
 
Aprobaron que todos los bolivianos hablen un idioma originario, ése que no pueden hablar ellos. Llamaron a inscribirse para Defensor de Pueblo pero sacaron de la lista a quienes no hablaban una lengua originaria, los sacaron seguramente porque ellos no hablan esa lengua. Como no cumplieron con lo que afirmaban, tenemos derecho a dudar de su palabra.
 
Dijeron que amaban a los niños, que ellos son su gran preocupación porque son el futuro de Bolivia, pero no se ocuparon si el hijo propio había nacido, si estaba sano o tenía problemas de salud. No se preocuparon por saber si el niño había muerto, ni por asomo sabían dónde presuntamente lo habían enterrado. Ahora, con mucho cariño, se hacen los análisis de ADN. Por supuesto que en privado, sin testigos, para demostrar  no sabemos qué. 
 
Lo más sagrado en la vida son los hijos, la gran alegría es el nacimiento de un hijo, eso nos ilumina los ojos. La peor de las noticias es que los chicos se marchen primero al más allá, porque ésa no es la ley de la naturaleza, que dice que ese camino debe estar reservado primero para nosotros, los viejos. 
 
Pero, ninguna de esas sensibilidades las hemos descubierto en quienes dicen amar a los niños. Por tanto, si repitan a diestra y siniestra que aman a los niños, tenemos derecho a dudar porque no han sido consecuentes con su palabra.
 
El azul de la austeridad y moral prometida por el MAS se transformó en la etiqueta azul del Johnnie Walker, con todo lo que esa metáfora significa.  Por eso, tenemos derecho a dudar de lo que afirmen.

Carlos Toranzo Roca es economista y analista.

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