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Sueños equívocos y temores de futuro

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miércoles, 11 de octubre de 2017 · 00:00
Sí, claro que sí, antes tenía muchos sueños, tan elementales respecto de lo que los jóvenes sueñan hoy en día. Deseaba vivir en un lugar donde tengamos dos cuartos y baño privado, cosa que nunca tuve hasta mis 27 años, sueños que todavía poseen miles de miles de bolivianos. Por esas limitaciones, yo creía en los sueños de izquierda,  en los de los nacionalismos revolucionarios, o de los "nuevos”, en  los del socialismo; pues creía que eso nos   traería comodidades. 

 Eran épocas en que vivíamos en la guerrilla del Che, con el sueño de los rusos. Soñábamos en que lleguen primero a la Luna y Marte, y llegaron   a la   nada o a ser   hijos de un país autoritario. 
 
  Confiábamos  en ellos porque ganaban medallas en las olimpiadas y decíamos con candor que el socialismo era mejor que el capitalismo.

Eran épocas en que nos gobernaban dictaduras   masacradoras, como las de Barrientos y su noche de San Juan. Por eso y más razones históricas  caló profundo en nuestras almas Savia Andina, cuando cantaba la canción de El minero.

 En esas épocas no teníamos ninguna idea de los derechos humanos, ni de los derechos individuales; era natural que nos maten, que nos censuren, que nos callen. Así sentí, como natural, que la dictadura de Banzer asesine a mi hermano, me encarcele, no me deje ver nacer a mi hija y que me mande al exilio.

 Eran años en que los jóvenes estábamos dispuestos a todo. Quizás algunos salvamos la vida porque nos atrevimos a preguntar. Sí, pues; cuando nos trataron de enganchar a la guerrilla preguntamos por qué, con qué objetivo   y nos respondieron: "Aquí se entra vertical y se sale horizontal, no hay más preguntas”. La explicación "profunda” nos salvó la vida, pero muchos otros que no preguntaron la perdieron. Ellos no conocían nada del fracaso del Che en el Congo, no conocían nada de África y, claro, por el otro lado, los comandantes   tampoco  sabían nada, nada de Bolivia, porque no basta una visita en motocicleta para conocer un país.

 Pero, ya los jóvenes bolivianos comenzaban a escuchar la nueva trova y  repetían   "vivo en un país libre…” y   soñaban con revoluciones, con expulsar al imperialismo y edificar el socialismo, ése que años después fracasó en todo el mundo. Hoy, en 2017,   después de tantas dictaduras socialistas y de cubanos agentes de inteligencia que quitan las libertades democráticas en Bolivia, es un insulto que nos digan las trovas: "vivo en un país libre”. Más bien, los que queremos vivir en un país libre somos los bolivianos,   cuando el proceso de cambio, los cubanos y los venezolanos coludidos nos lo impiden y tratan de edificar la dictadura. 

 Pasan 50 años de esos sueños, de ese guerrillero que fusilaba a sus combatientes porque que robaron una lata de sardina,   ése era su concepto de los derechos humanos. Medio siglo de ese que decía "Patria o muerte” y dijo: "No me maten, soy el Che”.  Pero para la historia boliviana pasan 35 años de la recuperación de la democracia y 32 de saber que un boliviano, Hernán Siles Zuazo, reivindicó a los políticos y decidió recortar su mandato para que Bolivia salve su economía y precautele su democracia.  

 Siles Zuazo no pidió a cambio que le hagan un museo en Orinoca, ni dijo que su derecho humano número uno era mantenerse en el poder; simplemente dijo que creía en la democracia y que había que cuidarla. No se jubiló dejando manchas negras en el Fondo Indígena, en YPFB, en zapatazos, en el Banco Unión, en Prodem, en las Fuerzas Armadas o en Entel. Se fue a vivir tranquilo sin ruidos de haber aprovechado del poder.

 Después de 50 años de equívocos revolucionarios, de dictaduras  cubanas, de dictaduras de Maduro, sigo pensando en la necesidad de la inclusión social, en que los pobres tengan acceso a educación y salud, pero no solamente en las leyes, sino en la realidad. Sigo deseando que los políticos, los líderes, sean portadores de valores, que sean mensajeros de la ética y de verdades, no de mentiras, ni de dobles códigos. Creo que los procesos de cambio deben traer valores, no un "hombre nuevo”, dictador, dueño de la verdad y del mundo.  Precisamos demócratas responsables de mantener las libertades de expresión de prensa y de pensamiento.

 Quienes hemos vivido dictaduras en el pasado, sentimos ese mismo  tufillo en el presente, tenemos el temor de que se nos cercenen todas nuestras  libertades. No deseamos un futuro de dictaduras porque queremos heredar democracia a nuestros hijos y nietos.

Carlos Toranzo Roca es  economista y analista.

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