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Un trozo de fútbol

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miércoles, 21 de noviembre de 2018 · 00:11

A veces es necesario alejarse de la coyuntura política, por eso este texto, que es parte de un artículo más extenso: El fútbol, mi pasión.

Viví un año exiliado en Chile, durante el gobierno de Allende, con una beca Banzer, fue después de estar casi 11 meses preso. Luego recibí la beca Pinochet, que me mandó al norte, hasta México, ¡lindo y querido! En Santiago, en la casa donde vivía, en el Pasaje Cousiño, cerca de Matucana, un primo mío -un militar gordo, hijo de mi tío Félix- me instaló en la radio una poderosa antena que serpenteaba todo el comedor, con ella me enteraba de las noticias del país. 

 Oía los informativos y Banzer nunca caía. Pero más que noticias escuchaba las transmisiones de fútbol del país. A mi Tigre no le iba bien. Pero en Santiago pude ver al Colo Colo en el Estadio Nacional, eran sus buenos tiempos en la Libertadores de América, Carlos Caszely era un jugadorazo.  Vi a la selección chilena para las eliminatorias al Mundial. Ahí aprendí en C-H-I--L-E, ¡Chile! Ese estadio temblaba cuando los aficionados zapateaban, daba miedo pues parecía terremoto. No sabía que en ese estadio, después del golpe de Pinochet, se iba a matar a gente y convertir el campo de fútbol en prisión. El buen Caszely no le dio la mano al dictador, gran actitud la suya en ese tiempo.

 En México, como era profesor de la UNAM, me volví de los Pumas de la universidad, pero claro que no dejé al Tigre. Como empleado de la UNAM tenía pase libre para el estadio de Ciudad Universitaria, sólo para los partidos de los Pumas; teníamos un equipazo con Cabinho de goleador, Hugo Sánchez, Tuca Ferreti, Muñante. Gran equipo que les ganaba a todos. Los partidos eran a la cinco de la tarde, yo daba clases a las cuatro, así que hacía preguntas difíciles a los alumnos, como notaba que no leyeron, les decía, vayan a sus casas y cuando sepan los temas, vuelven a clases. 

Así podía ver tranquilo a mis Pumas. Una vez, en el partido contra Atlante, en el primer tiempo, Hugo Sánchez le metió un gol de chilena al arquero argentino Ricardo la Volpe; en el entretiempo, en las entrevistas le preguntaron al portero qué opinaba de ese gol, con la soberbia gaucha dijo que era suerte, milagro, que eso sucede una de mil veces.

 En el segundo tiempo, Hugo Sánchez le metió otro gol de chilena, pero no bastó eso para que al arquero argentino le llegue la modestia.

 En Ciudad Universitaria jugábamos fútbol en los campus cercanos de rectoría, lugares cementados, nada de pasto. Ahí Tuto Castaños me la centraba y yo metía goles de palomita, sin importar lo que pase con mis rodillas. En esos partidos jugaban varios exiliados. Se hizo famoso ese grupo de fútbol. Llegaban bolivianos a la Ciudad Universitaria no exilados, preguntando por el equipo de Toranzo, y era el nuestro de los bol-mex exiliados. 

 Muchos sábados o viernes en la noche íbamos con mi familia y varios amigos a pasar el fin de semana a Cuernavaca, yo volvía el domingo por la mañana para mi partido; eso le daba bronca a mi esposa Martha. El castigo era que yo haga mercado luego de mis partidos, pero el castigo fue extensivo a todos, todos los domingos, así no hubiéramos estado de viaje.

 La primera salida de mi hijo Ricardo, cuando nació, todavía en su moisés, fue al campus de la Ciudad Universitaria. Nos acompañaba a los partidos de fútbol que jugábamos los exiliados. Con mi pasión futbolera puse a mi hijo en la Escuela de Fútbol de los Pumas, no tuvo buen resultado, entonces lo cambié a la Escuela de la Federación Mexicana de Fútbol, en los campos de Coapa. Ahí entrenaba el Brasil que llegó al Mundial de 1986. 

 Le compré el álbum del Mundial. Hice las colas para que lo firmen los astros de Brasil. Ahí me topaba con varios alumnos de maestría o doctorado, todo ellos apretujados haciendo firmar los álbumes.  Pero parece que mi hijo era un tronco para el fútbol. Yo lo entrenaba en casa, pero él siempre tiraba la pelota a la otra casa y era difícil rescatar el balón. Años después me dijo que no le gustaba jugar fútbol y que tiraba la bola fuera para no entrenar más. 

En fin, me dio premio consuelo, salió campeón sudamericano de ráquet en Ecuador. Fue de los pioneros de ese deporte en el cual Bolivia saca campeones mundiales. En estos tiempos es mi cómplice en el fútbol. Como vive en México, en cada partido importante chateamos para hacer comentarios y en la Ciudad de México, cuando podemos, vamos a ver algún partido.

 

Carlos Toranzo Roca es economista.

 

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