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Ausencia de institucionalidad

miércoles, 15 de agosto de 2018 · 00:11

Perdimos la Guerra del Pacífico en 1879 porque Bolivia tenía un Estado débil que no poseía presencia en todo su territorio, con instituciones famélicas. En cambio Chile sí había desarrollado un Estado fuerte, con instituciones más fuertes que las que existían en Bolivia.

Buena parte de los estudiosos sobre la realidad boliviana afirman que en Bolivia nunca existió un Estado que posea instituciones desarrolladas y creíbles; casi al unísono se atreven a lanzar la hipótesis que expresa que históricamente Bolivia tuvo más sociedad civil que Estado. Por eso, quizás, la institución más fuerte es la de lapolítica en las calles.

Aquí, en consonancia con el neoinstitucionalismo, comprendemos a las instituciones también como hábitos o costumbres a seguir; éstas pueden estar enmarcadas en leyes o solamente existir como conductas y costumbres sociales. Justamente por eso decimos que lapolítica en las calleses la institución estelar del país, posee más fuerza e intensidad que el Poder Judicial o el Poder Legislativo. La gente, las masas en las calles, han aprendido a lanzar sus demandas a agitarlas contra el Estado y arrancarle a éste sus reivindicaciones. Es en las calles donde se han volteado gobiernos o se han instalado otros.

En Bolivia, donde la ciudadanía es débil, donde la tarea de edificar al ciudadano es incompleta, es natural que la masa, protestando, marchando en las calles, bloqueando, crucificándose o haciendo las clásicas huelgas de hambre “hasta las últimas consecuencias”, consiga sus reivindicaciones. Pero, la masa que protesta es consciente de sus derechos y no siempre, o casi nunca, de sus obligaciones.

Las masas en sus movilizaciones pudieron tener contenidos democráticos cuando marchaban contra dictaduras militares, pero no siempre la conducta de la masa ha sido progresista. Muchas veces se han movilizado con códigos conservadores. Las masas que acompañaron al colgamiento de Villarroel estaban más cerca de los códigos conservadores de las oligarquías que de ideas avanzadas de democracia.

La Revolución de 1952 no condujo a la construcción de un sistema de partidos, no edificó loscheck and balances necesarios para cualquier democracia. Aunque en 1956 y 1960 hubo elecciones, éstas fueron más un escrutinio que elecciones. Aunque ya estaban ganadas por el MNR, éste hizo fraude electoral abierto, pues no había institucionalidad democrática, no existía la autoridad electoral como institución independiente.

Inclusive, durante la primera fase de la democracia pactada, la institución electoral era débil y totalmente dependiente del Poder Ejecutivo, por eso se tuvo que dejar atrás a la “Banda de los cuatro” y formar una Corte Nacional Electoral de notables. Éstos le dieron autonomía a la autoridad electoral y comenzaron la edificación independiente de esa institución.

Empero, durante el proceso de cambio, la autoridad electoral, su institucionalidad, se erosionó de todos modos. En estos últimos tiempos hubo una pequeña mejora, no obstante, quedan aún muchas dudas sobre su institucionalidad e imparcialidad.

El Parlamento y el Poder Judicial, si siguen con obsecuencia las decisiones del Ejecutivo, quiere decir que no han y llegado a ser instituciones fuertes que mantengan independencia y que cumplan sus competencias en favor de la ciudadanía. Si el poder Judicial se elige en realidad en el Parlamento, sin hacer caso a la meritocracia y siguiendo las decisiones del partido de gobierno, implica que ese poder esta desinstitucionalizado, más aún, si hace fallos a la “carta” en favor del Ejecutivo.

Los miembros del Tribunal Constitucional que aceptaron la repostulación de Morales, lo único que hicieron es demostrar que el Poder Judicial está desinstitucionalizado. Y, claro, algunos de sus miembros tuvieron sus premios, ahora gozan de cargos diplomáticos, también rompiendo la institucionalidad de la Cancillería.

Cuando el poder del caudillo es absoluto, ese es nuestro caso, cuando él hace su propio museo, cuando él pretende llegar al cielo con su palacio propio, cuando sus obsecuentes deciden que su palabra es divina; cuando ellos interpretan las necesidades del caudillo para seguir teniendo poder, entonces hemos llegado a una situación en que está instalada la desinstitucionalización del Estado. La única institución que existe es el capricho del caudillo, de ése que dice que se le acercan jovencitas para tener hijos con él.

Carlos Toranzo Roca es economista

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