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Las dudas sobre el TSE

miércoles, 26 de septiembre de 2018 · 00:11

El corazón de un sistema democrático es su autoridad electoral. Si ésta es transparente, se puede confiar en la democracia; si no lo es, se siembran dudas sobre la legitimidad de la democracia y los gobiernos que emergen de votaciones que podrían ser fraudulentas. El objetivo de la autoridad electoral es sembrar certezas sobre la limpieza de los procesos electorales, sobre su transparencia, fenómeno que no era parte de nuestra democracia hace una década y media.

Mirando otros lados, recordemos que hace muchos años los mexicanos vieron ganar las elecciones generales a Cuauhtémoc Cárdenas. Sí, eso, lo observaron todos los mexicanos, pero curiosamente, cuando el Partido de la Revolución Democrática (PRD) se imponía al Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernaba por cerca de 70, la autoridadelectoral dijo que se “cayó el sistema”.

Con ese fraude dieron por victorioso al candidato oficialista y así continuó en el gobierno el PRI.Pero como en México no existía demasiado juego democrático, los mexicanos se comieron ese sapo, no supieron defender su voto. En 2006, un nuevo oficialismo, el del Partido de Acción Nacional (PAN) hizo algo similar, dejó que el sistema de conteo de votos se volviera a “caer”, es decir, que actuó como el PRI en 1994.

Es que el PRI no es un partido, es una cultura política que admite estas “caídas” de los sistemas electorales, justamente por eso se puede decir que, en términos de cultura política, el PRI es igual que este PAN. Pero en 2018 la victoria de AMLO fue tan grande que no podía “caerse” el sistema; sin embargo, antes de las elecciones muchos mexicanos temían un fraude de grandes proporciones. No sucedió así, pues López Obrador barrió.

Pero, a muchos kilómetros al sur, en Bolivia, desde que se destituyó a la “Banda de los cuatro”, desde que se hicieron reformas políticas en democracia, las mismas que permitieronque haya una Corte Nacional Electoralindependiente, tuvimos muchos años en que “no se caía” el sistema, tuvimos varias elecciones en que podíamos confiar en nuestro voto yposeer la certeza de la transparenciadel acto electoral. Justamente por eso hay que reconocer el trabajo de la CNE que nos dio certezas políticas, reconocer la institucionalidad, desde aquella Corte dirigida por Huáscar Cajías, hasta la Corte que fue presidida por Salvador Romero.

Pero Huáscar Cajías ya es historia, como lo es Salvador Romero. En los años que van desde 2006 hasta el presente vimos que hubo un TSE que no poseía ninguna legitimidad, que era una suerte de extensión del Poder Ejecutivo, por eso sabíamos que la institucionalidad del TSE se fue debilitando. El último TSE, todavía hoy vigente, nació con demasiadas dudas, sus miembros sabían de esa pérdida de legitimidad, de su desinstitucionalización, conocían de las desconfianzas ciudadanas sobre su institución.

Tuvo que trabajar mucho el TSE para recuperar en parte su legitimidad y credibilidad. Fue con certeza el referendo de 2016 que le abrió la puerta de la recuperación de su legitimidad. La publicación del conteo rápido y la aceptación de los resultados que le daban la victoria al “No” le significaron una fuerte recuperación de imagen.

Pero eso que generaron en 2016 parece que lo han ido perdiendo paulatinamente, generando mucha desconfianza sobre el futuro de la democracia. Sus declaraciones difusas y confusas sobra la validez o no de los resultados del 21F, su posición también confusa sobre la respostulación ilegal de Evo Morales han generado, otra vez, dudas muy fuertes sobre la imparcialidad del TSE.

Pero, el cherry en la torta de las dudas sobre su imparcialidad es la aprobación de la Ley de Organizaciones Políticas. La gente tiene derecho a preguntarse si elaboraron el proyecto por encargo del poder, si sus ausencias del parlamento para discutir el proyecto que ellos elaboraron fue mal intencionada. Hay dudas más severas aún sobre el cronograma de las primarias, que sólo favorece al MAS. Sobre este tema también sus declaraciones han sido confusas.

El TSE actualmente no está dando las certezas que requiere la democracia, no está emitiendo señales claras de imparcialidad. Ya hay demasiadas voces que indican que otra vez estamos ante una “Banda de los cuatro”. Pero aún queda un capítulo de su acción y definitivo para la democracia: ese no es otro que el de su opinión-fallo sobre la repostulación de Morales. Está en su conciencia que deben fallar de acuerdo a ley y sin aceptar el acecho del Ejecutivo.

Carlos Toranzo Roca es economista

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