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Para mis hijos y nietos

miércoles, 23 de enero de 2019 · 00:11

Queridos hijos y nietos, ojalá aprendan en la vida que cuando se hace una promesa es de ley cumplirla; cuando se da la palabra, es fundamental ser consecuente con ella; si no lo hacen, significará que no tienen valores, que la ética no marca sus vidas. 

Lo fundamental del ser humano es guiar sus pasos en torno a valores, al respeto a la familia, a los padres, hermanos e hijos, al apego a la amistad, a la ética del trabajo, a la ética de cumplir la palabra empeñada. Si se topan con gente que no sigue estos valores, que no cumplen lo que prometen, con certeza que están frente a sujetos que tienen la capacidad de traicionar, de usar todos los medios para no ser rectos, para engañar, ocultar la verdad, ser guiados por la mentira y el dolo. 

A este tipo de gente ustedes no les pueden creer y si sujetos de este tipo están en el poder, no crean en ellos, no los sigan, pues usan y usarán el poder no para generar el bien común, sino para aumentar el peculio propio. Traten de no mentir, las mentiras tienen patas cortas, si no tienen dinero, díganlo, si no tienen título no mientan, no oculten nada; no hay cosa más sana que la verdad.

Reconozcan a su familia, a sus hermanos, a sus padres; la peor cosa de la vida es ocultar a los hijos, no acompañarlos en la vida, no saber de ellos.

Chicos, traten de ser sencillos siempre, la soberbia no es buena consejera; la sencillez es parte de los buenos valores, no se sientan superiores frente a nadie. El estudio debe conducir no sólo al doctorado, sino a la sencillez, a la humildad. Si ven gobernantes con 20 policías que los cuidan, con demasiados coches blindados en su derredor o viajando en helicóptero cuando no es necesario, tengan la certeza que están frente a la cara opuesta de la humildad, están más bien mirando la soberbia, el engreimiento por el poder. A ese tipo de gente no se la puede seguir, pues quienes los siguen, lo único que hacen es aumentar su soberbia.

Gabriela, Ricardo, Luciana, Sebastián, si sus padres o sus abuelos cometen un error háganselo notar, no aplaudan sus errores o equivocaciones. Desde chicos comiencen a tener una mirada crítica sobre la vida o los actos de lo cotidiano; si sus amigos cometen errores o hacen cosas malas, no los aplaudan, díganles que no es correcto lo que hacen. 

El mejor amigo no es el que calla ante las metidas de pata de sus amigos; lo es más bien aquel que les hacer notar los yerros. La familia y la amistad no tienen por qué estar marcadas por la obsecuencia; la crítica oxigena la vida y hace crecer la estatura de las personas. Si ven gobernantes, ministros, autoridades especialistas en ser obsecuentes, tengan la seguridad que están frente a gente en la cual no se puede confiar, que no posee principios, que lo único que buscan es el acomodo personal.   

Así como es necesaria una actitud crítica ante la vida, también sepan que para crecer más sanos, sin tortuosidades en su desarrollo, es necesaria una cuota de autocrítica. No es debilidad saber reconocer errores; al contrario, es una fortaleza que conduce a tener una vida más íntegra. Lo que es válido para la vida cotidiana, lo es también para el mundo de la política y del poder.  Si ven gobernantes sin capacidad de autocrítica, dénse cuenta que ellos no tienen valor.

Chicos, ustedes no han conocido a mi hermano Julio. Tú, Gabriela estabas en el vientre de tu mamá cuando, en agosto de 1971, lo asesinó la dictadura de Banzer. He vivido más de 25 años con él, lo quería mucho, mucho, hasta hoy no se me acaban las lágrimas por su pérdida. Ustedes quiéranse mucho, estén siempre juntos y acompañados. En esos años, Julio y yo, marcados por la época, soñábamos con revoluciones para que a la gente le vaya mejor. En ese entonces creía en la revolución socialista, pero eso implicaba que unos ganen, -los proletarios, los de abajo-, y eliminen al “enemigo”, -al empresario, al rico, al acomodado-. 

El asesinato de Julio me hizo comprender que ningún sueño, que ninguna utopía debe fundarse en la eliminación del pensamiento del otro, menos aún en quitarle la vida a otro. Y sepan que todas las revoluciones, que todos los “revolucionarios” son autoritarios, tratan de eliminar al otro, de perseguir al distinto, de acallar al enemigo, al que piensa diferente.

 

Carlos Toranzo Roca es economista

Confidencial

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