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Lógica de mercado y no reciprocidad

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miércoles, 09 de enero de 2019 · 00:11

Los gobiernos cuando suben al poder, como lo está haciendo ahora el MAS, emiten promesas, pero, las más de las veces no las cumplen; no lo hacen porque fueron excesivas, sino porque no creían en lo que prometían. Al cerrar el año 2018 prometen cambiar el sistema de salud en una semana; prometieron hace una década el cielo y la tierra para ganar el voto, pero no creían en lo que ofrecían; prometieron acabar el 2018 retornando a las costas del Pacífico, pero la realidad muestra que ahora Bolivia está más lejos que nunca de recuperar su litoral marítimo. 

El MAS ofertó cambiar la lógica de mercado y colocar en su lugar la reciprocidad; la única reciprocidad son los contratos estatales entregados a sus dirigencias y clientelas; cuando se ve a sus principales soportes sociales –cocaleros, gremiales, transportistas–, se advierte que el Estado opera en favor de ellos. La lógica de mercado prevalece sobre cualquier idea de reciprocidad, los cocaleros, bastión del masismo, son neoliberales, se mueven por las señales del mercado, no desean intervención estatal, cuando su producto, la coca y sus derivados ilegales se dirigen hacia donde van las señales de un mercado no sólo interno, sino global. La lógica productiva de los cooperativistas mineros, o las que guían a los chuteros, choferes o gremiales también está signada por los signos de las lógicas de mercado, no por la reciprocidad, ni el comunitarismo, cuando más, este último sirve para proteger a muchos neoliberales que actúan en marcos de la ilegalidad. La burguesía agropecuaria de oriente, es amante de la lógica de mercado, de las exportaciones.

Los transportistas, urbanos, interprovinciales, interdepartamentales o internacionales, junto a gremiales, se mueven al ritmo de la iniciativa privada y no bajo el comando del estatismo económico, éste simplemente no puede actuar en los dominios de estos actores que son neoliberales. Ninguno de esos sectores comulga con el comunitarismo ni la reciprocidad, en ellos el motor de sus actividades radica en la sed de ganancia. En la minería, no es el estatismo económico, no es Huanuni ni Colquiri las que poseen más actividad económica, ni las que  exportan más, eso está en manos de empresas internacionales, como sucede con San Cristóbal. La actividad de los cooperativistas mineros es de sujetos de iniciativa privada, bendecidos por la acción gubernamental que los exime de impuestos porque simplemente cuando el Gobierno los necesitó, ellos actuaron como milicias estatales.

En la agropecuaria, las posibilidades de soberanía alimentaria se fundan en las acciones empresariales de la burguesía agropecuaria cruceña, con la cual está aliado el Gobierno del MAS, a esa burguesía el Estado la exime del cumplimiento de la función económica social de la tierra. Esa misma soberanía alimentaria depende en buen grado de otra actividad de la ganadería beniana, que no es para nada comunitaria, ni basada en la lógica de la reciprocidad.

El MAS prometió sacar al país de la dependencia de las materias primas, afirmaron que alejarían el patrón primario exportador y que construirían un país fundado en la creación de valor agregado, emergente de una vigorosa industrialización. A más de doce años de la instalación del proceso de cambio ¿qué ha cambiado en relación a estas promesas? Antes, del total de las exportaciones, un 67% correspondía a materias primas, ahora el 80% de las exportaciones depende de la venta de materias primas. Hoy Bolivia es un más primario exportador que antes.

Hoy la corrupción en el manejo de los fondos estatales es excesiva, rebasa a distancias siderales a los pecados cometidos por el neoliberalismo. Las promesas quedaron en nada, porque lo único que persigue el MAS es mantenerse en el poder eternamente, así sea violando la Constitución y la voluntad popular sellada en el Referéndum del 21 de febrero de 2016.

En lugar de la modestia se instaló la soberbia; la corrupción sustituyó a la transparencia; la mentira se impuso a la verdad; la democracia fue debilitada y tenemos autoritarismo; en vez de cuidado del medio ambiente, se impone el desarrollismo extractivista; no se respetó a los indígenas, más bien, se los reprimió. La reciprocidad se convirtió en una palabra hueca y los ex izquierdistas pasaron a ser amantes de la lógica de mercado y de la búsqueda de ganancia.

 

Carlos Toranzo es economista.

 

Confidencial

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