Carlos Toranzo Roca

Cuidado con el circuito coca-cocaína

miércoles, 02 de octubre de 2019 · 00:11

Los incendios en la Chiquitania fueron en parte promovidos por los llamados interculturales, que en realidad son cocaleros o lo serán muy pronto. El gobierno del MAS se ha esforzado por darles miles de hectáreas, persiguiendo  algunos fines, lograr su adhesión electoral, debilitar a los autonomistas cruceños, cambiar la composición poblacional, ampliar la frontera agrícola en territorios de vocación forestal, darles tierra para sembrar coca, impulsar su alianza con los ganaderos o soyeros que persiguen el objetivo de tener más tierras. 
El Gobierno es aliado de cocaleros –que ahora son el poder político y el núcleo del MAS–, de soyeros, ganaderos y de toda la burguesía agropecuaria cruceña. La diferencia entre unos y otros radica en que los primeros están cerca o dentro de lo ilegal, pues hacen parte del circuito coca-cocaína. Los cruceños no logran todavía entender el proceso peligroso que comienza a desarrollarse por la presencia de la coca en su departamento. 
Antes, Yapacaní no tenía nada que ver con la coca, ahora es uno de los lugares donde anidan los negocios de la coca y de la cocaína. A la hora de hablar de la carretera al Tipnis, que esconde los negociados de OAS con el Gobierno y los pactos oscuros entre Lula y Evo Morales, se debe mostrar que esa es una cuestión relativa a la coca, a la ampliación de sus cultivos; no hacerlo y sólo reflexionar sobre el medioambiente borra el elemento central del tema.
No se olvide que los regímenes dictatoriales de Cuba y Venezuela se han caracterizado por su benevolencia o complicidad con el narcotráfico; por tanto, conociendo esos modelos, no debemos cerrar los ojos a lo que podría pasar en Bolivia.
 ¿La hoja de coca es sagrada y se utiliza solamente para el acullico y para fines medicinales, y un uso tradicional? Hace años nos venimos engañando, diciendo que sólo se la utiliza para el consumo tradicional; hace décadas miramos hacia otro lado para no ver la realidad, para no aceptar que el uso más habitual, más frecuente de la coca, es para fabricar pasta base y clorhidrato de cocaína.  
¿Por qué olvidamos con tanta facilidad que en el inicio de los años 80, el Estado fue capturado por los negocios ilícitos? ¿Por qué cerramos los ojos a la historia y no admitimos que la coca penetró en la política en los años 80? ¿Por qué no aceptamos que el Estado casi nunca tuvo vigencia en el Chapare debido a la alta presencia del negocio de la coca, que no necesariamente es sinónimo de la santidad? 
¿Por qué ocultamos que el Chapare sigue siendo un lugar donde el Estado no tiene presencia policial? ¿Por qué ocultamos que hay una dictadura cocalera? ¿Podemos seguir negando que los cocaleros son el gran poder actual? ¿Lo son por el acullico o por el poder económico y político que poseen por su cercanía a lo ilícito? 
¿Podemos ocultar que tras del Tipnis está la coca? ¿Podemos negar que en los incendios de la Chiquitania están exentos de culpa los interculturales, es decir, los cocaleros? ¿Esos poderosos pagan impuestos acordes a su actividad? ¿Acaso alguno o alguna de sus dirigentes no fueron hallados in fraganti en la comercialización de cocaína?  ¿Acaso se aclararon los asesinatos de policías de hace una década atrás? ¿Acaso en algunos lugares de la incendiada Chiquitania no se encontraron laboratorios de cocaína? Hay un manto de impunidad que los cubre, con un Estado que mira hacia otro lado, pero que consulta todo a los cocaleros.
 Durante mucho tiempo se postuló que Bolivia era sólo país productor de hoja de coca y que, de vez en vez, de tránsito para la pasta base o la cocaína proveniente de Perú. ¿Hoy en día podemos seguir insistiendo en esa idea? Lamentablemente no, pues cada vez más es un país productor de pasta base y de clorhidrato de cocaína.  ¿Podemos jurar que no se produce pasta base y clorhidrato en Santa Cruz, Chapare, Yapacaní, Beni, La Paz? ¿Podemos decir que no hay producción y negocios ilícitos en los Yungas? 
¿Y cómo anda el Alto?, ¿es que no se halla ahí cada vez más negocios de producción de pasta base y de cocaína?  Y no se olvide que en El Alto no hay Estado, por tanto, es un lugar ideal para que los narcotraficantes lo utilicen para la producción ilícita. ¿Hay santidad en muchas comunidades que abiertamente han peleado contra la Policía para proteger a los narcotraficantes?
 El Estado boliviano está jugando con fuego al ser amigable con quienes son los actores del circuito coca cocaína. ¡Cuidado, que cuando el narco entra no se lo puede sacar del país, baste mirar a México!

Carlos Toranzo Roca es economista.

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