Carlos Toranzo Roca

Queremos paz, no más muertes

lunes, 18 de noviembre de 2019 · 00:08

Las mujeres, los jóvenes y los vecinos que se movilizaron por defender la democracia frente al fraude lo hicieron invocando la paz, eludiendo la violencia, evitando los enfrentamientos; todos ellos invocaron la necesidad de desterrar el racismo. Antes de la renuncia de Morales, cuando los policías se amotinaron, ellos los cuidaron, temiendo que los militares los repriman. Los muertos en Santa Cruz fueron producto de la violencia de militantes del MAS, que contó con el apoyo de gente de las FARC, eso se acaba de demostrar. Las jóvenes potosinas que venían a La Paz a defender la democracia fueron violadas por militantes del MAS.

Durante 14 años, Morales y García Linera emitieron un discurso de violencia, cultivaron el odio, apelaron al racismo para dividir a los bolivianos y tener una cosecha que los favorezca. Al momento de su renuncia, Morales no fue sincero, no impulsó la pacificación, sino emitió un discurso de llamado a la violencia. Lo sigue haciendo desde México. 

Inmediatamente, después de su renuncia, comenzó el plan, previamente trazado por él y sus cúpulas masistas, de iniciar la guerra, de aplicar la política del terror para vencer a quienes pacíficamente buscaron la democracia. En La Paz, los incendios de casas de líderes de la movilización ciudadana, de periodistas; el asalto a casas y negocios particulares, la quema de 60 buses de la Alcaldía de La Paz  no fue un acto espontáneo de sus movimientos sociales, no, no lo fue, fueron violencias encabezadas por las dirigencias del MAS. Sus operadores pagaron a maleantes para crear pánico. 

Lo hicieron con el apoyo de gente cubana y venezolana, además  de militantes de las FARC. Todos éstos con las cúpulas del MAS obligan a los alteños a marchar a La Paz; ellos mismos movilizan a campesinos de otras zonas con el mismo fin. Montaron su centro de operaciones en el Chapare, -lugar donde el 95% de la coca producida es insumo de la cocaína- con el apoyo de las seis federaciones de cocaleros. Ahí recibieron entrenamiento de agentes cubanos, venezolanos y de las FARC, todos éstos actuaron y actúan creando violencia en Cochabamba, y en todo el país; ellos asesinaron a jóvenes defensores de la democracia.

Toda esta violencia planificada sigue siendo alimentada por el discurso de guerra de Morales desde México. Ese país le dio asilo, tiene todo el derecho de hacerlo, pero sus gobernantes son corresponsables de que Morales siga incitando al odio; ellos tienen parte de la responsabilidad de las violencias que sufren los bolivianos. México se precia de decir sufrago efectivo y no reelección. ¿Por qué apoya a una  persona que ya gobernó 14 años? ¿Por qué respalda a quien violó la Constitución en repetidas ocasiones? ¿Por qué empuja el odio de quien hizo fraude y manipuló las elecciones del 20 de octubre? 

Se trata de una ceguera ideológica, dogmática e irresponsable, que no se conduele de las muertes en Bolivia, que no repara que ese apoyo al discurso de odio de Morales empujará a más muertes todavía. México se precia de ser un país soberano, que defiende a ultranza la soberanía de su república, ¿por qué ese régimen no admite que es violación a la soberanía boliviana la existencia de agentes cubanos, venezolanos y guerrilleros de las FARC incitando a la violencia, pagando a maleantes que para que generen terror, operando armas para crear muerte en Bolivia?

 Sigan defendiendo la soberanía de su país, pero no sean cómplices de las violaciones de esos agentes extranjeros en Bolivia.

Los bolivianos sólo queremos la pacificación de nuestro país, deseamos vivir en paz, alejados de las violencias y el odio que promueve Morales, y que operan esos extranjeros y las dirigencias masistas. Los bolivianos queremos democracia, elecciones libres; no deseamos dictaduras eternas como la cubana, o dictadores como los de Venezuela y Nicaragua.

Los bolivianos no queremos muertes, sólo deseamos la paz. Quienes cultivan el odio no reparan la vida humana, quienes apoyan el discurso de violencia y de odio no defienden la democracia, y sus actos empujan a la existencia de más muertes.

Carlos Toranzo Roca es economista.

 

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