Carlos Toranzo Roca

Sembradores de la violencia

miércoles, 27 de noviembre de 2019 · 00:11

 Desde hace años  Evo Morales y Álvaro García Linera  sembraron un discurso de odio en el país, acudieron a fomentar el racismo para usarlo de manera instrumental para llegar al poder y mantenerse en él. Utilizaron la victimización como un medio para acumular poder. Nunca creyeron en la democracia, solamente la usaron para llegar al gobierno. Las elecciones les abrieron paso para tomar el poder, creyeron en ellas solamente cuando les favorecieron, pero las negaron cuando no correspondían a sus intereses; en su lugar aplicaron la lógica amigo-enemigo. 

Creyeron en la victoria electoral y militar, usaron el poder para reprimir a sus adversarios, utilizaron la justicia para encarcelar a los que disentían con el poder. Borraron del mapa el Estado de Derecho, el Ejecutivo dominó a plenitud el Legislativo, el Judicial y el Poder Electoral; en los 14 años de su gobierno no existieron los pesos y contrapesos clásicos de la democracia. Compraron y concentraron medios de comunicación para hacer campaña en más de 14 años, en las escuelas no dieron educación, sino adoctrinamiento.

Gozaron de un boom de precios de materias primas nunca antes visto, pero lo dilapidaron, construyeron elefantes blancos innecesarios, la obra pública generó una corrupción exagerada, de la cual medraron las cúpulas del MAS. La mentira y el cinismo se convirtieron en política pública, llevaron al país a una crisis moral, ética y de valores. Trataron de enseñar a los jóvenes que la educación no sirve para mejorar la vida, sino que el camino es la militancia en el MAS. La austeridad nunca existió, en su lugar se colocó el despilfarro; cultivaron el culto a la personalidad propio de dictaduras, por eso Morales construyó su propio palacio y su museo personal, contando con el aplauso de todos sus obsecuentes, pues la obsecuencia se convirtió en el camino para ganar poder.

Prometieron la llegada del hombre nuevo, se presentaron como la reserva moral del país, pero vivieron cultivando la corrupción, reprimiendo indígenas, destruyendo el medioambiente y quemando bosques. Recibieron el país con 66% de informalidad, lo dejaron con 80%. Todo esto lo entendió la mayoría de la gente y apostó por la democracia el 20 de octubre, pero un fraude descomunal, ordenado por los sembradores del odio, quitó el valor del voto.

El renunciante llegó a México hablando de pacificación, pero en realidad fue a encabezar la guerra, a dirigir las huestes de la violencia, lo hizo y lo hace junto a García Linera, con el apoyo vergonzoso del Gobierno mexicano. Morales dijo que se comunica con el Chapare, con El Alto de La Paz ¿para buscar la paz? No, para aumentar la violencia. Dolorosamente les interesan más muertos para tratar de volver al poder. No se conduelen de los campesinos, indígenas, alteños, paceños y cochabambinos, quieren muertes para justificar su política ciega de odio.

 Guerrilleros de las FARC ayudan a la violencia, cubanos y venezolanos fueron descubiertos dando plata a los manifestantes, ellos están operando en Bolivia. Su violencia ciega ya quemó más de 20 casas, incendió 64 buses públicos, destruyó pasarelas. Intentaron dinamitar el centro de Senkata, donde se poseen reservas de hidrocarburos líquidos y de GLP, acción demencial que habría implicado 10.000 muertes.

No son los alteños, no son los movimientos sociales de El Alto los que se movilizan, son militantes del MAS, sus cúpulas que pagan a los manifestantes. Poseen gente entrenada en crear terror; en lugar de movimientos sociales hay terrorismo contra la democracia. En el Chapare querían 500 francotiradores para arremeter contra la Policía y FFAA, es que en ese lugar ya se ha transparentado la presencia del narcotráfico que defiende sus intereses.

La bancada parlamentaria del MAS no tenía una posición única, jugaron al doble discurso. Unos querían más violencia; otros  comenzaron a percibir la necesidad de diálogo para lograr la pacificación del país, son estos últimos los que deben tomar la posta en la dirección de su partido.

En Bolivia sólo hay dos bandos: uno, de los que tratan de seguir empujando la violencia, de generar más muertos, so pretexto de golpe de Estado y para favorecer la política ciega de Morales; al otro lado está todo un país que ansía la consolidación de la paz. La convocatoria a elecciones avanza en este sendero, comienza a derrotar al discurso de violencia de Morales, que es el culpable de tantas muertes.

Cada vez más bolivianos estamos en el lado de los que desean construir democracia evitando que se impongan los designios de los sembradores de la violencia. Queremos paz, democracia, inclusión y un país absolutamente para todos. Ganó el ¿quién se cansa? ¿Quién se rinde? Ahora es hora de los jóvenes que pueden construir una democracia de ciudadanos.

 

Carlos Toranzo Roca es economista.

 

175

Otras Noticias