Carlos Toranzo Roca

El dolor por los PumaKatari

miércoles, 11 de diciembre de 2019 · 00:11

Cuando quemaron los PumaKataris, los primeros que lloraron fueron mis nietos, después mis hijos y luego todos nosotros. Esa quema deliberada es la metáfora real y triste de un accionar dictatorial de quienes dieron la instrucción.

 El MAS hizo algo demencial, incendiar un símbolo de ciudadanía, de educación cívica, de respeto entre los paceños, pues el PumaKatari no era y no es solamente un medio de transporte amigable, sino fue y es un vehículo de educación ciudadana, de respeto entre los paceños, de actitudes amigables con las personas mayores y los niños. 

 Pero la avidez de poder de Morales que, desde México, dio instrucciones para cercar las ciudades, para privarlas de alimentos, es algo que no ha desaparecido, pues sabemos que desde el Chapare pueden surgir acciones violentas y demenciales que no se conduelen con el dolor y la vida de las personas. 

El Chapare es un polvorín que fue infestado con la presencia de guerrilleros de las FARC, con la actuación de venezolanos; pero tan grave como eso, ese es el lugar donde creció el narcotráfico. El negocio ilícito contó con la permisividad del gobierno de Morales; su partido está muy cerca del narcotráfico chapareño y del terrorismo, ahí radica el peligro de sus acciones.

Hemos sufrido por la quema de los PumaKataris y hoy tenemos la alegría de su retorno a las calles, acompañados por su hermano menor, por los ChikiTitis; quizás ese retorno es la metáfora de la construcción de democracia. En los días de las movilizaciones posteriores al 20 de octubre percibimos que La Paz no tenía comité cívico, no tenía clubes de la paceñidad; sólo había jóvenes, mujeres movilizadas, familias solidarias que se dieron la mano entre sí y con los vecinos, a quienes conocieron en los primeros bloqueos. 

Los padres y madres siguieron a los jóvenes a los cabildos, a los bloqueos; las familias enteras se movilizaron en torno a causas, no alrededor de ideologías; lo que perseguían era el respeto de su voto, respeto por la democracia, todos ellos impulsaron una revolución ética de construcción de valores, comenzando por la solidaridad. 

¿Qué tenemos ahora? Desde la noche de los cuchillos largos entendimos que teníamos familia en las barricadas de defensa de nuestras casas, eso eran mis vecinos, mis hijos y nietos; todos sabíamos que teníamos solidaridad.

Yo soy viejo, igual que mi esposa, pero todos entramos al WhatsApp, lo hicimos para defendernos. Algunos jóvenes usaron drones para ver de dónde venían los peligros, aprendimos que sin tecnología no hay democracia. A las pititas se les sumaron los WhatsApp, Instagram, Facebook o los drones.

En los días más duros creíamos que eran las hordas pagadas por el MAS las que venían por todo lado a atacarnos, eso nos engendró temor, pero el miedo era más grande de los comunarios amenazados por los funcionarios del MAS; a ellos les decían que quemarían sus casas si no salían a las marchas, les mentían, les decían que la “derecha” les quitaría sus tierras, sus bonos.

No sólo es desinformación lo que hubo, es más profundo, es manipulación de la realidad, es la generación de un mensaje de odio basado en la mentira.

Evo se fue de Bolivia representando al terrorismo y la mentira. A Morales lo siguió su sequito con el mismo discurso de mentiras y de violencia.  El país precisa de un MAS que se democratice, que no siga los discursos de los fanáticos de la violencia; se precisa que ese partido exprese a los que no tienen voz, pero que no sea la voz de Venezuela ni de los cubanos. 

Junto a eso no hay que perder de vista que hay conspiración desde Cuba, del ALBA, del kirchnerismo argentino y, claro está, del narcotráfico. La defensa de la democracia está acá dentro, en Bolivia, pero precisa que las ONG cambien de discurso, que la cooperación deje de ser aliada del MAS, que los intelectuales piensen por cuenta propia, que los políticos no piensen solamente en el poder, sino en Bolivia; que los comités cívicos dejen de ser corporativos, que los líderes dejen atrás sus mesianismos, que todos eviten las guerras sucias. Todos los políticos precisan pensar en los jóvenes y mujeres que hicieron una revolución ética.

Dejemos de ser indiferentes, creamos que la política es necesaria, pero la política como servicio público. Pero, ante todo, cuidemos que el poder sea democrático y ciudadano.

 

Carlos Toranzo Roca es economista y analista.

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