Pluri-multi

Querido Herbert

Por 
miércoles, 20 de febrero de 2019 · 00:11

A veces me gana la rabia. Hoy me derrota la impotencia al saber que te has marchado, así de improviso, sin que pueda darte un abrazo, sin que hayamos podido compartir unas lágrimas de cariño. El martes me prometiste estar bien para hacerte una miluchada y cumplir la promesa de viajar juntos a México, con la comadre y Martha, a visitar a Ricardo.

Me enojo con la vida al darme cuenta de que mucha gente buena, llena de sentimientos, como tú, se marcha. No es justo que suceda eso, no hay derecho de que la vida nos quite a los mejores. Las lágrimas no me dejan pensar, apenas si puedo recordar, estamos juntos como amigos desde mediados de los 60, en esas épocas nos unía la universidad y los sueños de hacer revolución, pues tu sensibilidad social siempre fue profunda. 

Cuando los “fachos” tomaron la universidad, en la Facultad de Ingeniería, tú eras uno de los jefes de las rondas de resistencia, con tu mauser al hombro. Ahí nos dábamos la mano cuando decíamos que había que jugarse por la libertad; tú estabas con los troscos, nosotros con Julio, mi hermano, con los independientes de Economía. Pero más que la política, que era como un sueño juvenil, nos unió algo más profundo, la amistad, ésa que no la hemos perdido durante cinco décadas.

Pasado el tiempo, después de mi exilio, nos reencontramos y reavivamos la amistad, contigo organizamos La Tertulia. La primera reunión fue en tu departamento, pues tenías sed de debate, de discusión de ideas, seguramente eso te venía de las escuelas de cuadros del POR, de los grupos del fiero Lora, de ése que una vez no quiso saludarte en El Prado porque -según él- te volviste muy conservador. Tú me contaste eso con una sonrisa muy grande. 

Durante casi un par de décadas tu Boletín Informativo y tus libros de estadística de economía marcaron huella en este país. Bolivia y muchos bolivianos no siempre reconocen lo que la gente ha hecho y lo que hiciste tú fue empujar la negociación con Brasil y firmar el contrato de exportación de gas a ese país; hace años Bolivia vive de esos recursos, el propio MAS debería agradecértelo, pues con esos ingresos, ese partido pudo aprovechar el boom y, lamentablemente, despilfarrarlos, favoreciendo ante todo a sus clientelas.

Pero más que político, más que economista, has sido mi amigo, nuestro amigo. Tú fuiste quien le dio el primer empleo a mi hija Gabriela y cuando llegó de Londres mi yerno, tú también, con la comadre, se lo llevaron a tu consultora para que trabaje unos meses. ¡Qué padre no puede agradecer eso toda la vida! Por ello, Gabriela y David decidieron nombrarlos a ustedes sus padrinos de matrimonio; por eso ustedes están y estarán siempre presentes en sus vidas. Habrá algo de profundo que hasta mi nieto Sebastián se ufanaba de decir que Herbert era su amigo. 

Pero tu bondad no paraba ahí, te convertiste en el principal consejero de mi hijo Ricardo, le has dado consejos profesionales y de vida que él nunca olvida ni olvidará, por eso, cuando llegaba de México, lo primero que quería es hablar contigo. Así lo hemos hecho en enero de este año. El año pasado, con gran seriedad y con tu máquina fotográfica al hombro, tú y la comadre, fueron nuestros testigos de matrimonio por lo religioso.

Tú nos transmitiste el cariño por Paolita y Sebastián, tus hijos. Cuando Fernando Calderón se ufanaba de sus paseos por las universidades de Francia, le decías que Paola y Gabriela eran del LSE, lugares que él no paseó, y tu pecho se inflaba de orgullo. 

Tu Sebastián nos acompañó en muchas reuniones de Tertulia y él siempre ha sido motivo de conversación entre los dos. Me alegra que Paolita te haya visitado semanas atrás y que haya pasado unos días con Sebastián, en Santa Cruz

Varios, varios años hemos cuidado la amistad. Tú y la comadre siempre han sido nuestros primeros invitados en nuestra casa, ustedes también nos acogieron varias veces en la tuya. El cariño y agradecimiento hacia a ti y la comadre es algo muy profundo. Muchas veces nos hemos dicho, a veces con lágrimas en los ojos, que más que amigos somos hermanos. Siento tu partida como la de un hermano, no lo sabes, pero me dejas en orfandad.  Mis lágrimas me acompañan al decirte que te quiero mucho, que te queremos demasiado. Eso no pasará nunca. Te doy un beso en la mejilla.

 

Carlos Toranzo Roca es economista.
 

 

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