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Centralidad proletaria y abigarrado zavaletiano

miércoles, 20 de marzo de 2019 · 00:11

Después de Tristán Marof, seguramente René Zavaleta es el autor boliviano más conocido en el exterior. No hay cientista social boliviano que no hable muy bien del abigarrado zavaletiano, de su definición de Bolivia como una  forma social abigarrada, como la coexistencia de varios tiempos históricos, de varios modos de producción, de distintas formas de gobierno, de cosmovisiones diferenciadas.

 Muchos años antes que él, también Ernesto Ayala Mercado tenía un acercamiento analítico a Bolivia, usando conceptos relativamente parecidos. En su caso acudía a Trotsky para hablar del desarrollo desigual y combinado. Zavaleta primero fue nacionalista revolucionario, militante del MNR, después pasó al pensamiento marxista y a una militancia en el Partido Comunista, pero aún estando en este partido, que estaba lleno de dogmas, mostró su heterodoxia al remarcar el abigarramiento, las diferencias y no solamente las comunidades o las reglas de regularidad, como lo hacía el marxismo ortodoxo.

El MNR, en el cual militó Zavaleta en su juventud, y lo marcó por siempre, pensaba en la uniformidad mestiza de Bolivia o al hacer política hablaba de alianza de clases; después, el Partido Comunista (PC), en el cual militó también Zavaleta, hablaba de las clases sociales y ponía en el núcleo de la política al proletariado, a la dictadura proletaria como su norte o utopía a seguir. 

Ni el MNR, ni el PC se ocuparon de rastrear la diversidad social, menos aún la cultural; el MNR tomó en cuenta a los campesinos en el 52, pero aún no era el tiempo de hablar de temas indígenas. En el presente se habla mucho de la pluriculturalidad o la plurinacionalidad, pero en realidad se hacen apuestas estatales por políticas monoculturales, en especial, desde el poder que para poseer un discurso de legitimidad, acudió al indigenismo, pero solamente en clave aymara.

Aunque algunos hacen un ejercicio forzado por decir que Marx y Lenin pensaron en la heterogeneidad, en realidad cavilaron en las homogeneidades, en las leyes de regularidad, emergentes del desarrollo del capitalismo. Y obviamente el PC, con más dogmatismo que apertura a la  diversidad, no miró -quizás no pudo, por las limitaciones históricas de su tiempo- observar las diversidades, lo suyo no era la apertura, sino la cercanía al dogma clasista.

En el pensamiento de Zavaleta, lo abigarrado era lo complejo, lo heterogéneo, era un modo de pensar la diversidad dejada por el colonialismo; remarcaba la existencia de tiempos históricos distintos, de modos de producción diferentes; su código definicional tenía las marcas del marxismo, pero con algo de heterodoxia al mirar la diversidad. Su análisis era muy cercano a la mirada del troskysmo que hablaba de desarrollo desigual y combinado, pues con parecidos códigos marxistas a los de Zavaleta, observaba la existencia superpuesta de distintos modos de producción y de diversas superestructuras políticas.  Empero, al igual que el PC, apostaba sólo al proletariado o a la revolución socialista.

El abigarrado zavaletiano es un anticipo para la puesta en escena conceptual de los temas de la diversidad social, fue un anticipo temprano del presente, en esa medida él fue un pionero del análisis de la diversidad social. Pero, es necesario poner ciertos recaudos analíticos, dado que lo que vemos y analizamos hoy, no era el abigarrado al cual se refiere Zavaleta, hay mucha distancia de contenidos entre uno y otro. 

En el presente, luego de la revolución nacional de 1952, después del empuje intelectual de los katarismos que colocaron en escena la diversidad social, cultural, étnica y de lenguas, elementos que quedaron plasmados en la Constitución Política de 1994. Después de la Marcha por la Dignidad y la Vida, después de inicio del proceso de cambio, después del despliegue de muchos movimientos indígenas, después de que el mundo, siguiendo al posmodernismo, comenzó a posicionar su reflexión sobre temáticas indígenas, identitarias, de género, de generaciones, de culturas diversas, de naciones; después de todo eso, la diversidad que hoy se analiza es más compleja.

 Es una época no sólo de pluri culturalidad, de plurietnicidad, de plurilingüismo, sino que, más allá de eso; es de hipótesis, aún no consumadas, de construcción de interculturalidad. 

De todas formas, sirve la prevención analítica de Zavaleta sobre la necesidad de observar y analizar el abigarramiento social, pero su abigarrado tenía como pareja conceptual a la centralidad proletaria; él creía que lo que pasaba en Catavi debía suceder en el país. Para que su concepto sea herramienta útil de análisis requiere todos los enriquecimientos analíticos, históricos y conceptuales que emergieron durante estas décadas y que no estaban disponibles en el horizonte de cognoscibilidad y de visibilidad que tenía Zavaleta.  

Las sociedades ya no se miran únicamente con el lente de las clases sociales; de otra parte, a diferencia de los años de análisis de Zavaleta, vivimos en Bolivia un proceso fuerte de desproletarización, de cuasi desaparición del proletariado minero,  de informalidad del empleo, de modo que el concepto de la centralidad proletaria, mirado como la forma primordial para el análisis de la política, ya no existe, como no existe la utopía del socialismo, de ésa que Zavaleta decía que es el sino y el destino de Bolivia.

 

Carlos Toranzo Roca es economista

 

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