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Nuevos capitalistas y Gran Poder

miércoles, 06 de marzo de 2019 · 00:12

Muy lejos han quedado aquellos días en que la fiesta del Gran Poder estaba oculta, cerca de la iglesia del Rosario. No era clandestina, pero era una festividad oculta, aunque nada marginal. 

Desde hace décadas ese acontecimiento ya mostraba signos que ahora hay que remarcarlos en mayúsculas, se trataba de una fiesta en la cual se mezclaban los códigos religiosos con elementos sociales, culturales, pero, ante todo, con claves económicas dignas de resaltar, pues se refería al surgimiento de nuevas fracciones de burguesías, ante todo, comerciales. Es decir, significaba la emergencia de nuevas capas de capitalistas, de esas a quienes la sociología tradicional les negaba el carácter de burguesía, pues las veían solamente como capas de cholos acomodados. 

No eran los indígenas o los pueblos originarios quienes realizaban la fiesta, tampoco eran los campesinos, tampoco eran sectores populares empobrecidos los que danzaban ofreciendo su culto al Señor de Gran Poder; más bien, se puede percibir que desde décadas atrás, en el Gran Poder los protagonistas eran sectores mestizos, clases medias populares, pero buena parte de ellas, una burguesía chola adinerada, de ésas que no confraternizaban en el Círculo de la Unión, sino que lo hacían en los grandes salones de fiestas. 

Estas nuevas fracciones de la burguesía no son un producto del proceso de cambio, su data de surgimiento es mucho más añeja. Hablamos de clases medias populares  que son producto de la democratización económica abierta por la Revolución Nacional de abril de 1952.

Nos referimos a quienes controlaban el transporte interprovincial, interdepartamental e internacional,  contrabandistas, dueños de metalmecánicas, comerciantes de los barrios de Chijini, de la Eloy Salmón, de la Huyustus o de las decenas de canchas que hay en Bolivia, carniceros, dueños del comercio de abarrotes, maestras de mercados, empresarios dueños de pequeños emprendimientos, choferes de taxis y de transporte urbano. Uno que otro empleado público y muchos etcéteras más, pero con importantes peculios económicos. 

 De esas clases medias populares, una fracción, ésa que está en la cúspide de la pirámide, es la que se convirtió en burguesía chola o burguesía cunumi, es la que pasó a generar una nueva capa de los capitalistas bolivianos.

 En el Gran Poder había y existe un fuerte código económico que indica un nuevo tipo de acumulación, especialmente en el campo comercial, muy distinto al de los empresariados tradicionales de las oligarquías o de las élites del pasado. 

Junto a eso, el dato resaltable es la presencia de nuevos actores mestizos, de actores fundamentalmente urbanos y no rurales. Claro que ellos son portadores de culturas traídas desde sus mundos rurales, pero que se complejizaron en su existencia cotidiana en mundos urbanos muy ligados al desarrollo de economías de mercado, a veces contactadas con lógicas de reciprocidad, varias veces materializadas en los presteríos frecuentes que hay en las ciudades. 

La burguesía chola mezcla culturas populares con desarrollo del capitalismo y realiza un ensamble con la globalización. No en vano, en manos de ellos está parte importante de la conexión comercial con China. Esas burguesías cholas y cunumis son parte nodal de las nuevas élites económicas.

 Desde hace unas tres décadas o más, el Gran Poder ha tomado a toda la ciudad de La Paz y controla el centro de la misma, por medio de él se ha visibilizado el mestizaje adinerado, ha resaltado la existencia de burguesías cholas y de nuevas clases medias populares adineradas que controlan una buena parte de la economía nacional. 

El Gran Poder lo que ha hecho en todo el país es resaltar la diversidad cultural, económica y religiosa que hay en Bolivia, pero lo ha hecho fundamentalmente con un acento mestizo, con una fuerte marca urbana y no rural; con un acento económico muy fuerte que se liga a las lógicas de mercado y de acumulación; por tanto, que no vive solamente en la lógica de la reciprocidad, sino más bien que habita en los territorios de la globalización económica. 

No en vano es clave el estribillo de la morenada que dice “cuánto tienes, cuánto vales, amor mío, si no tienes, yo te pago”. Es que aquí, más fuerte que la simbología religiosa está la del equivalente general, pero de un neoliberalismo popular, de ese que sigue las pautas de los negocios y de la acumulación capitalista como su norte de existencia.

Carlos Toranzo Roca es economista.

Confidencial

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