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El poder, una droga poderosa

miércoles, 29 de mayo de 2019 · 00:12

Cuando tienes poder es difícil dejarlo, te acostumbras a él como si fuera parte de tu cuerpo; al tenerlo ya ni siquiera es necesario que te agaches a anudar los cordones de tus zapatos, habrá muchos que se agachen para hacerlo; no por admiración, sino por quedar bien contigo, por temor a tus represalias, o con la intención de invertir para subir un poco en la escalera del poder.

 Al tener poder, las mujeres más bonitas, las misses, las presentadoras de TV, las artistas de cine, se te acercarán, te pedirán bailar con ellas, hasta te pueden ofrecer matrimonio; pero claro, antes de que tengas ese poder, no te miraban, no te dirigían la palabra. Como bien saben todos, el mejor brebaje amoroso es el poder. Con él aumenta tu estatura, crecen tus méritos; con él dirán que tu perfil es el perfecto, que tus ojos son de fascinación, que tu mirada es profunda, que tus palabras son esclarecedoras y proféticas; que tu cuna es la mejor para convertirte en historia.

Con el poder aumenta la corte que te aplaude, que te mima, que te quiere, que te adora, que escribe libros sobre tu historia, sobre tus grandezas, sobre tus ideas, aunque no tengas ninguna; sobre tus planes de salvar al país y salvar al mundo de la crisis, de los desastres, de los males del capitalismo y de los males de ojo también.

Si tienes poder ya no necesitas pensar qué comer, hasta habrá muchos que desearán aliviarte la pesada carga de masticar,  habrá muchos obsecuentes que te traerán el plato, que te llenarán el vaso; ellos tendrán la capacidad de adelantarse a conocer tus antojos y tus odios; habrá varios que te pondrán la mesa, que probarán la comida para que tengas la certeza de no ser envenenado; ellos se encargarán de decirle al mundo que tus gustos son los mejores. 

No tendrás que pensar dónde viajar, a quién visitar, pues te presentarán  los mejores planes de viaje.  Los obsecuentes harán fila para ver cómo los sastres, los modistos te miden, te prueban los trajes que ante el mundo son los que te quedan mejor; ellos se encargarán  de escoger  tu ropa deportiva, hasta podrán sugerirte los pijamas, las camisas, camisetas, poleras y zapatos que vayan mejor con tu atuendo. 

Claro, nunca escogerán los libros que debas leer; en el intento pueden salir trasquilados, pero, para hacerte fácil la vida, te pueden hacer resúmenes de cualquier folleto, hasta de novelas turcas. Hasta te pueden aliviar del odio, pues esos círculos cercanos te pueden sugerir cómo castigar, cómo enjuiciar a los que no comulgan contigo. Ellos harán las listas de los enjuiciados, te sugerirán cómo castigar a  quienes disienten de tu palabra y de tu éxito; lo que hacen es tratar de ganar méritos para seguir subiendo en la escalera del poder; con esas actitudes lo que buscan es ganar tu aprecio y conseguir tus favores. 

Ellos serían nada si los alejas de tu poder; por de pronto, sabemos que ellos perderían más rápido los favores y los poderes que les prestas si les bajas el índice.

Esos obsecuentes cada día te contarán historias colocándote en el centro, te dirán que eres el núcleo de mundo, el predestinado para salvar  a la humanidad;  por eso cuando tú te miras ante el espejo, lo que oyes con recurrencia son los salmos que ellos rezan en tu honor. Tu espejo ya no es el de antes, donde ese vidrio plano te mostraba cómo eras; ahora el espejo es el que tú construyes a través de los cánticos de alabanza que cada día cantan en tu honor; de las palabras de admiración por tu persona, por tu destreza para gobernar, por tu sapiencia para conocer el mundo, por tu capacidad de conocer el futuro y de construirlo a tu semejanza.

Este espejo que te cuenta cuán grande eres es el espejo de Grecia, de Roma, de Moscú, de la Habana, de Caracas. En cada lugar donde se han creado poderes muy grandes, el poder transformó a las personas. Solía deshumanizarlas, usualmente las convertía en máquinas de la reproducción del poder, pero en todos esos lugares, a pesar del séquito de obsecuentes, a pesar de las centenas de los “íntimos” que  elevan oraciones por el dueño del poder, éste suele estar cercado por la soledad. 

El dueño del poder normalmente es un solitario que desconfía de su entorno, pero que no por ello detesta el poder, sino que, ante todo, desea mantenerlo para no caer rendido a una realidad donde ella lo convierta  en humano.

Carlos Toranzo Roca es economista

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