Sociedad civil antidictatorial

miércoles, 08 de enero de 2020 · 00:11

 Siempre se afirmó que la sociedad civil boliviana es antidictatorial, pero una cosa es poseer alma antidictatorial y otra, distinta, que sus organizaciones, en especial los sindicatos, sean democráticos, que se adscriban a la democracia representativa.

Todas ellas y sus afiliados consideraban a la democracia como un periodo denominado “veranillo democrático”, en el cual debían organizarse  para comenzar la revolución socialista y así iniciar la creación del Estado proletario. Ese era el credo de la Fstmb y de la COB, ambas casi siempre estuvieron del lado de la Tesis de Pulacayo. 

Su cultura política estuvo guiada por la lógica amigo-enemigo, a éste había que eliminarlo; se trataba de derrocar al capitalismo y eliminar a quienes disientan de su idea revolucionaria. Si bien se oponían a los gobiernos dictatoriales, el movimiento obrero ansiaba tener su propia dictadura: la proletaria. 

El  PC, PCML, los POR, el ELN, el PS, todos tenían como norte la revolución socialista y su cultura política estaba definida por la lógica amigo-enemigo. Por muy revolucionarios que hayan sido, no fueron democráticos; de manera equivalente, los sindicatos pueden haber sido antidictatoriales, pero no fueron y no son democráticos.  

¿El MAS y Evo Morales eran indigenistas? No lo eran. Ellos abrevaron de la cultura política del nacionalismo revolucionario y del sindicalismo revolucionario, de esa corriente que entendía que el sindicato cumplía las funciones del partido; ese tipo de sindicalismo tenía y tiene como norte la construcción del Estado proletario. 

El Chapare es el núcleo político del MAS. El sindicalismo de los cocaleros, que no es de indígenas, lo construyó Filemón Escóbar, lo edificó a la usanza del sindicato minero, con un objetivo: hacer la revolución socialista. Convirtió a los campesinos en militantes del sindicato revolucionario, los mezcló con los exobreros mineros de ideología socialista, por eso los cocaleros demandaban respeto a la “hoja sagrada” y, paralelamente, reivindicaban el socialismo. El “patria o muerte” les vino de la educación marxista.

El MAS es un capítulo más del nacionalismo revolucionario y del sindicalismo revolucionario, esta es la base fundamental de su ideología y de su cultura política, pero, claro, la adornó con un discurso de emisión de carácter indigenista, retórica de legitimación, que era vendible en el exterior y que hizo generar sonrisas de satisfacción a las cooperaciones internacionales, pues suecos, daneses, holandeses y otros aplaudieron la llegada de un presidente “indígena”, sin conocer que lo profundo de ese movimiento no era lo indígena, sino el sindicalismo revolucionario  y el nacionalismo revolucionario de matriz autoritaria. 

La incorporación de lo indígena al discurso del MAS fue de última hora. Lo fundamental es su huella discursiva que sigue al nacionalismo revolucionario y al sindicalismo de ese tipo, que se ilustra con las ideas de anti-imperialismo, nacionalización de los recursos naturales, en especial de los hidrocarburos, creación del Estado empresario, industrialización. 

Son las ONG y parte de la cooperación internacional las que, atacando a las reformas “malditas” del neoliberalismo, comenzaron a generar ideas para el MAS, tan es así que esas ONG se convirtieron en el intelectual orgánico de ese partido. El MAS, en realidad, estaba enfilado a la construcción de un piso más del nacionalismo revolucionario creado en la Revolución de 1952.  

A ese partido se sumaron exmilitantes del ELN, del EGTK, de los distintos partidos comunistas; no obstante, éstos no influyeron para nada en la orientación hacia el socialismo, se acomodaron como funcionarios de un nuevo nacionalismo revolucionario en una época de boom económico. Es más, callaron cuando el MAS generó una alianza umbilical con el empresariado cruceño, que no es precisamente muy progresista. 

El MAS, sin saberlo plenamente, estaba realizando una segunda Marcha al Oriente, la primera la realizó el MNR revolucionario de 1952, que deseaba construir un empresariado en esa zona del país. Esos mismos militantes que provenían de distintas fuerzas marxistas callaron cuando el MAS se alió con las FFAA, a las que los exizquierdistas habían rechazado años atrás y por quienes fueron reprimidos durante décadas. 

El MAS no adscribe a la democracia, sino a ideas autoritarias de creación de un Estado proletario donde se elimine a los enemigos. Pero, en la práctica, se alejó del socialismo e hizo nacionalismo revolucionario autoritario, en alianza íntima con el empresariado de Santa Cuz y el apoyo de los militares.

 

Carlos Toranzo Roca es economista.

 

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