Carlos Toranzo Roca

El delincuente confeso

miércoles, 9 de septiembre de 2020 · 00:12

Morales quiere que el MAS gane las elecciones para así alimentar su sed enfermiza de poder que no ha reparado en las vidas humanas para lograr su objetivo. El Jefazo no se conduele ante la muerte, así sea la de sus propios militantes, pues el poder lo cegó y sigue ciego para ver la realidad. Pero miles o millones de bolivianos tenemos memoria y recordamos lo que hizo su gobierno. En los años de la dictadura de Banzer, en los pocos cafés o restaurantes abiertos que habían, no podíamos hablar con libertad; precisábamos hablar bajito, pues teníamos miedo de los policías y de la represión. No teníamos derecho a la palabra. Con Morales sucedió lo mismo, no había libertad para conversar; debíamos cuidarnos de quién estaba al lado para no hablar nada sobre las irregularidades del régimen, ni de las violaciones de los derechos humanos.

 En muchas oficinas públicas se grababan entre los funcionarios para acusar a quien decía algo contra Morales y, obviamente, se grababa a otros para atemorizarlos, para extorsionarlos, para llevarlos a las celdas de la represión.

El Jefazo decidía quién era “delincuente confeso”, lo hizo con todos quienes discrepaban de su gobierno; su voz era la sentencia, la justicia sólo debía acomodar los juicios y sus dictámenes a lo que decidió el dueño del país. Si alguien huía de la represión debía salir del país, -hubo más de mil exiliados- porque los iban a encarcelar por motivos nimios o solamente por no tener ideas iguales a las del régimen; a ésos que salieron del país se les decía que al huir confesaron su culpa. Daba  vergüenza que les digan eso porque los querían someter a una justicia que no era tal, que era solamente como un viceministerio de gobierno.

Los sin título juzgaban a los que lo tenían; los formados en la Escuela de las Américas, San Romanes mejorados, juzgaban a izquierdistas que defendían derechos humanos. No tuvieron un mínimo de humanidad, dejaron morir a Kieffer, Fortún, Bakovic, quisieron hacer lo mismo con Leopoldo Fernández; no les bastaba encarcelarlos, deseaban la muerte de quienes consideraban enemigos o de los que osaron oponerse al régimen. Quisieron sentar la mano a los intelectuales que se atrevieron a hablar y dar datos sobre la corrupción en el Estado; el Fondo Indígena, centro de corrupción oficial, trató de ser tapado, intentaron cerrar la página para que no se hable de esos desfalcos.

El gobierno “revolucionario” de Morales tuvo un cogobierno con los uniformados, ellos fueron cooptados o atemorizados; éstos llegaron al extremo, igual que en Corea del Norte, de hacer himnos laudatorios en honor del dueño del poder; Trujillo se quedó chico ante tamaños elogios al Jefazo. Sin pudor alguno, los encargados institucionales de los militares se encargaron de hacer otras loas al Duce, de explicar si tuvo hijos, si los reconoció o no. Tanta obsecuencia llenó de vergüenza al país, reflejó una época en la que no existían valores, en la  ética fue sepultada.

Difundieron temor, porque el objetivo era que todos se autocensuren. Fueron no pocos intelectuales o profesionales que ante el miedo cambiaron el sentido de sus columnas, muchas veces se volvieron condescendientes con el régimen para no perder sus puestos de trabajo.   Muchas cooperaciones también fueron atemorizadas, otras de motu propio defendieron al régimen; varios cooperantes, en especial los que debían defender los derechos humanos, fueron los más vergonzosos, pues taparon ese tipo de violaciones, actuaron como militantes de la “revolución”.

Todo eso pasó cuando el Jefazo gobernó Bolivia jugando fulbito y reprimiendo a los enemigos de su gobierno. Es él quien les decía “delincuentes confesos” a quienes huían de la represión; la paradoja de la vida es que él fugó del país para ocultar el inmenso fraude electoral que armó para continuar en el poder. Ahora, desde Buenos Aires, sigue conspirando, mandando a la calle a sus militantes, sin importarle que se contagien con el coronavirus. Con su partido financiaron bloqueos impidiendo que los enfermos accedan al oxígeno para salvar sus vidas; Morales cometió delitos de lesa humanidad en este año y ordenó ejecuciones extrajudiciales en el Hotel las Américas; esa es su estatura moral.

Precisamos tener fresca la memoria y evitar que el MAS vuelva al poder.

 

Carlos Toranzo Roca es economista y analista.

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