Carlos Toranzo Roca

La recuperación de la democracia

miércoles, 6 de octubre de 2021 · 05:11

La democracia representativa en Bolivia es demasiado joven, sólo a partir de 1982 se la comenzó a construir y, con más intensidad, desde 1985, al fundarse la democracia pactada; en el 2021 celebramos los 39 años de recuperación de la democracia de manos de los gobiernos dictatoriales. En el pasado hubo dictaduras militares, gobiernos revolucionarios, gobiernos civiles que emanaron del voto pero que no edificaron democracia representativa, como la que se comenzó a edificar a mediados de los 80.

En dos siglos de vida republicana no se construyó un Estado fuerte, legítimo. Si se trata de ilustrar la política y la democracia en Bolivia, eso se resume en una figura: una sociedad civil fuerte, levantisca, radical, frente a un Estado débil. La debilidad de éste es un problema para el desarrollo de la democracia. Junto a ella está la fragilidad de sus instituciones, éstas no son consistentes y son cambiadas constantemente. Ni el Poder Judicial, ni el Legislativo, ni el Electoral han dado muestras de fortaleza institucional. El fenómeno se extiende a la Contraloría, Banco Central, Gobernaciones y municipios.  Igual acontece con los partidos, cuya debilidad es más notoria.

Aunque desde la CPE de 1826 se habla de Estado de Derecho, no existe separación de poderes, los check and balances no han sido elementos de nuestra historia, en la mayor parte de ella, el Poder Ejecutivo absorbió a los demás poderes del Estado. En el sistema hiperpresidencialista que poseemos, ni el Poder Legislativo, ni el Judicial, han tenido independencia, otro tanto, ocurrió con el Poder Electoral. Colateralmente, la norma ha sido y es -ahora con más fuerza- la judicialización de la política; el Poder Ejecutivo usó al Judicial para eliminar a sus adversarios, actualmente los fiscales son no otra cosa que un nuevo Control Político, usado a discreción por el MAS, para eliminar a los opositores.

Es difícil tener una democracia sana si el sistema de justicia es venal e incompetente. Si a algo le temen los bolivianos es a una justicia que no funciona, ésta es para los poderosos y, en especial para el manejo de los gobiernos de turno, la justicia se ocupó de amparar a la corrupción. La justicia está digitada por el Poder Ejecutivo, si algo caracteriza a la democracia boliviana es la impunidad de los corruptos, pues la justicia se ha encargado de protegerlos o de lavarles la cara.

La democracia debería implicar la existencia de oportunidades para todos, pero en el país se restringen las oportunidades para las mujeres, éstas están discriminadas, laboral y salarialmente. Si bien hay Ley de Cuotas y de paridad, siempre se las relega a un segundo puesto; hay acoso político contra ellas cuando asumen puestos de representación política. La violencia contra la mujer es excesiva, la Ley para garantizar a las mujeres una vida libre de violencia, es sólo declarativa, en la realidad no funciona. Una justicia operada de manera machista impide la defensa de las mujeres.

La democracia no es de jóvenes, los partidos a lo largo de nuestra historia le han cerrado el paso, o si los han llamado, es para darles tareas menores. Los cargos de representación, en general, están en manos de gente mayor. No hay una sana combinación entre experiencia y juventud.

La democracia boliviana es extraña, pues opera sin demócratas, pues los bolivianos, en su mayoría, no somos demócratas; somos portadores de una cultura autoritaria, la misma que fue forjada en la escuela, la familia, las iglesias, los sindicatos o los partidos. Muy difícil para que la democracia funcione, si lo que opera es la lógica amigo-enemigo; no se reconocen adversarios, sino enemigos por eliminar.

Toda democracia debería impulsar la libertad de pensamiento, de prensa, el derecho al disenso, pero el poder sanciona a quienes no piensan como él, se ataca a los que disienten del poder. Usualmente, los medios de comunicación son sancionados desde el poder si ellos no lo defienden; la pauta publicitaria es el arma que se utiliza para penalizar las discrepancias. El MAS en 14 años de administración corporativa ha conducido a la existencia de un gobierno autoritario con tendencias dictatoriales; el gobierno del delegado Arce trata de culminar lo que Morales no logró: iniciar una dictadura. Es eso lo que está en la escena política boliviana del presente;  por eso, importa celebrar los 39 años de recuperación de la democracia e impulsar la defensa ciudadana de la democracia frente al proyecto dictatorial del MAS.

 

Carlos Toranzo Roca es economista.

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