Carlos Toranzo Roca

Elites económicas no señoriales

miércoles, 17 de noviembre de 2021 · 05:12

Existe el prejuicio en Bolivia que indica que las elites económicas siempre han provenido de las aristocracias señoriales del país, de las oligarquías bolivianas, pero el análisis empírico expresa que, desde siempre, desde Simón I. Patiño,  el barón más importante del estaño, el empresario que muy tempranamente se internacionalizó o globalizó, hasta las burguesías cholas actuales, dueñas de los canales de circulación del capital en Bolivia, propietarias de los inmensos cholets en El Alto de La Paz, dueñas de la metal mecánica en Santa Cruz, adinerados comerciantes de las canchas en Cochabamba, dueñas de los transportes interdepartamentales e internacionales, siempre han existido elites económicas provenientes de sectores populares y otras que surgen de los inmigrantes extranjeros en especial de Europa, de inmigrantes que no siempre venían de grandes familias aristocráticas o adineradas, sino de sectores pobres que con duro esfuerzo se convirtieron en dueños de ferreterías, panaderías, fábricas de calzados, de dulces y se convirtieron en otras ramas de las elites económicas del país.

Simón I. Patiño no es el único empresario mestizo proveniente de sectores populares que descolló en la minería de los inicios del siglo XX;  junto a él hay muchos más provenientes de esos sectores populares, pero la historia no los ha visibilizado o, en su caso, los ha incorporado al empresariado de los sectores oligárquicos. Es que en Bolivia había el gran prejuicio de creer que los sectores populares no podían llegar a ser parte del gran empresariado o de la burguesía de nuestro país. No en vano hace treinta años la sociología boliviana era reacia a entender que había fracciones de burguesías cholas o cunumis, las cuales eran muy exitosas y poseían capitales mucho más importantes que varias fracciones de las burguesías tradicionales, es que esa sociología entendía que los sectores populares debían ser necesariamente pobres, o no entendían cómo capitalistas de piel morena ya habían llegado a la estatura de ser las nuevas burguesías de nuestro país. Muchos analistas entendían que la Fiesta del Gran Poder era sólo un ritual de características folklóricas, de reafirmación de identidades populares, pero no comprendían que ése era el lugar de exposición pública de las burguesías cholas, sitio donde, además de bailar, se realizaban y realizan grandes transacciones económicas;  no se olvide que ahí estaban presentes quienes tempranamente se abrieron al  comercio con la China y, además, decían presente, los encargados de las importaciones que vienen por Brasil, Perú, Chile o Argentina.

Por otra parte, la conexión elites políticas y económicas es umbilical en toda la historia, abarca desde el viejo señorialismo de fines del siglo XIX hasta el proceso de cambio actual. En el siglo XIX y en la primera parte del siglo XX era más que evidente que las elites económicas del señorialismo boliviano eran, a la par, las elites políticas que gobernaron a este país, en la segunda parte del siglo XX  ¿no fue eso Gonzalo Sánchez de Lozada y varios empresarios que lo acompañaron  en su gabinete? También la historia muestra cómo en ciertos periodos, como en el inicio de la Revolución Nacional y en el actual proceso de cambio, existieron y existen elites económicas que provienen de las aristocracias sindicales. Durante el MNR revolucionario buena parte de los líderes sindicales emenerristas, ésos que recibían los “cupos” dados por el partido de gobierno se transformaron en elites económicas que también fungían como elites políticas. En el siglo XXI los transportistas, parte de los cocaleros, porción de los comerciantes o de los cooperativistas mineros son parte de las nuevas elites económicas de Bolivia. ¿Ellas no son también elites políticas? Claro que lo son, no en vano son parte del reparto corporativo del poder político en Bolivia, por eso, ellos aparecen como diputados, senadores, ministros, viceministros, gobernadores, alcaldes en varios lugares del país. De nuevo, las elites económicas están entrelazadas con las elites políticas y con mucha frecuencia comparten ambas funciones, pues eso es fácil de suceder en regímenes corporativos como los impulsados por el MAS. La ciencia social boliviana debe despojarse de muchos prejuicios analíticos y comenzar por describir a las elites económicas y políticas de Bolivia, al hacerlo se encontrará con muchas sorpresas, las mismas que ya tenían huellas lejanas en la historia larga de este país. 

 

Carlos Toranzo es economista.

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