Carlos Toranzo Roca

Corporativismo y ciudadanía

miércoles, 5 de mayo de 2021 · 05:11

No existe una democracia de calidad si ésta no desarrolla procesos de ciudadanización, si no crea ciudadanos conscientes de sus derechos y  de sus obligaciones; ciudadanos informados y no prisioneros de prejuicios.  Para enfocar el desarrollo y profundización de la democracia hay  distintas formas de hacerlo, no hay una única manera de tratamiento. 

Por ejemplo, se puede acudir  a la perspectiva de los  derechos humanos, ésta es una veta de gran importancia para analizar y/o mejorar la calidad de la democracia; es más, esta perspectiva tiene la ventaja de tener una larga tradición de trabajo;  a la par, representa a una de las ópticas más modernas de tratamiento de la mejora de la democracia, que tiene más importancia cuando los poderes fuertes, como el actual, violan los derechos humanos. En Bolivia se ha naturalizado la violación de los derechos humanos, todos los regímenes de distintos colores políticos lo han hecho.

Los derechos y obligaciones son un elemento central de la construcción de la democracia pero se precisa dar un paso adelante, que consiste en adoptar una óptica analítica que trabaje los derechos humanos a partir de una forma amplia de comprensión de los mismos, especificando derechos cívicos, políticos, así como los derechos económicos, sociales y culturales, a los cuales los Estados no siempre les brindan atención.

De otra parte, es imperioso conectar la esfera de los derechos humanos con  el impulso de los procesos de ciudadanización y la mejora de la calidad de la democracia. En nuestros tiempos el reto parece ser la construcción de una ciudadanía intercultural, democrática.

 En la perspectiva extendida de los derechos humanos, la exclusión política, social, económica o cultural debe ser entendida como una limitación del proceso de ciudadanización o como una barrera al desarrollo de una sociedad democrática. Pisando la tierra, no hay democracia si no existe acceso a la salud y la educación, esto nos lo enseñó la pandemia con mucha intensidad. 

El camino hacia la mejora de la democracia debe ser comprendido como el esfuerzo de avanzar hacia la inclusión ciudadana: inclusión política, social, cultural, en especial de los sectores más vulnerables a los cuales los Estados y sus democracias desatienden.

 El enriquecimiento de la democracia no se logra alcanzando únicamente la participación de los sectores más vulnerables, ni solamente de los actores corporativos -hoy dominantes en Bolivia, con los cocaleros a la cabeza-; sino que se requiere, en general, una población consciente de la necesidad de democracia.  Si bien la equidad aconseja apuntar a los más excluidos, eso no implica dejar de actuar con el conjunto de la población, con las clases medias o las elites tradicionales, pues ellos también son bolivianos y requieren un proceso de ciudadanización, de asimilación de derechos y obligaciones, de comprensión de los derechos humanos y de acceso a éstos.

Debe comprenderse que la profundización de la democracia puede ser lograda por la vía del desarrollo de una ciudadanía activa, propositiva, de todos los bolivianos y no únicamente de los sectores más vulnerables, ni exclusivamente de los actores corporativos, como sucede actualmente. 

La democracia no será tal si ella está copada únicamente por cooperativistas mineros, cocaleros, campesinos, Bartolinas, transportistas; una democracia de este tipo, dominada exclusivamente por los actores corporativos, es una democracia de mala calidad, pues ellos, además de autoritarios, por lo único que velan es por sus intereses sectoriales, sin importarles el interés general;  éste debe ser velado por los actores ciudadanizados, y no agrupados en corporaciones clientelares  que son dominadas por el poder central.

Empero, no deja de ser un reto democrático el diálogo entre actores ciudadanos y corporativos.

 La Revolución de 1952 creó un poder corporativo y por ello autoritario; la Revolución no llegó a la construcción de la ciudadanía, pues a lo que apostó fue a la edificación de un régimen corporativo donde primaban los corporativismos de los mineros, campesinos y militares, que fueron sus corporaciones medulares. 

En el proceso de cambio actual se ha construido un régimen fuertemente corporativo y autoritario, donde cooperativistas mineros, cocaleros, campesinos, transportistas son la clave del poder. Este poder corporativo tiende a ser cada vez más autoritario, funciona bajo los códigos de amigo-enemigo; por tanto, no tiene capacidad de admitir ninguna crítica y pone en peligro la libertad de expresión y la democracia misma.

Por tanto, el reto de la democracia sigue siendo la construcción de ciudadanía, pero intercultural, que impulse el diálogo y convivencia democrática entre todos los actores de la sociedad.

 

  Carlos Toranzo Roca es economista y analista.
 

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