Carlos Toranzo

Recuerdos del 9 de abril del 52

miércoles, 30 de junio de 2021 · 05:11

Yo tenía unos cinco años y medio, mi madre era enfermera de la Asistencia Pública; debido a que su trabajo se intensificó el 9 de abril del 52, me dejó al cuidado de una tía que vivía en la calle Yungas, casi esquina Ballivián; es decir, a unas cuatro cuadras de la Plaza Murillo.  Ahí pude ver a jóvenes soldaditos combatiendo contra obreros o gente de clase media que luchaba contra el gobierno. Mi tía, -seguro por sus ideas políticas- socorría solamente a los soldaditos, les daba pan o agua, no así a los sectores populares levantados contra el poder. Esas calles se convirtieron en lugares de lucha encarnizada entre los bandos opuestos, ¡qué diferencia con meses atrás! cuando la calle Ballivián era una delicia para pasear y ver cómo pasaba por ella el tranvía.

 Junto con otros primos llevábamos a sus rieles nuestras tapacoronas para que el tranvía las aplaste y así tener materia prima para hacer nuestros ch’ullu ch’ullos para las épocas de Navidad. Mi tía y su gente amiga hablaban con temor, decían: “Creo que están bajando los mineros de Milluni”. Eso las azoraba, yo no entendía  por qué comentaban con enojo que “la Cortez”, que vivía en la Ballivián y tenía su tienda ahí, daba fusiles a los fabriles; mucho tiempo después pude entender que esa señora era una de las barzolas más reconocidas de la zona. Pero, cuando a ella y a sus amigas las sentía más enojadas, era cuando cuchicheaban que los soldaditos estaban dando la vuelta atrás sus gorras y así se sumaban al bando de los insurrectos.

Mi madre creo que pasó por mí en una ambulancia el 11 o 12 de abril, fuimos a varios lados donde recogían heridos. Vi multitud de gente por la Plaza Murillo y, sobre todo, por las cercanías de la Alcaldía. Ella estaba muy agitada con su trabajo, muy cansada, pero tenía una sonrisa y me decía: Estamos ganando la revolución. Tampoco entendía eso, pero si lo decía mi madre seguro que estaba bien. Claro, tiempo después, eso me quedó clarísimo, pues supe que ella, antes de ser enfermera, fue obrera fabril de la Said y dirigenta sindical de ese gremio; como mi padre lo fue de los trabajadores mineros y fundador de la Fstmb.  

Ya cuando el triunfo de la Revolución se dio pude ver, en la Plaza  Murillo, guardias armadas de fabriles y de mineros, todos portando sus mauser,  por cierto, había también mujeres armadas. Casi todos tenían abrigos largos, como después eso se generalizaría con los milicianos emenerristas. Lugar adonde iba, en esa plaza, en las calles aledañas, en la Comercio, la Mariscal San Cruz, cientos o quizás miles de personas cantaban: “Viva el Movimiento,  gloria Villarroel, a Paz Estenssoro le espera el poder”. Mientras en otros lugares cantaban: “En el Puente de la Villa, hice un juramento, defender al Movimiento en todo momento”.

El 1 de Mayo de ese año pasé por la plaza del estadio, en Miraflores, y había cientos de personas, en especial choferes cantando: “Primero de mayo, primero de mayo, día de los choferes k’oscosos”. Algunos de ellos portaban fusiles y seguían festejando el triunfo  de la Revolución Nacional; su felicidad seguro provenía  de sentirse protagonistas  de ese hecho histórico. Pero, ya sea en la Plaza Murillo, en la Alcaldía, en la Mariscal Santa Cruz, en Miraflores, en las transmisiones radiales había una música de fondo, canciones de la Guerra del Chaco, ya sea Boquerón abandonado, Infierno verde, Teniente Villa, y, ante todo, boleros de caballería - Despedida de Tarija, Terremoto de Sipe Sipe -,  boleros siempre tocados por bandas militares. Desde esa época iba a la Plaza Murillo, de ahí partían los entierros de excombatientes de la Guerra del Chaco, que seguro también fueron combatientes principales de la Revolución Nacional.  Había cureñas, cañonazos de homenaje y, claro, la compañía infaltable de los boleros de caballería. Esa música dolorida, casi fúnebre, me acercaba al heroísmo y dolor de la guerra y, sin saber mucho en ese entonces, desde mi niñez, sospechaba que la Guerra del Chaco estaba muy cercana, emparentada o fusionada con la Revolución Nacional que logré ver en abril de 1952.

 

Carlos Toranzo es economista.

 

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