Del verbo “archivar”

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lunes, 01 de enero de 2018 · 00:07

Son varias las pepas atoradas en la garanta de este país, que encuentra en cada conflicto la ocasión para escupirlas cada vez más fuerte y más lejos. Yo tengo por lo menos tres, tercas, muy tercas, que se resisten al archivo y tocan la puerta el primer día del nuevo año.

Los archivos de la dictadura

De vuelta a la democracia y ante diversos requerimientos judiciales, el Ejército chileno negó permanentemente la existencia de los archivos microfilmados de la dictadura de Pinochet. Éstos habían sido quemados por orden del jefe de inteligencia del Ejército, a fines de 1999, pocos meses después de que las Fuerzas Armadas acordaran en una mesa diálogo con el gobierno –sucedió en agosto–, la entrega de información sobre los desaparecidos durante esa dictadura. No, no es de extrañar lo sucedido en Chile, que por supuesto nos prueba que lo mismo podría suceder en nuestro país. Ese es, de hecho, un temor latente hace demasiados años, más aún si los indicios de una verdadera voluntad por esclarecer aquellos sucesos han ido mareándonos la perdiz. La creación en Bolivia –también en agosto– de una esperada Comisión de la Verdad no garantiza ni la entrega de los archivos de la dictadura, ni siquiera “su existencia”, sino quizás la investigación de su paradero en una búsqueda sin fin, como ha sucedido a lo largo de estos 35 años de democracia. Lo contrario, el hallazgo de documentos relevantes, sería verdaderamente extraordinario. Dados los hechos de esta década de gobierno maestro de la distracción, no tengo muchas esperanzas. Menos aún si aquellas carpas instaladas por las víctimas de la dictadura frente al ministerio de Justicia en demanda de resarcimiento, son ya prácticamente viviendas y llevan allí más de 5 años sin respuesta y 22 fallecidos durante su espera, sin que al Gobierno se le mueva un pelo.

Las mujeres, sus cuerpos

De buena no tuvo nada, la Noche Buena. Sólo entre el 22 y el 25 de diciembre, 198 mujeres en el país sufrieron violencia. 198 no te dice nada. 198 son sólo los casos denunciados. Porque son muchos más todos los días y quedan impunes. En este preciso instante alguna mujer está siendo golpeada –y asesinada–. Bolivia es uno de los países donde más mujeres sufren violencia machista, donde más mujeres mueren por esa razón: ocho cada mes, dos cada semana. Nueve de cada 10 casos de violencia contra la mujer acaban con ella muerta. Y cuando las mujeres salimos a las calles a protestar por ello, somos cuatro pinches gatas gritonas. La gente pasa por nuestro lado y nos mira como si nada. Cuando seamos miles, cuando millones de mujeres y hombres inundemos las calles, recién podremos decir que esta lacra nos importa y estaremos dispuestxs a dar batalla. Mientras tanto, esas muertes se amontonan en el archivo de la conciencia ciudadana. A pesar de los esfuerzos, esa es, por ahora, una triste derrota. Esperemos sacudirnos ya.

Aquella rubia encueratriz

Nunca me tragué el caso Zapata. Sigue ahí pendiente, terco. Porque nos metieron el dedo en la boca esperando que la tormenta amaine para pasar la página y archivar.

Pero ni siquiera ellos pudieron hacerlo pues esa es más bien una perjudicial pepa atascada en cada proceso electoral. El pueblo, que no es chico, no olvida así nomás.

Cada caso de corrupción –por desgracia cada vez son más frecuentes– trae a cuento aquella enredada historia de la exnovia presidencial. Y el pueblo, lúcido e ingenioso, convierte la papeleta electoral en afiche de aquella telenovela amoroso- mafiosa, para hacerle saber al Gobierno que de archivos, ni hablar. Algún día se creará esa comisión de la verdad y entonces arderá el país, desde la Amazonia hasta la China, pasando por Orinoca.

Son varios más los asuntos pendientes que por lo menos yo no pienso archivar.

Cecilia Lanza Lobo es periodista.

 

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