Prontuario, la crónica roja y el aporte fundamental de Página Siete

lunes, 06 de agosto de 2018 · 00:06

Página Siete acaba de presentar el libro de crónica roja Prontuario, que reúne 11 historias relevantes de casos policiales sucedidos en el país.

Me gusta decir que la crónica roja es la chica mala del periodismo. Y me gusta pensar que la crónica misma es un género femenino. Como tal, la crónica –roja– arrastra una doble discriminación: aquella de la crónica misma como género “bastardo”, malnacido literal-literariamente, pues no termina de ser literatura ni periodismo sino un híbrido poco claro, un género impuro del que derivaría también una suerte de discriminación estética; y aquella exclusión digamos política, porque la crónica roja se ocupa de los conflictos cotidianos de una marginalidad que no cabe en el horizonte temático de los asuntos “serios” que incumben al gran periodismo y sus públicos. Eso escribí hace ocho años en un libro sobre crónica roja en Bolivia y desde entonces algunas cosas han cambiado y otras, poco.

Eran años en que desde el periodismo comenzábamos a pensarnos respecto de esa narrativa –la crónica roja– que llevaba buenos años viento en popa en los medios llamados “populares” (El Extra, Gente), que implicaban una seria competencia para los grandes medios en términos económicos pues se vendían como pan caliente, y para sus medios-hermanos significaban su principal fuente de ingresos.

Nos preguntábamos entonces si la crónica roja era sólo sangre y sexo; si esos temas eran exclusivos del periodismo sensacionalista; qué rasgos de ese periodismo compartían los medios tradicionales; qué cuerdas de nuestra sensibilidad social tocaba la crónica roja que hacía que ese género fuese ampliamente aceptado por sectores de la población no necesariamente populares; nos preguntábamos si era el drama patrimonio de los pobres; o cuáles eran los límites éticos a la hora de contar las tragedias; y finalmente decíamos ¿para qué relatar la tragedia y el delito?

Esa pregunta se ha mantenido, igualmente atada al prejuicio. ¿Por qué Página Siete –léase un diario serio– debiera ocuparse hoy de la crónica roja?

La respuesta es contundente. La crónica roja no es sólo roja ni es patrimonio de los pobres. Pero sobre todo, la crónica policial –matizada así para distanciarse en algo del sensacionalismo– no sólo tiene relevancia, llamémosle social o política, porque devela las podredumbres varias del sistema judicial, o las injusticias y violaciones de los derechos. Ni porque la revelación social del delito sea una de las tareas de los medios –como decía el brasileño Bruno Paes: “cubrir la violencia no es sólo describir un comportamiento desviado. Debe ayudar a comprender el comportamiento de las masas… Un periodista necesita comprender la complejidad de ese escenario”–.

La crónica roja tiene una ventaja que el periodismo llamado “serio” no tiene y es que conecta con la gente. Esa es la ventaja de la crónica misma y no es un asunto menor. Porque viene atada a otra particularidad y es que la crónica cuenta historias. Y para contar historias tiene haber alguien que escribe y por supuesto los actores de esas historias, sus voces, sus vivencias, sus dramas, sus alegrías, sus miedos, sus impotencias, sus demandas. Esa voz colectiva, esa presencia de la sociedad misma en aquellas voces protagonistas, es el rasgo fundamental de este registro. Ahí está la conexión. Protagonista es la sociedad, no el Estado.

Por eso, apostar por la crónica –roja– implica mucho más que superar prejuicios, mucho más que señalar las debilidades de sistema judicial y mucho más que apostar por un mero ejercicio de (buena) escritura. En periodismo, este tipo de escritura nunca será sólo una preocupación estética sino un compromiso ético. Esa es la apuesta de Página Siete con Prontuario. Enhorabuena.

Cecilia Lanza Lobo es periodista.

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