Hernán Cabrera M.
Periodista y Licenciado en Filosofía
jueves , 19 de mayo de 2022 - 04:00

Yañee

Abuelo, ¿aún existen los dinosaurios?

Ariadne hace muchísimo tiempo y cuando la vida del ser humano aún no estaba presente en el Planeta Tierra, vivían miles de grandes animales que los expertos llamaron dinosaurios, que traducidos serían “lagartos terribles”. No se conoce el origen exacto de su nacimiento y presencia, pero los estudios científicos dicen que existieron entre 231 y 243 millones de años atrás.

Luego vino una bola inmensa de fuego desde alguna galaxia, que impactó sobre este planeta y no quedó ni uno solo. O sea, se extinguieron, murieron, desaparecieron. Pero fueron los primeros vestigios de la vida en todas sus expresiones. ¿Por qué existieron estos lagartos terribles? Porque hubo vida en el lugar donde ahora vivimos más de 7.000 millones de hombres y mujeres, aunque ya no tengamos a los dinosaurios entre nosotros, pero sí en juguetes, películas y ahora, aunque no lo creas Ariadne, las universidades se encargaron de hacer estudios largos y lograron hacer resucitar a los dinosaurios, pero no en versión de lagartos gigantes o terribles, sino con dos pies, dos brazos, dos ojos, dos orejas, una boca, un cerebro. O sea, un ser humano, que habla, siente, ambiciona, se corrompe, mata y muere.

No te asombres ni te alarmes ni te burles. Si hoy estás escuchando de forma permanente que en Bolivia hay dinosaurios tiene sus explicaciones claras, pero que lamentablemente salió a la luz pública por una desgracia que hubo en la Universidad Siglo XX de Potosí, que tuvo que lamentar la muerte de 4 estudiantes y más de 60 heridos por la explosión de una granada de gas lacrimógeno, que hicieron explotar esos dinos para evitar ser cambiados de su lugar de privilegio que ocupan. Ahora han mutado a universisaurios.

Eso que hoy llamamos dinosaurios se refieren a ciertas personas, que en su uso del derecho a la educación lograron ingresar a alguna universidad del Estado, se esforzaron por ser dirigentes y como ahí les llovía prebendas, notas, regalos y dinero, decidieron perpetuarse en ese cargo y hacer de la universidad su lugar de trabajo, su casa, su motel y su lugar de esparcimiento. A parte de hacer política desde su aula de estudio, se apropiaban de lindas ganancias económicas, ganando jugosos sueldos y ciertas comisiones en la administración de algunos bienes que tiene el sistema universitario. A ellos se los ha catalogado y calificado como dirigentes dinosaurios, o sea, universisaurios.

Pero la comparación entre los lagartos terribles y los dinosaurios actuales es por la data del tiempo. Los dinos son tan añejos o antiguos, y estos jóvenes, que ingresaron a alguna universidad para estudiar una carrera a los 18 o 19 años de edad, que al parecer les gusta tanto pasar clases, que ya han alcanzado los 40 o 50 años de edad, marcando récords interesantes como estudiantes con más de 20 o 30 años. A estos se los llama dinosaurios.

Pero es bueno aclarar mi niña, que el derecho a la educación lo tenemos todos, así como vos tendrás la oportunidad de ingresar a la escuela, luego a la universidad y de ser una excelente estudiante y profesional, proceso en que la familia y el Estado deben darte las mejores condiciones para tu formación. Pero otra cosa es el abuso de ese derecho que han usado miles de jóvenes y señoritas para aprovecharse de su condición y no querer salir nunca profesionales. ¿Será por flojos, vividores, negligentes, tontos, imbéciles o necios? Tendrán sus razones, pero no tienen argumento alguno para defenderse y que la sociedad los señale con el dedo, porque también son corruptos.

Eso no es su derecho humano. Son hechos de corrupción, motivados por la ambición económica y la codicia del poder. Además de ser manipulados.

Abu, ¿por qué permiten eso en las universidades?

Esa es una de las preguntas que no han podido responder las autoridades, a quienes se los llama rector, vicerrector, decano y directores de carrera, al parecer, ellos no vieron ni escucharon nada, ni vieron crecer a los jóvenes dirigentes que se hicieron viejos en sus propias narices, con cientos de aplazos incluídos. Es contradictorio, porque en las últimas décadas los arqueólogos no percibieron la existencia de los universisaurios; pero ahí estaban.

Ariadne recuerdo a la filósofa y escritora mexicana, sor Juana Inés de la Cruz, que en el siglo 17 nos hacía esta reflexión: “¿O cuál es más de culpar, /aunque cualquiera mal haga:/ la que peca por la paga, /o el que paga por pecar?.

Eso no
es su derecho humano. Son hechos de corrupción, motivados por la ambición económica y la codicia
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