Rolando Morales Anaya
Economista
jueves , 19 de enero de 2023 - 04:04

Algo falta para entender la economía boliviana

Los medios de pago, es decir, la masa monetaria registra importantes aumentos en un contexto de muy baja inflación. Las reservas internacionales disminuyen paulatinamente, pero la oferta de dólares en el mercado cambiario no muestra desfases con relación a la demanda, incluso, hay días/periodos en los cuales arrastra el precio del dólar hacia abajo. En el último año, el valor de las exportaciones se acercó al del boom del año 2014, seguido de cerca por debajo, por las importaciones, dejando un saldo positivo en un contexto donde el tipo de cambio real está en caída libre. La tasa de desempleo es reducida, el PIB crece moderadamente, pero en forma satisfactoria. Las inversiones públicas y privadas se han reducido no obstante que el ahorro privado sigue creciendo. Los depósitos en los bancos siguen aumentando, están alrededor de 31 mil millones de dólares situando a Bolivia el país que más plata tiene en los bancos con relación al tamaño de su economía. Pululan los clientes en cafés, restaurantes y lugares de distracción. La importación de autos llega a extremos nunca vistos. Abunda la oferta de alimentos en los mercados de abasto. Sin embargo, hay pobreza y descontento en la población y los economistas no paran de hablar de crisis y de pronosticar el fin del mundo para el año 2023. Unos hacen ostentación de su riqueza y bonanza, otros sufren hambre y desempleo.

Utilizando los análisis usuales de la evolución de la economía, se puede entender la preocupación de los economistas y el sentimiento de malestar de parte de la población, pero al mismo tiempo cabe reconocer que falta información para explicar la aparente inconsistencia de la información anterior, por ejemplo, por qué el dinero en los bancos continua acumulándose, por qué no hay tensión en el mercado cambiario no obstante la caída inquietante de las reservas internacionales y la apreciación de la moneda, por qué la inversión privada es reducida, por qué hay tanta gente que ostenta riqueza y consumo suntuario.

Se puede conjeturar que la información que falta para entender lo que ocurre con la economía se refiere a las actividades subterráneas relacionadas a la exportación informal de minerales y de estupefacientes, al contrabando de productos de consumo final y bienes intermedios y a movimientos bancarios y de capital poco transparentes.

El Ministerio de Minería estimó, para el año 2018, en 2.500 millones de dólares la explotación informal de minerales, posiblemente, hoy día esta cifra llega por lo menos a 3.500 millones de dólares teniendo en cuenta el reciente auge de la explotación informal de oro. El Gobierno de Estados Unidos estima en 500 millones de dólares el ingreso para Bolivia de la exportación de cocaína. Entre ambos rubros, se llega a 4.000 millones de dólares, una cantidad suficiente para contentar al mercado cambiario, aumentar el contrabando y el consumo suntuario y explicar el aumento de los depósitos bancarios. Los precios crecen poco debido a que la demanda se enfrenta a una oferta no acotada debido al carácter abierto de la economía. El desempleo, a pesar del bajo valor de su tasa, es preocupante (da lugar a otro artículo). En estas circunstancias, teniendo en cuenta además el boom de las exportaciones no es muy relevante preocuparse de la disminución de las reservas internacionales.

A pesar de parecer una cifra importante, los 4.000 millones de dólares de las actividades subterráneas significan apenas el 10 por ciento del PIB. Para explicar su real impacto es necesario plantear una segunda conjetura: las actividades subterráneas están integradas en varias de las actividades económicas visibles. Se recordará que se rumorea, aunque no hay pruebas al respecto, de que una parte importante de las inversiones en bienes inmuebles proviene de estas actividades y que tienen alguna incidencia en la manufactura y en las inversiones en haciendas agrícolas.

No debe perderse de vista que el análisis anterior se basa en dos hipótesis. Si fuese posible comprobarlas, el análisis de la economía boliviana debería encajarse en esquemas de economía abierta, con instituciones débiles, sin reglas, lo que significaría usar nuevos conceptos e instrumentos.

El Gobierno
de Estados Unidos estima en 500 millones de dólares el ingreso para Bolivia de la exportación de cocaína.
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