Juan José Toro Montoya
Premio Nacional en Historia del Periodismo
jueves , 18 de agosto de 2022 - 04:05

Surazo

Archivos

Para amar un país hay que conocerlo y una de las maneras de hacerlo es recorrerlo de punta a punta. Gracias a mi trabajo, pude conocer los nueve Departamentos de Bolivia y estuve tanto en Villazón, Bermejo y Villamontes como en Cobija, la puerta al Brasil a través de Brasileia y Epitaciolândia.

Pero los países también se pueden conocer por su pasado y, para eso, los libros no son suficientes. Desde hace por lo menos una década, yo recorro Bolivia a través de sus archivos; escasos, pero con suficientes documentos como para tomarse toda una vida revisándolos.

Lamentablemente, los bolivianos no tenemos cultura archivística. Cuando los papeles se acumulan, los botamos o quemamos y esa es la suerte que corren los documentos. Eso hace todavía más valiosos a los archivos que los resguardan.

Como potosino, aprendí a escudriñar archivos en el que tiene la Casa de Moneda, cuyos fondos son tan valiosos que llegan investigadores del exterior para consultarlos, pero también acudo, con alguna frecuencia, al de la Diócesis de Potosí, que no tiene tanta suerte. Este se encuentra bajo la custodia del Obispado y, carente de catalogación y el debido mantenimiento, corre riesgo de perder muchas de sus valiosas piezas. Aquí se han congregado muchos de los archivos parroquiales de Potosí, así que es consultado fundamentalmente para trámites administrativos.

Aunque parezca difícil de creer, la universidad Tomás Frías carece de archivo. Hace un par de años busqué documentos que se supone les fueron entregados, pero el rector de entonces me dijo que estos se habían extraviado. Ese caso es muy distinto al de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), que tiene un archivo y biblioteca envidiables, abiertos a los investigadores y que, acudiendo a su directora, Marilin Sánchez, es posible consultar a distancia.

Es precisamente la UMSA la que ha abierto una carrera de Archivística y, por lo que se puede ver en los últimos años, su existencia coincide con mejoras notables en los archivos del país.

El más importante es el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia (ABNB) con sede en Sucre, la capital del país, y que, al igual que la Casa de Moneda, depende de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia.

En el tiempo que lleve escudriñando los archivos, he recibido una innegable y valiosa colaboración del personal de ambos repositorios y eso me ha permitido avanzar en mis investigaciones del pasado de Bolivia. Pero en un país como el nuestro, víctima de la burocracia que corroe sus instituciones, he respirado aire fresco con la eficacia del personal del ABNB que ha sabido responder a mis pedidos y consultas a distancia con una celeridad propia de países del primer mundo.

Aunque no sean del interés de las masas, son buenas noticias, adecuadas para el mes de la Patria, y eso es mucho decir para los tiempos en que vivimos.

Pero los
países también se pueden conocer por su pasado y, para eso, los libros no son suficientes.
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