José Rafael Vilar
Analista, consultor y escritor
viernes , 19 de agosto de 2022 - 04:05

Lo que pienso

Ay, Nicaragua, Nicaragüita!

“Ay, Nicaragua, Nicaragüita / La flor más linda de mi querer / Abonada con la bendita Nicaragüita / Sangre de Diriangen”

El 19 de julio de 1979 la Guardia Nacional somocista terminó de colapsar y, con su colapso, finalizaron 46 años de dictadura del clan somocista y triunfó la Revolución Sandinista que, en un primer momento, compartió las responsabilidades de gobierno con figuras independientes de la oposición —una de ellas Violeta Chamorro, luego Presidente elegida democráticamente— dentro de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional.

Una Revolución que no fue, en su triunfo, roja sino azul y blanca de Nicaragua, de sectores con amplias posiciones políticas pero unidos contra la dictadura de los Somoza y que el cantante y compositor Carlos Mejía Godoy convirtiera en canción con Nicaragua, Nicaragüita pero que, en progresiva aplicación de un modelo marxista, llevó a perder Ortega las elecciones de 1990 frente a Violeta Chamorro; en los dos meses entre la elección (febrero) y la asunción del nuevo gobierno (abril), parte de la cúpula sandinista cercana a Ortega transfirió mediante leyes la propiedad de gran cantidad de inmuebles y bienes públicos a sus organizaciones afines y, mayoritariamente, a ellos mismos, en un proceso de gravísima corrupción conocido como “la Piñata Sandinista” que, oficialmente al menos, le costó al Estado nicaragüense unos 1.300 millones de dólares en conceptos de indemnización.

Dieciséis años después, en diciembre del 2006 Ortega volvió a ser elegido Presidente de Nicaragua, reeligiéndose en 2011 —vía bloqueo de la oposición— y 2016, hasta un cuarto mandato en 2021 con todos los candidatos opositores presos (siete, incluida la hija de Violeta Chamorro) —engrosando la lista de más de 190 presos políticos, algunos antiguos líderes sandinistas—, exiliados o inhabilitados, completando Ortega la lección de dictadura electoralista de sus maestros Somoza.

Los cristianos —la Iglesia católica pero también los cristianos no católicos— fueron muy importantes en el proceso de la Revolución Sandinista y, con ayunos y cantos de protesta contra la opresión —como la “Misa Campesina”—, transformaron los templos en espacios de libertad, acompañados de los obispos que, después de un largo silencio frente a la dictadura, con creciente valentía denunciaron la represión desatada por el somocismo y declararon —en junio de 1979— que la lucha revolucionaria era un derecho legítimo del pueblo a la insurrección a través del compromiso de la Iglesia con los pobres.

En 2007, Ortega pidió perdón por “los errores y atropellos en contra de figuras de la Iglesia en el pasado” para aprovechar el gran poder de convocatoria que la elevada religiosidad de los nicaragüenses otorgaba a la Iglesia y fijó una alianza de convivencia: Así nació el eslogan de una “Revolución Cristiana, Socialista y Solidaria”, sandinismo supuestamente transfigurado en perdón y reconciliación social.

Pero el convitio cristiano-socialista —lo de “solidario” era sólo para intra portas de la rosca Ortega-Murillo— no duró mucho.

En 2018, el intento de reformar el Seguro Social hizo estallar protestas en todo el país duramente reprimidas por el Gobierno y los grupos parapoliciales, mientras Ortega y su esposa Rosario Murillo iniciaban ataques verbales directos contra la Iglesia comprometida con su pueblo, acusándola de “terrorismo”, “golpismo”, “demonios de sotana” y de “delitos de lesa espiritualidad” [sic]. Ese año la represión asesinó 355 personas y encarceló muchísimos más (CIDH) y desde abril de 2018 a mayo de 2022 —antes del actual período más represivo— se han registrado al menos 190 agresiones contra la Iglesia católica (ACI Prensa), cumpliéndose el vaticinio en 2011 de monseñor Silvio Báez (hoy en exilio), señalando el rumbo a «un totalitarismo visible o encubierto».

Hoy, han sido expulsados de Nicaragua religiosos —incluido el delegado apostólico— y ONGs mientras otros han sido detenidos o partido al exilio, se han clausurado medios —religiosos como seglares— y se reprimen actos eclesiales. (Sin embargo, imágenes “actuales” de violencias contra templos que han circulado en Redes Sociales realmente corresponden a sucesos en Chile en 2019 y 2020).

Algún día, mucho más pronto que tarde, el pueblo nicaragüense —el que combatió a los Somoza y ahora a Ortega-Murillo— volverá a cantar con Mejía Godoy —hoy exiliado del orteguismo—: “Ay, Nicaragua sos más dulcita / Que la mielita de tamagas / Pero ahora que ya sos libre, Nicaragüita / ¡Yo te quiero mucho más!”.

Más pronto
que tarde, el pueblo nicaragüense —el que combatió a los Somoza y ahora a Ortega-Murillo— volverá a cantar con Mejía Godoy
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