Ronald Nostas Ardaya
Industrial y ex Presidente de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia
miércoles , 08 de junio de 2022 - 04:00

Punto de equilibrio

Bolivia frente al grave riesgo de la desindustrialización

La desindustrialización es un estado de la economía que se caracteriza por la caída de la producción y la demanda laboral en el sector industrial, así como la disminución de su participación en el Producto Interno Bruto. Aunque puede deberse al cambio en la orientación económica de un país hacia los servicios, normalmente refleja la contracción de la industria, la desinversión y la imposibilidad de las empresas manufactureras de sostener altos niveles de gasto y resistir las presiones salariales, impositivas o políticas.

Recientes informes de la Cámara Nacional de Industrial revelan la aparición de varias señales que pueden estar conduciendo al país hacia ese estado. Según esta entidad, la industria nacional experimenta actualmente la más profunda contracción económica de los últimos 70 años, agravada por la pandemia, la crisis mundial de suministros y logística, el contrabando y los efectos de la guerra entre Rusia y Ucrania. Esta situación se refleja en un descenso del PIB industrial desde 5,5% en 2018, 3,2% en 2109, -8,4% en 2020 y una recuperación de apenas 3,9% en 2021.

En relación a las empresas industriales, el dato es más preocupante, ya que, según la misma fuente, en 2021 cerraron 402 industrias, un 27% más que durante la pandemia. El análisis por departamentos muestra una peligrosa disparidad territorial que se expresa por ejemplo en el hecho que, en 2020, se registraron decrecimientos del PIB industrial desde -19% en Chuquisaca y Pando, hasta -2% en Santa Cruz.

Las causas de esta situación son muchas, entre ellas el creciente contrabando que está dañando sectores como alimentos, textiles, cueros, bebidas, muebles, medicamentos, y otros; los cupos de exportación; las dificultades de acceso al financiamiento; la caída de la inversión privada por la inseguridad y la incertidumbre; los altos costos laborales y salariales; los bloqueos permanentes y la competencia desigual que generan las empresas públicas.

Este escenario se está agravando, pese a que Bolivia se ha adscrito plenamente al compromiso de cumplimiento de los ODS, uno de los cuales –el noveno: Industria, innovación e infraestructura – señala que “La industrialización inclusiva y sostenible, junto con la innovación y la infraestructura, pueden dar rienda suelta a las fuerzas económicas dinámicas y competitivas que generan el empleo y los ingresos”. Pero también ocurre a pesar de que el Plan Nacional de Desarrollo 2021 – 2025, denominado “Hacia la Industrialización con Sustitución de Importaciones” le asigna una gran importancia al rubro, y orienta dos de los 16 pilares, al desarrollo de la industria.

Un estado de desindustrialización genera riesgos de alta complejidad, como el sostenimiento de déficits de cuenta corriente, que se da cuando el sector industrial nacional no logra cubrir la demanda interna, los que incentiva la importación y el contrabando. Un segundo factor es la pérdida progresiva de empleo de calidad, asociado a la precarización del trabajo y el aumento excesivo del autoempleo. En países como el nuestro, hay otras consecuencias no menos importantes, como el debilitamiento de la soberanía alimentaria, la caída de las exportaciones, la disminución del valor agregado manufacturero, la ralentización del crecimiento e incluso el rezago en el desarrollo tecnológico.

La grave crisis por la que atraviesa la industria boliviana, y que nos conduce a un riesgo de desindustrialización, se da en un momento en que el mundo está revalorizando el papel de este sector en la etapa pos pandemia. Un reciente informe elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial señala que “el sector industrial juega un papel clave en el fomento de la resiliencia socioeconómica. Al garantizar el acceso a bienes esenciales, como alimentos, medicamentos y vacunas, la fabricación mantiene a flote las economías y las impulsa hacia adelante”.

Para nuestro país, recuperar y potenciar su industria es vital y urgente. Para ello, es preciso abandonar la idea de que el Estado puede reemplazar a la empresa privada industrial, porque carece de la experiencia, capacidad instalada y conocimiento acumulado en más de 100 años. Pero además es imprescindible comprender que el sostenimiento de los entornos que precarizan a la industria nacional tiene el potencial para destruir al sector del que dependerá la recuperación y la reactivación de la economía en estos momentos de grave crisis y de incertidumbre. Nuevamente la responsabilidad está en manos del Estado.

Para ello,
es preciso abandonar la idea de que el Estado puede reemplazar a la empresa privada industrial
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