Juan José Toro Montoya
Premio Nacional en Historia del Periodismo
jueves , 16 de junio de 2022 - 04:00

Burrocracia en la U

Todavía existe confusión en Potosí.

Parece que el gas lacrimógeno que un desubicado liberó de su cápsula no se ha disipado y sigue haciéndonos llorar. Nos tocó hacerlo, de nuevo, el martes, cuando se supo de la muerte de la quinta víctima de esa tragedia.

Y la confusión tiene que ver con todo lo que ha cambiado desde el fatídico 9 de mayo en el que el gas provocó la estampida humana que aplastó a decenas de estudiantes. Hasta ese día, todavía había gente que creía que el mejor elemento humano potosino trabajaba en la Universidad Autónoma Tomás Frías (UATF).

¿Y por qué no? Después de todo, universidad viene de “universitas”, que quiere decir “mundo”, así que se supone que todo el conocimiento universal debería almacenarse en estos centros de formación profesional. Por mera deducción, se supone que, para enseñar, se debe tener un vasto conocimiento. A partir de ahí, los mejores profesionales, los más ilustrados y competentes, deberían ser quienes formen a sus futuros colegas. Por simple deducción, los mejores abogados, auditores, pedagogos, médicos, etc. deberían estar trabajando en las universidades.

Pero resulta que ningún abogado ni auditor del sistema universitario se dio cuenta que no se le podía fijar sueldo al máximo dirigente de los estudiantes y peor aún si este dirigente llevaba décadas en las aulas, aplazándose todos los años. No hubo un pedagogo que les diga que no se debe premiar la ineficiencia y no se debe permitir que haya estudiantes que permanezcan años en esas condiciones. En el caso de la muerte de la quinta víctima de la estampida, no hubo un médico que se percatara que esa mujer iba a fallecer si no se asumía medidas urgentes. Y esto ocurrió nada menos que en el seguro universitario que, también por lógica deducción, debería emplear a los mejores profesionales en salud formados por su propia universidad.

¿Dónde estuvo la falla? Los familiares de la fallecida denuncian negligencia médica y exponen sus argumentos. Dicen que el directorio, supuestamente del seguro universitario, debía decidir si es que se podía pagar el traslado de la paciente a La Paz, donde sería tratada por un especialista. Es decir... en lugar de pensar en salvar una vida, se estaba cabildeando.

La actitud de frenar acciones y postergar decisiones porque previamente se debe verificar que se está cumpliendo un trámite previamente establecido tiene un nombre que cada vez se hace más infame: burocracia.

En el punto álgido de la tragedia, las autoridades de la UATF creyeron que todo se resolvería entregando títulos póstumos. Después, el diario Página Siete comprobó que las familias de las fallecidas fueron dejadas a su suerte. ¿Qué pueden decir ahora, que tienen que cargar con una quinta muerta? Existe algo que se llama sentido común y, para eso, no hace falta ninguna auditoría médica.

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