Economista y abogado
martes , 17 de mayo de 2022 - 04:00

Reynaldo Marconi

Café y sustitución de importaciones

Entre 2015 y 2021, Bolivia ha exportado café a un promedio anual de $us 9,1 millones y ha importado también como promedio anual, $us 21,1 millones, presentando un déficit comercial de $us 12 millones anuales. En el contexto actual, el café representa un caso en el que la política de sustitución de importaciones constituye una opción, por cuanto el país puede producir cantidades mucho mayores a las actuales. En este proceso, existen varias barreras a superar y corresponden a la producción, procesamiento e industrialización, comercialización y consumo.

La producción de café de Bolivia se encuentra estancada. La superficie cultivada del país en café se ha quedado estancada en los últimos decenios, puesto que de 20.128 Has el 2000, se incrementó a 25.551 Has el 2020, con una tasa de crecimiento promedio anual de 1,3%. Esta tasa es muy baja, más allá del programa del café implementado en los últimos años. El 96% de las hectáreas cultivadas se concentran en el departamento de La Paz, y la mayoría se encuentra en el municipio de Caranavi. La Organización Internacional del Café (OIC), devela estadísticas que muestran decrecimiento de las cantidades producidas. Esta situación de estancamiento se presenta no obstante la ejecución del “Programa de Inversión en Caficultura” del Ministerio sectorial, de $us 26,3 millones para el periodo 2018 - 2022. Sus metas fueron 2.919 Has de nuevos cafetales, 3.684 Has de renovación, 12.600 Has de asistencia en manejo de suelos y 6.603 productores beneficiarios, entre otras. Aun cuando este programa finaliza esta gestión, no se tiene conocimiento de la evaluación parcial de sus resultados, pero la realidad es incuestionable, el actual volumen de producción del país no abastece a la demanda del consumo local.

A nivel de procesamiento existe una planta en El Alto que presta servicios particularmente a la producción destinada a la exportación. En las áreas de producción existen principalmente pequeñas plantas de prebeneficiado. Respecto a la industrialización, una de las moledoras de café tiene una pequeña planta de producción de café soluble. Y otra industria del rubro lechero produce en pequeñas cantidades una variedad de café soluble, probablemente en base a insumos importados. El límite mayor es la disponibilidad de insumos y sus costos, situación que se origina en el modelo productivo basado en café de variedad arábica. No existe, hasta donde es pública la información, iniciativas de plantas de café iofilizado. Poco se sabe del “Centro de Innovaciones de Tecnología para Café” ejecutado bajo el Programa café, con un presupuesto de $us 6,3 millones. En suma, en procesamiento e industrialización existen desafíos.

Respecto a la comercialización y el consumo local, las estadísticas de la OIC son reveladoras. En efecto, entre 2000-2014, la proporción de la producción destinada a la exportable fue del 64%, 36% al consumo doméstico; por el contrario, entre 2015-2020, dicha relación se invierte, siendo 32% a la exportación y 68% al consumo doméstico. El aspecto negativo en esta relación es que el aumento del consumo local se produce en base a un incremento de café soluble importado. Esta tendencia es ratificada por un estudio de la FAO de 2021, que establece que el 42% del consumo de café en Bolivia es café instantáneo.

La realidad es incuestionable en el rubro café, el país tiene una oportunidad de desarrollar una iniciativa de sustitución de importaciones, que deberá complementar los esfuerzos privados de los productores de café de los Yungas, produciendo principalmente café orgánico y certificado que se destina a los mercados de comercio justo, que es el que ha mantenido la oportunidad comercial para el café boliviano. En este proceso, la política pública para el sector agropecuario y el manejo de la inversión pública nacional, departamental y municipal, tienen una oportunidad de oro para una nueva fase de desarrollo cafetalero del país, promoviendo la sustitución de importaciones, incrementando la producción de café y su industrialización, y fundamentalmente impulsando una cultura de consumo sano del café producido por unos 20.000 productores de los Yungas. En fin, es tiempo desde la perspectiva de los productores organizados e instancias públicas vinculadas, de promover la producción, comercialización y el consumo sano, en base al enfoque de denominación de origen para el café de los Yungas de La Paz, sabiendo que hay experiencias exitosas en otros países, como es el caso de Colombia, entre otros.

La realidad
es incuestionable, el actual volumen de producción del país no abastece a la demanda del consumo local.
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