Esteban Farfán Romero
Especialista, estratega y asesor en Gestión Pública, Gobierno, Estrategia, Imagen, Media Training y Comunicación Política
martes , 20 de septiembre de 2022 - 04:03

Carlos Brú y el sicario

Sicario, es una palabra que causa un impacto emocional profundo y fuerte, por la connotación de mortalidad que conlleva. Un sicario es una persona que mata a alguien por encargo de otro, por lo que recibe un pago, generalmente en dinero u otros bienes.

Este término es de uso exclusivo, propio y característico del inframundo del narcotráfico y las mafias. Y sólo la usan los narcotraficantes y mafiosos, porque ellos tienen un sistema propio y exclusivo de hacer justicia a su modo. Cuando alguien falta a un compromiso, o es incómodo, estorbo o perjudica a los intereses del jefe de la mafia, la manera de apartarlo del camino, es contratar a un sicario y eliminarlo físicamente de manera violenta, imprevista y rápida. Debe ser lo más frío posible, porque se envían mensajes mafiosos abiertos y directos con ese acto de maldad y crueldad.

Y sobre sicarios, en Yacuiba el lunes 29 de octubre de 2012, un grupo de cuatro sicarios ingresaron por la fuerza intempestivamente a Radio Popular de Yacuiba, mientras su director, Fernando Vidal, se encontraba hablando en su estudio, lo quemaron vivo, por encargo de políticos corruptos, que se sentían muy incómodos, damnificados y preocupados por las constantes denuncias que hacía Vidal sobre hechos evidentes de corrupción en el Gobierno Municipal y Gobierno Regional respectivamente. Paradójicamente, después de casi 10 años, no se conoce la identidad de los verdaderos autores intelectuales, que se sospecha que son connotados políticos, pero que la Justicia ha protegido todo este tiempo.

El alcalde de Yacuiba Carlos Brú (MAS), el lunes 12 de septiembre, abrumado por la condena nacional e internacional por sus actos de persecución, hostigamiento y amedrentamiento a la prensa de Yacuiba, en una conferencia de prensa, en la que anuncia el retiro de los actos preparatorios para la demanda penal en contra de un humilde periodista de una Radio local, por denunciar mal estado del desayuno escolar, me acusó de “sicario político” y de ser el responsable de la condena social que ha recibido en los medios de comunicación.

Dentro de los políticos, Carlos Brú es el “único” político que apela a este ominoso término, que es de uso exclusivo de los narcotraficantes y de las otras mafias. No es la primera vez que lo hace, han sido varios episodios en los que recurrió a esta siniestra palabra. Ni el más bravucón y lenguaraz político que tuvimos, se ha animado a llegar a este extremo muy peligroso y oscuro.

¿Por qué es muy preocupante, inquietante y grave la acusación difamatoria e infamatoria de Carlos Brú? Porque no se puede/debe permitir traer al espacio de la política una palabra abominable como la de sicario, que sólo para los narcotraficantes y mafiosos es natural, normal y familiar. Ningún otro sector de la sociedad posee el uso en su jerigonza esta palabra. Se puede interpretar como una amenaza velada, tomando en cuenta como antecedente, un caso grave de la quema de un periodista indómito al poder.

Por otro lado, porque en cualquier sociedad moderna, la función muy importante de relacionamiento que tiene la palabra, está fuera de duda. La palabra es el vehículo a través del cual nos comunicamos y definimos la intensidad de las relaciones entre los humanos, por eso su importancia vital y capital.

La palabra tiene poder en sí misma, tiene magia, tiene energía, porque moviliza y desmoviliza, neutraliza a las personas, emociona, estimula, acciona, evoca, etc., para bien o para mal. Precisamente son los políticos, los que deben tener sumo cuidado y prudencia al usar las palabras, porque al estar en posiciones de poder, las mismas tienen consecuencias y repercusiones inherentes e inmediatas.

La Biblia dice que la palabra “es viva y eficaz, y más cortante que las espadas de dos filos, pues penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos”.

Gracias a Dios que el caso del periodista Roberto Puma Vega, fue sólo una orden judicial para que revele su fuente, y no la quema de su humanidad.

Ni el
más bravucón y lenguaraz político que tuvimos, se ha animado a llegar a este extremo muy peligroso y oscuro.
AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen.
Para más información puede contactarnos

NOTICIAS RELACIONADAS

NOTICIAS PARA TI

OTRAS NOTICIAS