Juan José Toro Montoya
Premio Nacional en Historia del Periodismo
jueves , 21 de julio de 2022 - 04:01

Surazo

Cuestión de dialogar

Luis Arce logró lo que Evo no pudo en casi 14 años de gobierno continuo: frenar un paro del Comité Cívico Potosinista (Comcipo).

No es poca cosa.

Desde que Comcipo le dobló el brazo a Jaime Paz Zamora, haciéndole anular el contrato que ya había firmado con la transnacional FMC Lithium Divisium para la explotación del litio del Salar de Uyuni, comenzó una serie de paros, cada uno más extenso que el otro, y el último solo se levantó con la renuncia de Morales.

La huelga por el litio fue en 1992 y duró siete días. Para romper ese récord debieron transcurrir 18 años. Era 2010 y Evo Morales estaba en el pináculo de su poder. Había llegado a la presidencia con mayoría absoluta y ganaba en cuanta contienda electoral participaba. Apenas dos años antes, el referendo revocatorio de mandato le había sido favorable con el 67,41 por ciento a favor de su permanencia en el cargo así que los humos se le subieron a la cabeza.

El comité cívico, que tenía un pliego de seis pedidos, le pidió dialogar y él se negó de plano. La soberbia le hacía creer que el mundo era tal y como él lo veía y, además, que era infalible. Comcipo fue a la huelga y esta duró 19 días. Finalmente, el presidente accedió a reunirse, en Sucre, pero su trato con los cívicos fue tan despectivo que nada bueno salió de ese encuentro. A partir de entonces, la relación entre Potosí y el MAS fue de pulseta permanente.

La siguiente fue en 2015. Esa vez, los cívicos salieron caminando rumbo a La Paz, para entregar su pliego en persona. Evo, que pudo salir a su alcance y desinflar el conflicto, optó por no recibirlos. En esa ocasión, la huelga duró 27 días.

Así se llegó a 2019 cuando, faltando unos días para las elecciones, Comcipo inició una huelga exigiendo la rescisión del contrato con una empresa alemana para el litio del Salar de Uyuni. Llegó el día de los comicios y saltaron las denuncias de fraude electoral. El paro de los cívicos potosinos fue entonces rebasado por la huelga general indefinida que se extendió a todo el país. Morales anuló el contrato que objetaba Comcipo, pero ya era tarde porque Bolivia le pedía su renuncia. Aquel año, la huelga potosina duró 37 días.

Esta triste historia se hubiera evitado, o cambiado, si Evo Morales simplemente accedía a dialogar, como está haciendo ahora Luis Arce. Todavía es prematuro decir que el conflicto está resuelto, porque se fijó una nueva reunión para el 10 de agosto, pero una cosa es segura: mientras presidente y cívicos estén hablando, la huelga queda en suspenso. Tal vez no la haya conjurado del todo, pero por lo menos le quitó fuerza y la frenó, así sea temporalmente. Y eso ya es mucho decir.

Todavía es
prematuro decir que el conflicto está resuelto, porque se fijó una nueva reunión para el 10 de agosto
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