Juan Antonio Morales
Profesor emérito de la Universidad Católica Boliviana y expresidente del Banco Central de Bolivia.
viernes , 24 de junio de 2022 - 04:00

De intromisiones e injerencias

Los costos de imagen para el país de la sentencia a la expresidenta Jeanine Añez son grandes. Ni el gobierno ni sus fiscales y jueces han tomado en cuenta la opinión de 23 ex presidentes de países de la región, algunos de ellos de mucho prestigio. Se han abanicado en el informe de derechos humanos del Departamento de Estado de los Estados Unidos y en los de Human Rights Watch (HRW). Han hecho una lectura selectiva del informe del GIEI y no han cumplido con su compromiso de no utilizarlo políticamente. El criterio del relator de la ONU, Diego García Sayán, a pesar de haber sido pedido por el gobierno, ha sido calificado por los funcionarios masistas de intromisión. Seguramente, dirán también que la Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACNUDH) y la Unión Europea meten las narices donde no deben.

La acusación a Añez se perdió en los vericuetos y formalismos secundarios del reglamento de debates de la Cámara de Senadores. La acusación trajo más dudas que certitudes. Los jueces no han aplicado el principio básico de la democracia del “in dubio pro reo”. La sentencia cojea jurídicamente, desgasta políticamente al gobierno y hará todavía más difícil que en febrero de este año, el acceso a los mercados internacionales de capital. Los asesores políticos del gobierno pensaron equivocadamente que con la sentencia el público admitiría el cuento de hadas del golpe de estado y que todo acabaría allí. Las cosas han resultado al revés.

En una coyuntura regional muy delicada, con inflaciones a todo dar, se necesita consensos, tanto más que el país a duras penas está dejando la pandemia y sus efectos económicos. Para un restablecimiento duradero el país necesita el concurso de todos, en sus respectivos campos de actividad, pero la actual polarización está destruyendo la economía.

La sentencia a Añez ha relegado un poco la atención a las condiciones de su detención preventiva. Nos la recuerda la OACNUDH y está en la memoria de todos, su aprehensión irregular por los rambos del Ministerio de Gobierno y de la policía. En su abusiva detención preventiva, matones y harpías la acosaron permanentemente y durante el juicio rodearon el Palacio de Justicia, amenazando a la hija de Añez y a sus abogados. Extrañamente, algunos manifestantes portaban pancartas contra los croatas. No se sabe bien a quiénes se referían en el país, pero lo que sí denotaban es su xenofobia o peor aún, su racismo. ¿Dónde queda la ciudadanía universal del discurso del canciller Mayta? Meses antes habían impedido que Añez fuera hospitalizada, a pesar de la resolución del juez que lo autorizaba. La policía no hizo nada para protegerla, con claro “incumplimiento de deberes”, que es el pastel de crema con el que se hace agua la boca el MAS. En vez de dar protección, las autoridades del Ejecutivo gestionaron la revocatoria de la resolución del juez, una prueba más de su injerencia.

Los médicos de la cárcel y los del IDIF tuvieron muy pocas consideraciones. Partieron del “aguanta nomás, está estable” para hacerla comparecer en audiencias en una situación lamentable, tal como lo hicieron con Bakovic y Aramayo hace algún tiempo. Eso del aguanta nomás lo aplicaban también los médicos del Tercer Reich que asistían a las sesiones de tortura.

A pesar de su precario estado de salud, Jeanine Añez tuvo en el juicio intervenciones de una gran lucidez. Las explicaciones de cómo llegó a la presidencia fueron muy precisas, pero los jueces no las tomaron en cuenta. Fueron igualmente precisas sus declaraciones de hasta donde llegaba su muy limitado poder.

La prensa y la opinión internacionales no tardarán en establecer el paralelismo entre las detenciones y juicios a Aung San Suu Kyi, la expresidente de Myanmar (Birmania) y a Jeanine Añez. La birmana fue depuesta por un golpe militar a principios del 2021, golpe que sea dicho de paso fue condenado por toda la comunidad internacional, salvo por Bolivia, Rusia, China y los otros cofrades. No sólo fue depuesta, sino que fue juzgada en diciembre del año pasado con las acusaciones más ridículas y condenada a varios años de prisión. Hay similitudes en esos dos juicios.

Eso del
aguanta nomás lo aplicaban también los médicos del
Tercer Reich que asistían a las
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