Jacqueline Álvarez Rosales
Docente, humanista
jueves , 09 de junio de 2022 - 11:00

Palabras sin pasaporte

De títulos, migraciones y espacios intermedios

Me tomó algo de tiempo pensar qué título le daría a esta columna. Mi impulso inicial fue bautizarla con el nombre de “Al otro lado del charco”, pero pensé luego en las varias interpretaciones de este título: ¿qué charco? ¿De qué lado estoy?, ¿por qué no otro título menos enlodado y enlodoso? Pensé luego que, geográficamente hablando, no estaba del otro lado de ningún océano y que el título nacería como un charco seco. Un segundo título que pasó por mi mente fue “Meditación en el umbral”, como homenaje a una de mis escritoras favoritas, la mexicana Rosario Castellanos. Pero pensaba hacer una alteración en la preposición, cambiar “en” por “desde”, un cambio no poco significativo. Mi mayor crítica, mi mamá, me dijo entonces que umbral sonaba muy literario, que pensara en algo como “portal” o “puerta” o “escaleras”. Con tantas opciones, y llegando al punto del cansancio, me daba igual ya llamarla “Pasando por el garaje”, “Aldaba de puerta” o “Pensando en el zaguán”, título sugerente, puesto que el zaguán es un espacio intermedio bastante importante.

En fin, pensé también en dos títulos más, uno que no me atrevo a decir por lo forzado que resultaba, aunque sí muy bonito y moderno en este tiempo en que los signos de @, / o – (arroba, barra y guion) están de moda. Pero no lo diré a menos que alguien me pregunte. Finalmente llegué al nombre que leen arriba: “Palabras sin pasaporte”, título aprobado en casa y fuera de casa. En este siglo de olas migratorias sin precedente, de límites, de pasaportes, permisos, identificaciones y control, lo único que fluye con un poco más de facilidad son las palabras. Éstas no tienen fronteras y llegan a donde quieran llegar. El único requisito es que alguien las quiera leer en su naturaleza más simple, que en las palabras puede ser múltiple, pues las hay de naturaleza (las que les asignamos, no como nacen): violentas, rudas, dulces, tranquilas, sugerentes, vanas, atrevidas, tramposas, vacías, sonoras, aburridas, científicas, simples, agudas, graves, esdrújulas, monosilábicas, ¡uf!, tantas... ¿Quién dijo que hasta las palabras no se dividen en categorías?

El nombre fue elegido porque encierra en parte mi experiencia de mujer migrante, de viajante con y sin pasaporte, de mi admiración por las palabras en su forma oral y escrita, y de mi esperanza que algún día no sean necesarios ni pasaportes ni controles para moverse, sin miedo, a cualquier parte de este gran hogar que es nuestro mundo. Por ahora, son mis palabras las que pueden salir de este espacio intermedio en que me encuentro para llegar a ustedes, y espero que sus palabras lleguen a mí en la forma en que ustedes deseen. Mientras escribo esta justificación del título, pienso también en el número de familias bolivianas con algún miembro viviendo fuera del país. Muchísimas. En todas partes. En países cercanos como Argentina, donde se encuentra el mayor porcentaje de emigrantes bolivianos, el 48,55%, y en países tan lejanos como Rusia, España, China, Estados Unidos, y muchos países más. Alguna vez escuché, como chiste, decir que uno podía encontrar cochabambinos en cualquier parte del mundo. No lo dudo, pero yo he encontrado, como escasas joyas, compatriotas paceños, tarijeños, potosinos, chuquisaqueños y cruceños, benianos y pandinos en lugares menos esperados. La migración ya no es un fenómeno de finales del siglo XX, es una realidad diaria y dura del siglo XXI. Aunque la migración ha existido en la historia de la humanidad desde siempre, y las causas que la han originado han sido diferentes, el siglo XXI nos muestra una realidad brutal de desplazamientos habituales, necesarios y, últimamente, migraciones que atentan a nuestra misma humanidad por tener un origen económico y político (escasez de trabajos, falta de responsabilidad de los gobiernos para proteger a sus ciudadanos, etc.) Según la ONU, una de cada 30 personas en el mundo es emigrante y según esta organización, en el 2020 “el número de migrantes internacionales alcanzó casi los 272 millones en todo el mundo”. Estos migrantes son niños, mujeres, hombres que salen de sus países no para alcanzar un sueño, como románticamente se piensa, sino para poder vivir o escapar de pesadillas económicas, políticas y sociales. Otros, evidentemente, porque sólo desean probar suerte y porque en última cuenta los migrantes siempre han existido y porque les da la regalada gana de ser ciudadanos del mundo. Pero detrás de los números, porcentajes y estadísticas, existen historias e historias, aspectos comunes que nos unen. Nuestra humanidad nos une, aunque las experiencias sean diferentes.

Quienes vivimos fuera del país nos hemos encontrado en ese espacio intermedio en que nos construimos y construimos nuestro país desde afuera, desde la memoria, y dentro de este espacio negociamos, nos inventamos y reinventamos sin perder nuestro amor y añoranza por nuestra tierra. Y negociamos no sólo en nuestro día a día con relación a aspectos como la crianza de los hijos, los estragos laborales, y nuestra misma identidad, sino con el tiempo. Esta columna quiere enfocarse en esta humanidad, en temas generales (de ninguna manera especializados) que nos preocupan, nos alegran y nos hacen pensar; en temas que tampoco tienen fronteras tales como la educación, la salud, el vivir lejos, la discriminación, las celebraciones, los motivos de alegría y de lamento. Su visión es comparativa, transnacional y global. Al escribir desde el mismo lado del charco y con palabras que no conocen de pasaportes, deseo que ustedes puedan también intercambiar sus experiencias y sus vivencias. Que estas palabras sin pasaporte sean entonces un ir y venir de historias.

Página Siete da la bienvenida a Jacqueline Álvarez Rosales, profesora asociada de español y exdirectora del departamento de Idiomas y Culturas del Mundo en Spelman College, como columnista de nuestras páginas, con la seguridad de que sus ideas contribuirán al debate de los temas más importantes del país y el mundo.

El único
requisito es que alguien las quiera leer en su naturaleza más simple, que en las palabras puede ser múltiple
AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen.
Para más información puede contactarnos

MÁS DE

NOTICIAS RELACIONADAS

OTRAS NOTICIAS