Rolando Kempff Bacigalupo
Economista, doctorado Ph.D. en Relaciones Internacionales
lunes , 15 de agosto de 2022 - 04:03

Debemos invertir para producir alimentos y lograr seguridad alimentaria

El sentido común, algunas veces el menos común de los sentidos, nos debería llevar a buscar con la urgencia necesaria alianza público-privada, para asegurar que se cumplan, en el mayor porcentaje posible, los planes de inversión presupuestados por el gobierno.

Recientes informes de prensa deberían encender las luces de alarma. El País de Madrid informó que “los precios de las materias primas industriales empiezan a mostrar señales inquietantes que apuntan a una recesión global. En lo que va del año, la cotización del aluminio se ha desplomado un 13%, la del cobre un 17% y las de las barras de acero un 18%, lo que indica que la demanda empieza a flaquear”.

El precio de las exportaciones no tradicionales llegó a 1.500 millones de dólares, mientras los hidrocarburos no logran superar los 1.200 millones. Aun así, los productos no tradicionales aun representan el 72% de las ventas.

El incremento de las exportaciones de los productos no tradicionales obedece más al esfuerzo de la inversión privada, tanto de pequeños como medianos y grandes empresarios.

Helima Croft, responsable global de estrategia en materias primas de RBC Capital Markets, explica que “el temor a una recesión global está ahora marcando el compás de los mercados, eclipsando incluso los temores a una inflación desbocada”.

Nuestro superávit comercial, como lo dijimos en comentarios anteriores, se debe más al aumento de los precios internacionales que a un incremento en los volúmenes de producción.

Las bajas en los precios de las materias primas industriales y agrícolas no están acompañadas por el precio del petróleo o el gas natural. Los expertos señalan que los mercados de estos combustibles están muy alterados y condicionados por el devenir de la invasión rusa a Ucrania.

Pero, no podemos ignorar el déficit fiscal que lo arrastramos de ocho años atrás, la permanente reducción de las reservas internacionales netas, el crecimiento de la deuda interna y externa, y la posible reducción de remesas del exterior.

En diciembre del año pasado, la deuda interna había llegado a 95.253,2 millones de bolivianos. En mayo de este año alcanzó los 98.859 millones de bolivianos, según datos del Viceministerio del Tesoro.

Jaime Dunn, analista financiero, señaló hace poco que, si bien existe estabilidad macroeconómica con baja inflación, este indicador tiene un costo muy alto que se refleja en el déficit fiscal elevado y en la reducción de las Reservas Internacionales Netas (RIN). “Para mantener la inflación el país debe subvencionar e importar carburantes y alimentos más caros”.

En un escenario donde el recurso “dinero” es cada vez más caro, solo queda la inversión privada, que puede llegar al país si el Gobierno ofrece seguridad jurídica y reglas de juego claras.

El 2021 y en lo que va de este año, el país tuvo significativos superávits comerciales, pero no aumentaron las RIN. Recordemos que estas reservas llegaron a 4.752 millones de dólares a fines del año pasado y al 5 de junio de este año bajaron a 4.418 millones. El stock de divisas se redujo de 1.648 millones de dólares a 1.351 millones de dólares (BCB).

Es cierto que la economía empieza a dinamizarse, pero debemos ser claros al sostener que la economía nacional sigue en etapa de recuperación, todavía no de crecimiento. La realidad nos lo confirma: El empleo sigue precarizándose, al primer trimestre de este año la tasa de desocupación era de aproximadamente el 6% -unas 300 mil personas desocupadas- y de la población que tiene trabajo cerca del 70% no tiene un empleo formal.

Y el sector petrolero no sale de su crisis, hoy se produce 30% menos gas natural que en 2015.

Esta realidad nos remarca que el futuro es verde, no solo por el biocombustible, sino también porque debemos ponernos la meta de ser un gran productor de alimentos de Sudamérica y este trabajo el sector privado sí lo conoce.

El incremento
de las exportaciones de los productos no tradicionales obedece más al esfuerzo de la inversión privada
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