Carolina Méndez Valencia
Periodista
viernes , 12 de agosto de 2022 - 04:05

La gata de Schrödinger

Demanda al Estado boliviano tras infantilización a las madres

Hace exactamente un mes, María Galindo destapó mediante su programa en Radio Deseo un escandaloso caso de sobreprecio en el subsidio prenatal y de maternidad. El tema me causó casi tanta indignación como la respuesta del Estado ante semejante denuncia. Prepotencia, hacer la vista gorda, ninguneo a las madres, envío de grupos de choque y menosprecio a las mujeres son algunas de las actitudes que vimos durante estas semanas.

En principio la posición fue negar que había sobreprecio cuando era más que evidente al comparar el precio de los pañales, los fideos o el queso. Totalmente caradura, apareció Néstor Huanca, ministro de Desarrollo Productivo, señalando que el precio alto se explicaba por los “costos de distribución”, como si los supermercados comerciales no tuviesen ese tipo de gastos. No hay sustento para justificar que una oferta privada que busca lucrar, ofrezca menores precios que los que da el Sedem (Servicio de Desarrollo de las Empresas Públicas Productivas).

Por si minimizar la denuncia fuera poco, el Sedem se ha encargado sin escrúpulos de promover todo un discurso de posible afectación a la industria nacional como si las madres estuvieran pidiendo dejar de consumir lo local. Luego de que se destapó el caso, la cuenta de Facebook del Sedem se ha dedicado a publicar diariamente transmisiones en vivo y videos con entrevistas a productores que afirman estar muy preocupados porque sufrirán afectación en sus fuentes laborales. De forma ruin, el Sedem construye la idea de que las protestantes son enemigas de los pequeños productores.

La billetera móvil no es plantear recibir dinero para gastar en productos de exportación, sino la posibilidad de elegir qué productos bolivianos de los ofertados son requeridos para las madres y sus bebés. En vez de desinformar, deberían dedicarse a trabajar para hacer factible la legítima demanda de las mujeres que no piden otra cosa que dignidad y autonomía.

Ya sabemos que si bien es el Estado, a través del Sedem es quien administra el subsidio, el dinero sale de las empresas que están obligadas a hacer ese aporte por cada trabajador o trabajadora beneficiario. El subsidio no es un regalo del Estado y por el contrario, ha quedado en evidencia que es un mecanismo de sistemático robo a las mamás.

La contramarcha que se hizo para tratar de evitar que las mujeres protestantes lleguen a oficinas del Sedem en La Paz, es una muestra contundente de cómo el Estado patriarcal pretende infantilizar a las mujeres, tildándonos de no aptas para velar por nuestra propia salud o la de nuestras wawas. El patético guión de las comisionadas como grupo de choque fue el apoyar el modelo actual y oponerse a la billetera móvil porque esta abre la posibilidad de comprar “tragos y zapatos”. Algo así como, “gracias por no dejarme caer en la tentación y librarme del mal”.

Por ello, es plausible que aquellas mujeres que fueron infantilizadas y tildadas de no ser aptas para administrar su alimento, son las mismas que demandaron al Estado en una acción popular por lesión a derechos comunes. Esto claro, luego de haber enviado 72 cartas al Sedem, al Ministerio de Desarrollo Productivo y a la ASUS para solicitar la habilitación de la billetera móvil.

Estas mamás han tumbado el discurso estatal que aboga por el paternalismo del sistema actual y están acusando al Estado boliviano no sólo de hacer un trabajo deficiente sino de atentar contra su salud por darles productos que no son idóneos para todas.

No es novedad para nadie que la venta del subsidio es muy habitual tanto de forma directa con mujeres que salen a los mercados a vender, como de forma virtual a través de ofertas vía Facebook. Sabiendo esto, ¿por qué no analizar lo que se está haciendo y evidentemente no funciona como debe?, ¿por qué no dejar la arrogancia y escuchar a las madres bolivianas sin paternalismo y ninguneo?, ¿por qué esperar la demanda para ceder a la billetera móvil? Quizás porque defender la estructura burócrata actual permite mantener privilegios y nutrir bolsillos a costa de meter mano al monedero de las madres en Bolivia.

De forma
ruin, el Sedem construye la idea de que las protestantes son enemigas de los pequeños productores.
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