Ronald MacLean-Abaroa
Exalcalde de La Paz y exministro de Estado
martes , 31 de mayo de 2022 - 04:00

Puente del Topáter

El arcaico populismo tecnológico de Nayib Bukele

En su primer discurso como presidente de El Salvador, el joven y carismático Nayib Bukele hizo una descarnada aunque amable crítica al “formato” de las asambleas generales de las Naciones Unidas que se celebran cada año en Nueva York. Esa alocución, de apenas 18 minutos, sigue aún circulando hoy “viralizada”, con más de 80.000 “likes” y calificada como un “tremendo discurso”.

Apelando a su éxito electoral, como ejemplo de haber derrotado a los dos partidos tradicionales con su “Bukeline” y el uso de la tecnología celular para comunicarse personalmente con su electorado, Bukele sugirió que las Naciones Unidas adopte un sistema similar, dándole la palabra, dijo, a miles de millones de jóvenes que pudieran aportar ideas nuevas y soluciones a los problemas del mundo.

En su discurso en la ONU, sugirió, entre otros, dar millonarios incentivos económicos a jóvenes que encuentren soluciones creativas a los problemas y que prácticamente sean los “milennials”, en vez de los Jefes de Estado, los que decidan y participen activamente usando los canales modernos de comunicación.

Mencionó, además, una anécdota sobre el paseo que una maestra rural de escuela hizo dar a sus pequeños alumnos de escuela cargados de instrumentos musicales caseros de latas y cucharones por unos senderos de su comunidad para celebrar el Día de la Independencia de su país. Alguien filmó aquello, lo subió a Facebook, y el video logró llegar a él, “El Presidente”.

Tres días después, Bukele envió al lugar a “sus” ministros (¿más de dos?), a nombre de él: regalaron instrumentos musicales, les pavimentaron el pueblo, les pusieron alumbrado público “LED”, etc., etc.

A ello se refiere –aclaró– a que con el uso de la tecnología todos pueden estar conectados y hacer oír su voz y sus demandas. Pero al poner este ejemplo, Bukele no explicó si su país contaba con un sistema de “participación popular y control social”, como el que tuvimos en Bolivia desde 1994: que organice, jerarquice y priorice la demanda social; o con algo similar a la “AppCaldía” que propuso el candidato a alcalde de Santa Cruz, Enrique Bruno, para que los ciudadanos tengan acceso a una plataforma municipal que sistematice este tipo de información. No lo sabemos; no lo dijo, él no habla de sistemas.

Bukele es el presidente que hasta hoy ha adoptado los “Bitcoins” como moneda oficial en El Salvador; que ha embargado los sueldos a los parlamentarios (de oposición) que no concuerden con él; que ha tomado control del Poder Judicial; que tiene a sus familiares en eminentes puestos públicos. Y que así cuenta con una popularidad mayor al 90%.

Como excanciller y diplomático “a-la-carrera”, estuve tratando de tomar en serio sus palabras ante la ONU. Pero era obvio que el joven presidente no sabía para qué había acudido a aquella 74a Asamblea General. Tampoco pareciera entender la función milenaria de la diplomacia personal entre jefes de Estado, que ya han transformado la diplomacia otrora, eminentemente representativa. Ni que la ONU no estaba detrás de un “poder convocatorio” para buscar soluciones globales a través de concursos intelectuales individuales, por millones. Y otorgar premios por decenas de millones a cada ganador.

Pero si nos guiamos por ese discurso y sus acciones posteriores como gobernante, pareciera que Bukele es un populista arcaico con uso de tecnología moderna para concentrar el poder y resolver los problemas “desde arriba”, basado en los impulsos instantáneos de respuesta selectiva, si no casual, a los problemas locales o nacionales; como si se tuviera disponible recursos y ministros ilimitados, y un presidente en Facebook o Twitter, permanentemente.

Un gobernante moderno habría entendido que el truco del buen gobierno, no es regalar los peces, sino enseñar a pescar.

En cambio, Bukele sostiene que aquel adagio de que “toda la política es local” se ha transformado en que “toda la política es personal”. No a través de procedimientos institucionales estables, o a través del funcionamiento de una economía abierta y un sistema de precios y de libre mercado; sino en última instancia, a través de la relación personal, individual del “jefe” con el ciudadano.

¡Populismo arcaico arropado en tecnología moderna!

Un gobernante
moderno habría entendido que el truco del buen gobierno, no es regalar los peces, sino enseñar a pescar.
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