Jacqueline Alvarez Rosales
Docente, humanista
jueves , 23 de junio de 2022 - 04:06

Palabras sin pasaporte

El arte de eclipsar

Los días cercanos a la fiesta de San Juan me hacen pensar en el solsticio de invierno, pero también en los eclipses. Uno de mis microrrelatos favoritos es precisamente “El eclipse” (1959), de Augusto Monterroso. En él se relata la muerte del fraile español Bartolomé Arrazola a manos de indígenas mayas durante el tiempo de la Conquista. Resumiendo, la historia narra la captura del fraile y su traslado al altar del sacrificio. Ante su inminente muerte, y como último recurso para salvarse, Arrazola tiene la idea de emplear su conocimiento universal (occidental) sobre el eclipse solar que ocurriría ese día, para decirles a los indígenas: “Si me matáis, puedo hacer que el sol se oscurezca en la altura”. Dos horas después, dice el relato, su corazón chorreaba sangre sobre la mesa de sacrificio mientras un indígena recitaba las infinitas fechas anotadas por astrólogos mayas, en sus códices, sobre los días en que se producirían eclipses solares y lunares.

Este microrrelato presenta múltiples temas, pero uno de mis preferidos es el conocimiento occidental versus el conocimiento y los saberes ancestrales y tradicionales. Los saberes tradicionales de poblaciones indígenas y afro, entre otras, han sido opacados por el conocimiento occidental y tomados por siglos como saberes no científicos, creencias, supersticiones, saberes subalternos, folklores, y casi nunca saberes considerados como veraces, fidedignos o incluso artísticos. Sus productores, asimismo, han sido poco atendidos con relación a quienes producen y repiten saberes occidentales. Se me vienen a la cabeza los cánones de lectura que manejamos, nuestros ideales, conceptos y modelos de arte.

Hay mucho investigado sobre ambos saberes, por lo que no escribiré sobre esto. Pero sí escribiré sobre la presencia de los varios Bartolomés Arrazolas que existen en todas las sociedades. Lamentablemente siempre hay muchos. Éstos consideran que su conocimiento es superior, que pueden eclipsar el conocimiento ancestral y crear ficciones que les permitan controlar, manipular y asustar a poblaciones “minoritarias”, y que es fácil hacerlo, sino a través de la demagogia del discurso, del ejercicio del populismo, de hacer creer que estas poblaciones son protagonistas de cambios, cuando en realidad son sólo utilizadas. Pero estas poblaciones saben, como los astrónomos mayas del relato de Monterroso, el cómo, cuándo y el dónde de los límites. Pero no lo dicen. Esperan. Actúan.

Los Bartolomés Arrazolas no sólo son blancos, hombres y heterosexuales, sino que pueden ser mujeres, indígenas, afros y con libertad de elección sexual. El discurso se mueve a través de todo, es engañoso y muy peligroso dado su rol en la formación y consolidación de estructuras. Dentro de este engaño, pensar que una mujer es feminista por ser mujer es equivocado; he conocido a muchísimas mujeres que no sólo apoyan, sino que sostienen sistemas patriarcales. Pensar que un hombre es machista sólo por ser hombre es también desatinado. Pensar que un representante indígena trabajará por su comunidad es también erróneo, y asumir que una persona afro luchará por los derechos de los pueblos afro es limitante. La representatividad es una cosa. La verdadera participación y representación es otra.

Dos buenas noticias internacionales con respecto a la representatividad (esperemos también representación) han surgido el pasado fin de semana. Ambas traen la esperanza de cambios estructurales y esperemos no sólo discursivos: la primera es la celebración del feriado nacional “Juneteenth”, en los Estados Unidos. Juneteenth (19 de junio) celebra el fin de la esclavitud en los Estados Unidos. A pesar de que la abolición se proclamó en 1863 y se informó a los esclavizados de Galveston, Texas, que la esclavitud había llegado a su fin el 19 de junio de 1865, no fue sino hasta el pasado año, 2021, que el presidente Biden instauró este día como feriado nacional federal (por décadas este día fue observado y celebrado por la comunidad afroamericana). La segunda noticia es la elección de la primera vicepresidenta afrodescendiente (sin importar el partido al que representa) de Colombia. Aunque no es la primera vicepresidenta afro en Latinoamérica (Epsy Campbell, de Costa Rica, lo es), Francia Márquez y la frase “que la dignidad se vuelva costumbre” devuelve la esperanza a una comunidad de más de tres millones de personas afrocolombianas invisibilizadas por siglos.

Que Juneteenth sea entonces el despertar de generaciones con visión de verdaderos cambios estructurales y sistémicos, y que la nueva vicepresidenta de Colombia pueda actuar en beneficio de su país y de las comunidades afrodiaspóricas. Que Francia Márquez no quede como representación simbólica. Tampoco que encuentre a su paso, o se transforme ella misma, en otro Bartolomé Arrazola. Que el Ubuntu que invoca (“soy porque somos”/filosofía africana) unifique más a nuestra Sudamérica diversa.

Pero sí
escribiré sobre la presencia de los varios Bartolomés Arrazolas que existen en todas las sociedades
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