Agustín Echalar Ascarrunz
Operador de Turismo
domingo , 19 de junio de 2022 - 04:00

La curva recta

El retorno del Inca

El fin de semana pasado no estuvo exento de noticias fuertes, algunas extremadamente conmovedoras, la muerte del niño de Yapacani, víctima de abuso sexual y de una increíble dejadez institucional y social, la condena totalmente ilegal de la expresidenta Añez, y para la mitad de los paceños adictos al futbol, la derrota de su equipo en un partido emblemático, que además era la culminación de una copa local. Ese mismo fin de semana tuvo lugar la famosa fiesta del gran Poder, y allí, un grupo de tres hombres jóvenes, representando a unos incas imaginarios, muy musculosos y con muy poca ropa, no solo se robaron el espectáculo, sino que dieron que hablar durante toda la siguiente semana, opacando de alguna manera las otras noticias.

Las implicaciones de este acto que parece tan sencillo y banal, la participación de tres bailarines en medio de miles en una fiesta religiosa, son muchas. Empezando porque se trata de un acto hedonista, un homenaje al placer y a la sensualidad, los muchachos se presentaron como objetos sexuales, y estaban muy felices de ser vistos y tomados como tales, (algo que puede enfurecer a más de un feminista dogmático), pero que pone en evidencia una parte de la naturaleza humana.

En segundo lugar, el hecho de que este despliegue de sensualidad se de en una fiesta religiosa católica pone algunas cosas en su lugar, por un lado algunos podrían pensar en que se trata de una contradicción, sobre todo si se toma en cuenta la doctrina desexualizadora del cristianismo, pero no se debe olvidar el sincretismo que desde siempre ha significado lo católico. La fiesta del Gran Poder, es ante todo un carnaval que se hace en época en que no llueve, y sin juego de agua, y eso permite a la gente lucir mejor sus vestimentas.

Nuestras fiestas religiosas, las más importantes siempre tienen una entrada con baile, tienen ese algo de carnaval, ese algo de espacio irreverente donde se puede colar todo, tanto las tradiciones ancestrales locales, como las de lugares lejanos, o las hollywoodenses, como es el caos de los Tobas, o el de las tortugas Ninja, y también puede aparecer la globalización.

Y eso es el extra que han traído los jóvenes arriba mencionados, porque luego de haber hecho sensación durante el baile, de ser comidos con los ojos por unas y por otros, de haber sido toqueteados por las más atrevidas, (o borrachas), dos de ellos han declarado que son gays, y que son una pareja estable hace varios años, y que planifican formalizar su unión ante el Estado.

Sus declaraciones han sido recibidas con extrema simpatía, solo un pequeño porcentaje de gente muy pacata se ha escandalizado y los ha insultado por las redes. Posiblemente lo más interesante que ha sucedido esta semana, es que se ha dado un enorme paso para la normalización de la homosexualidad, o si se quiere, de la diversidad, y eso se ha dado en todos los segmentos sociales. Ni una campaña planificada para ese fin hubiera podido funcionar mejor.

La libertad sexual se puede consolidar de mejor manera a partir de acciones como las de los dos jóvenes en cuestión, antes que con confrontaciones y provocaciones. La sutil manera en que el tema ha entrado en una de las manifestaciones más importantes del calendario católico es simplemente fascinante. A veces, bailando se gana más que pintarrajeando.

Podemos decir que lo sucedido en la fiesta del gran Poder, ha sido un Pachacuti al son del siglo XXI. Los dos hombres no hicieron nada excepcional, salvo dar rienda suelta a su hedonismo, al placer de bailar y exhibir sus cuerpos. En el carnaval de Rio de Janeiro hubieran pasado inadvertidos, pero aquí en los Andes han causado sensación. Solo nos podemos alegrar por ellos, y por todo el país. Han sido una noticia refrescante en un fin de semana con horribles noticias.

Obviamente no creo que nuestros recientemente coronados incas vayan a Tiahuanacu este 21 de junio, hace demasiado frío al amanecer para andar en traje de Inca del Gran Poder, y por el otro lado, esa es una celebración chuta, Franco de la Cuenca y Ariel Ledezma son en realidad muy auténticos, y no hacen juego con las farsas.

En el
carnaval de Rio de Janeiro hubieran pasado inadvertidos, pero aquí en los Andes han causado sensación
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