Mirna Luisa Quezada Siles
Periodista
martes , 20 de septiembre de 2022 - 04:04

El sentir de los estudiantes

Cansados, estresados, con poca motivación por el aprendizaje y gran desazón, son algunos de los síntomas que varios especialistas en psicología encontraron en niños, adolescentes y jóvenes en muchos establecimientos educativos que volvieron a clases presenciales a inicios del 2022. El encierro de dos años provocado por el virus Covid 19 golpeó muy fuerte en la sensibilidad de los estudiantes de todo el mundo y Bolivia no fue la excepción.

Según resultados de un sondeo de opinión realizado por U-Report de UNICEF Bolivia, 8 de cada 10 adolescentes y jóvenes, expresan sentir angustia, depresión y ansiedad a causa del nuevo contexto social, familiar y personal producto de la pandemia. Los problemas originados o profundizados en la cuarentena les impiden dormir, socializar y realizar diversas actividades debido a la enorme cantidad de pensamientos que les generan intranquilidad.

La investigación agrega que 6 de cada 10 adolescentes y jóvenes perciben algún grado de quiebre en la relación con sus propias familias, situación atizada por la terrible enfermedad. Adicionalmente, el estudio y rendimiento escolar es motivo de extrema preocupación porque la mayoría de los encuestados afirma estar “agobiado y angustiado”.

Definitivamente la pandemia hizo estragos en materia educativa porque la modalidad virtual no sólo demostró la desigualdad en cuanto al acceso a internet y herramientas o equipos necesarios para el aprendizaje; sino que se vieron afectados métodos así como conocimientos impartidos y adquiridos, siendo las metas cumplidas de forma parcial o desigual.

Los escenarios fueron diferentes: numerosos estudiantes perdieron horas de estudio y se sacrificaron por recuperarlas; la mayoría de los profesores hizo un trabajo titánico para cumplir con lo programado por el Ministerio de Educación; las familias especialmente los padres y madres, apoyaron a los maestros improvisando procesos de enseñanza y sumando responsabilidades al margen de sus quehaceres diarios.

Este 2022, desde inicios de la gestión escolar, se trató de hacer un compendio de tres años en uno. La nivelación en las distintas materias resultó -y lo sigue siendo- complicada. Existen muchos vacíos académicos y para los profesores su labor se puso cuesta arriba al tener que reforzar hábitos de estudio, distintas habilidades y encargarse de los temas socioemocionales de centenares de alumnos. El acompañamiento fue integral; pero aun así se advierte desesperanza, especialmente en los adolescentes.

El cierre de los establecimientos educativos interrumpió el aprendizaje normal y pegó fuerte fundamentalmente en los que iniciaron el ciclo escolar porque ahí adquieren destrezas básicas y en aquellos a punto de salir bachilleres porque se les dificulta el ingreso a escuelas superiores o incluso al mercado laboral.

Adicionalmente, esa paralización repercutió en la mala alimentación de los estudiantes; poca o nula preparación de las familias para enseñar; desigualdad en las clases digitales (el satélite Tupac Katari y los equipos de la empresa Quipus no prestaron ayuda alguna); aumento del abandono escolar y -lo peor- violencia doméstica y abusos.

Caben aquí algunas reflexiones, niños, adolescentes y jóvenes deben mirar al futuro desde una óptica de optimismo para que el mañana siempre sea mejor. Los estudios en todo nivel deben forjarse en base a desprendimientos y voluntad para compensar en muchos casos, el sacrificio y dedicación de estudiantes, profesores y padres de familia. Para esto es necesario que el gobierno tome medidas urgentes para reparar los daños causados en la educación; pero no simplemente con discursos o exigencias para cumplir objetivos inalcanzables; sino con adecuadas políticas que se lleven a la práctica.

Todavía se está a tiempo para planificar una buena educación en Bolivia y que los estudiantes no se consideren perdidos y desamparados o se dejen llevar por los peligrosos vicios del alcoholismo, el tabaco y las drogas que proliferan por doquier, actualmente. Es necesario que la sociedad en su conjunto conozca el sentir de los estudiantes no sólo cada 21 de septiembre; sino cada día, siempre.

Para esto
es necesario que el gobierno tome medidas urgentes para reparar los daños causados en la educación
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