Ronald Nostas Ardaya
Industrial y ex Presidente de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia
miércoles , 17 de agosto de 2022 - 04:06

Punto de equilibrio

El vacío que dejó la Central Obrera Boliviana

La Central Obrera Boliviana fue una de las instituciones sociales más importantes de la historia nacional y, durante décadas, jugó un papel muy importante en la defensa de los derechos de los trabajadores, en especial de los mineros, que detentan hasta hoy el máximo control de la organización. Su participación fue fundamental en la recuperación de la democracia y hubiera sido decisiva en la época de las grandes transformaciones y desafíos como las que vivimos.

Lamentablemente, desde hace varios años, su dirigencia perdió la capacidad y la lucidez para responder a las nuevas realidades de un país transformado por la desideologización, la mayor exigibilidad de derechos, la lucha por la igualdad de género, la impronta de los jóvenes, el crecimiento de las clases medias emprendedoras y la globalización.

Hoy, la COB sucumbe lentamente a la pérdida de legitimidad y de representación. Un estudio del Observatorio de la Deuda Social en Bolivia revela que, a 2018, la población ocupada afiliada a un sindicato o asociación laboral era apenas del 11,4%. De acuerdo al Estatuto cobista, están incluidos en la organización, los campesinos, colonizadores, trabajadores del Estado, Corporaciones de Desarrollo, artistas y escritores, --entidades que han tomado su propio camino o que ya no existen--, mientras que se excluye a los trabajadores de las pymes, del sector de los servicios, los que trabajan a tiempo parcial, el autoempleo, etc.

En relación a la legitimidad, la dirigencia de la entidad optó en los últimos años, por formar parte del proyecto de poder que hoy nos gobierna, pese a que su propio estatuto proclama la “Independencia de la COB como organismo de la clase con relación al gobierno, partido político u otras formas de presión sectaria en su seno...”. Esta adhesión plena a una organización partidaria, limitó su independencia organizacional, proscribió el pluralismo de sus miembros y sometió sus métodos de lucha a las políticas oficialistas, subordinando los objetivos institucionales a la militancia de sus dirigentes.

El profundo debilitamiento de la Central Obrera tiene efectos muy graves en el sistema de organización social, porque neutraliza la reflexión libre y la búsqueda de soluciones a los problemas de todos los trabajadores, que hoy carecen de una instancia que defienda sus derechos; que articule sus objetivos e intereses con el resto de las instituciones sociales; y que aporte con propuestas, ideas e iniciativas al desarrollo del país.

En los últimos años, el papel de la Central Obrera, se circunscribió a la demanda de incrementos salariales y estabilidad laboral absoluta para sus pocos afiliados; mayores beneficios para sus dirigentes, y defensa del gobierno. Los acuerdos bipartitos Estado-COB, lejos de mejorar las condiciones del conjunto de los trabajadores bolivianos, aportaron a una creciente pérdida de la calidad del empleo y un aumento de la informalidad, debido a que la presión salarial desmedida y la asfixia de las empresas generadoras de fuentes de trabajo, dificultan la nueva contratación en el sector formal y empujan a los desocupados a la precariedad.

Los datos son evidentes: Bolivia aumentó la informalidad laboral de 62% en 2005 a 85% en 2020; la tasa del empleo urbano cubierto por la norma es de apenas el 16%; el porcentaje de trabajadores con ingresos inferiores al salario mínimo subió del 6,5% en 2009 al 18,9% en 2020. La visión parcializada de los dirigentes, su obediencia partidaria y el desinterés por las necesidades de todos los trabajadores, están aportando a que estas cifras aumenten.

Mientras esto ocurre, las organizaciones de trabajadores en el mundo siguen un camino distinto. Desde hace muchos años, la OIT impulsa el modelo de coordinación tripartita, no solo en el ámbito salarial, sino en el debate de políticas de desarrollo y crecimiento con justicia y equidad. La paulatina desproletarización y la emergencia del emprendedurismo individual y familiar como fenómeno socioeconómico, pero sobre todo la redefinición de las relaciones sociales a partir de la cooperación, la articulación y la asociatividad, en reemplazo de la confrontación y la lucha de clases, son el camino que hoy están adoptando las organizaciones de trabajadores, el sector privado y los Estados democráticos.

Mientras la COB se mantenga en el anacrónico debate ideológico, velando solo por los intereses de una minoría y anteponiendo la lealtad partidista a los intereses de su sector, el 85% los trabajadores bolivianos que hoy no tienen ninguna representación, seguirán pagando la cuenta del vacío institucional que hace muchos años ha dejado la que fue “la máxima y la única organización representativa del proletariado”.

La dirigencia
de la entidad optó en los últimos años por formar parte del proyecto de poder que hoy nos gobierna
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