Alberto Bonadona Cossío
Economista
sábado , 04 de junio de 2022 - 04:00

Economía de papel

Empresas privadas y públicas

Me sacaban del Ministerio del Interior después de haber pasado más de tres meses en un campo de concentración creado por la dictadura de Mesa Tejada y Arce Gómez, eran las 4 de la tarde y la paranoia me hizo pensar que podrían volverme a encerrar. Acababa de firmar una carta que me comprometía a “no realizar ninguna acción en contra de Bolivia”. Yo la firmé sin titubear. Desde mi perspectiva no era yo que hice o haría algo en contra de este país. Eran ellos, mis carceleros y los gobernantes autoritarios, quienes actuaban en contra de la libertad y la vida de los bolivianos.

En la presentación de una charla TED (nov. 2018) de Javier Milei, uno de los exponentes libertarios más conocido en las redes y otros medios, se lee que este economista “ha dedicado toda su vida a defender las ideas de la libertad económica” y se añade que él cuenta “cómo a través de la historia el capitalismo ha resultado ser superior respecto a otros sistemas”. Es curioso pensar en que podría decirse lo propio del mismísimo Marx, en su época por cierto.

Marx hablaba de un capitalismo en plena revolución industrial y las grandes corporaciones eran embriones en plena gestación. No es el mismo escenario que vive Milei en Argentina y el decaimiento de esa economía, del cual este señor apunta al Estado como el principal causante del gran desastre de esa economía.

Personalmente, no creo que desde la emergencia de las poderosas corporaciones transnacionales la acción del Estado ha sido nociva en toda ocasión que le toca intervenir. Que hay resultados absolutamente negativos que causa la intervención del Estado no me cabe duda, especialmente cuando crea elefantes blancos presentados como milagros para impulsar el desarrollo y solo son el disfraz de pequeños y grandes sobornos.

Hace algún tiempo en distintos espacios, nacionales e internacionales, la defensa de la libertad de mercado y del capitalismo resuenan con gran rimbombancia. Y, por supuesto, estas posiciones generalizan la acción del Estado como si todos fueran iguales; el de Alemania, Francia, China, EEUU, Reino Unido, Bolivia o Chile, “todos son lo mismo”. Y lo cierto es que hay grandes diferencias.

En Estados Unidos, por ejemplo, el Estado es fuertemente influenciado por los grandes intereses de las grandes empresas al punto que, como señalaba el célebre economista J. K. Galbraith, en su libro “El nuevo Estado industrial” (1967), la industria bélica es tan pujante que las decisiones de qué producir las asume el complejo bélico industrial porque ya se sabe quién comprará. En China, que es tan capitalista como cualquier otra economía, un autoritario Estado ha hecho posible alcanzar el dominio que exhibe en tantos campos que sobrepasan lo económico.

La contraposición del accionar económico del Estado y de la empresa privada se realiza por los economistas, apóstoles del desarrollo capitalista, bajo el gran supuesto de que lo privado es una especie de cataplasma mágico cuya eficiencia es incuestionable Solo hay que recordar la gran defraudación que la empresa Enron hizo sin tener patrimonio real alguno, o lo que Aerosur, con todo alquilado, dejó casi nada para el embargo, o el señor Iberkleid que vendió al Estado una empresa quebrada. En este último caso lo privado y lo público pecan de ineficientes.

No se trata de ver vicios o virtudes donde no existen. El economista Antonio Saravia, por ejemplo, afirma (El Deber, 23/5/22) que las pensiones, al pasar a una empresa pública, esta naturalmente utilizará los recursos de los aportantes a las AFP para “Financiar la Renta Dignidad”. No conoce, o prefiere exhibir ignorancia, respecto a la figura de fideicomiso que rige en instituciones, privadas o públicas, que administran pensiones. Esta figura frena que los patrimonios ajenos se mezclen con los propios (o, en su caso, estatales como los de la Gestora). Creo que haría bien Saravia en analizar la ausencia de transparencia que abundó en la compra de cupones de bonos fragmentados realizados por las AFP cuando su mandato de agentes es buscar el máximo beneficio de sus principales (los aportantes).

Con sus méritos y defectos, vivimos en la época de convivencia del Estado y la empresa privada, el mercado y la planificación. Solo podemos esperar que cada uno firme, con puño y letra, que su conducta no va en contra de Bolivia o de los bolivianos.

Con sus
méritos y defectos, vivimos en la época de convivencia del Estado y la empresa privada
AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen.
Para más información puede contactarnos

MÁS DE

NOTICIAS RELACIONADAS

OTRAS NOTICIAS