Windsor Hernani Limarino
Especialista en Relaciones Internacionales
jueves , 16 de junio de 2022 - 04:00

¿Éxito o fracaso de la IX Cumbre de las Américas?

El éxito o fracaso de una Cumbre debe ser evaluado por sus resultados, principalmente por la calidad de las soluciones que aporta a los problemas comunes y los potenciales beneficios que ofrece a sus asistentes. En términos de teoría de juegos, un buen resultado refiere a una situación en la cual los participantes cooperan y todos ganan.

Finalizada la IX Cumbre de las Américas, los logros son: un Acuerdo firmado por 20 países sobre la migración, 300 millones de dólares aportados como ayuda humanitaria para el éxodo migratorio de los venezolanos, é invocaciones para el combate al tráfico ilícito de drogas.

Evidentemente los resultados no son satisfactorios. Una de las causas es un accionar inapropiado de algunas delegaciones, que transgreden las formas y los propósitos de la diplomacia. No aprovechan la oportunidad para la búsqueda de beneficios a través de la compatibilización de los intereses propios y de sus interlocutores. Asistieron a boicotear el encuentro, acentuando las diferencias y volcando sus esfuerzos hacia la disputa y no hacia la concertación.

Una “amenaza” de inasistencia, para que se revirtiera la exclusión de Cuba, Nicaragua y Venezuela en la Cumbre, fue el inicio de la colisión. Táctica que bajo circunstancias normales, en teoría de la negociación, diplomáticamente no es recomendable, ya que es un mecanismo de presión que crea un ambiente poco cooperativo y puede ocasionar una espiral de actitudes más ofensivas y agresivas.

La amenaza era endeble y consecuentemente no tuvo efecto. La asistencia de los presidentes de Bolivia, México, Honduras y otros no hubiera alterado, en la esencia, los resultados de la Cumbre. Al contrario, acceder a la presión generaba bullicio, ya que daba tribuna a los caudillos del seudosocialismo, quienes tenían las maletas listas y el discurso preparado para acusar al capitalismo como responsable de los problemas que adolece el planeta.

Durante el desarrollo de la Cumbre el comportamiento verbal de confrontación no cambió. En las alocuciones de los Jefes de Estado o Cancilleres, el énfasis estuvo marcado en el reproche, dejando de lado los verdaderos temas de interés hemisférico.

La exclusión de Cuba, Nicaragua y Venezuela por parte del anfitrión fue el eje de los cuestionamientos. Consideran que es un acto hegemónico e injerencista, olvidando el deterioro del Estado de Derecho, que existe dentro de estos tres países. Los informes de las instituciones de protección de Derechos Humanos del sistema multilateral, instituidos de común acuerdo - incluidos los acusados – dan cuenta de ello.

La postura de Chile causó extrañeza. En los inicios abogó por la participación de todos los países del hemisferio en la Cumbre. En su intervención, Gabriel Boric aclaró que el propósito del pedido era enrostrar a Cuba, Nicaragua y Venezuela la necesidad de liberar los presos políticos y respetar los derechos humanos.

La intervención del Presidente argentino dejó atónitas a varias delegaciones. A nombre de la CELAC censuró a la OEA y propuso su reestructuración; cuando a contrario sensu, hace poco tiempo, en la propia Cumbre de Presidentes de la CELAC, la insinuación fue rechazada. Cabe recordar las palabras del Presidente de Uruguay Luis Lacalle Pou, quien dejó claro que en ningún caso integrar la CELAC significaba dejar en desuso la OEA.

Es más, curiosamente el presidente Alberto Fernández asumió la representación de Nicaragua, país que durante la última reunión de la CELAC lo acusó de convertirse en un instrumento del imperialismo, cuestionando su liderazgo.

Como ya era previsible, la IX Cumbre de las Américas no alteró el panorama del hemisferio. América está fragmentada y polarizada. Existe un alineamiento ideológico que impide a algunos países tener una política exterior coherente, destinada a alcanzar y proteger sus intereses. La diplomacia de los países debe impulsar relaciones de respeto mutuo, recuperar el diálogo y la cooperación, máxime cuando existen vientos de crisis.

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