Alberto Bonadona Cossío
Economista
sábado , 30 de julio de 2022 - 04:05

Economía de papel

Gestora, ¿a dónde vas?

Richard Thaler (premio Nobel de Economía 2017) escribió de la General Motors, la gran empresa automovilística estadounidense, grande por su volumen de producción pero no por su eficiencia: “GM funcionó como una empresa mal gestionada durante décadas, y durante la mayor parte de este tiempo consiguió ser la empresa automovilística más grande del mundo. En 2009 estuvo a punto de desaparecer de la economía global, pero gracias a un rescate del gobierno hoy en día sigue siendo la segunda más grande del mundo en su campo, sólo por detrás de Toyota, y algo por delante de Volkswagen” (La psicología económica, 2015). La GM es un ejemplo de empresa privada gigante que, si no fuera por la asistencia del Estado, estaría enterrada como símbolo de una prolongada mala gestión.

Por definición, cualquier empresa, pública o privada, puede ser eficiente, rentable, transparente, hasta amigable. Sin duda, puede ser también todo lo contrario. Todos los días se abren y se cierran cientos de empresas privadas. Las que se cierran no lo hacen, precisamente, por su alta eficiencia. Mucho menos empresas públicas cierran operaciones y algunas pueden, en vez de cerrar frente a múltiples pérdidas, continuar operaciones y hasta crecer como la GM.

Lo menos frecuente es que una empresa pública revierta una situación de imparables gastos o de constantes pérdidas, o se transforme en una empresa eficiente y genere utilidades. Lo excepcional es que, aparte de fecundar ganancias, pueda encaminar seis años de una casi total pérdida de rumbo, a un encaminamiento destinado a cumplir metas y alcanzar objetivos en un tiempo relativamente corto. Por cierto, me refiero a la Gestora Pública de la Seguridad Social.

Desde fines del año 2020 hasta hoy en 2022 (menos de dos años), la gestora está a punto de iniciar el cumplimiento de su principal razón de existir: administrar los recursos de los trabajadores, generados con sus aportes mensuales, para ser invertidos financieramente (en títulos valores o instrumentos financieros) que generen la capitalización suficiente (buenas rentabilidades) para pagar pensiones dignas a todos los jubilados. Acciones que exigen innovación y fuerte apoyo del Estado.

Una serie de desafíos se abren en su futuro inmediato: cumplir eficientemente su labor, no solo porque ha asumido este compromiso, sino para demostrar que en su gestión y creación de beneficios para sus afiliados se colocará muy por encima de las AFP. Esta administración privada de las pensiones prometió mucho y cumplió poco. No aumentó la cobertura, no logró una competencia entre las dos AFP que debió mejorar su eficiencia, bajar sus costos de operación para bajar sus comisiones y otorgar un trato superior a sus afiliados, no impulsó la equidad de género, obtuvo tasas de rentabilidad altamente positivas para ellas, pero no así para los fondos administrados a favor de los jubilados, etc., etc.

La gran demora en impulsar las operaciones de la Gestora desde su creación hasta 2020 es, por supuesto, responsabilidad de las respectivas gerencias generales de turno. Hoy todo indica que se encuentra encaminada en el rumbo correcto y muestra claras señales que cumplirá el gran compromiso de suplir en mejores condiciones a las AFP. Al 25 de julio alcanzó un avance ya cercano al 90% del desarrollo del software que necesita para migrar los datos todavía en manos de las AFP. Los módulos que necesita para registrar a los asegurados, recaudar y acreditar aportes, el de contabilidad y el de atención al público muestran ya una infraestructura tecnológica que coloca a la Gestora presta para el inicio de operaciones en el cercano mes de septiembre y el funcionamiento completo en mayo de 2023. Internamente cuenta con firmas digitales que contribuyen a automatizar procesos y disminuir el uso de papel.

Por las noticias respecto a las utilidades que arrojan sus estados financieros en los dos últimos años ese comportamiento parece mostrar un alentador cambio. Aparte de las utilidades generadas en 2021, se señala que hasta junio de este año alcanzó una utilidad de 16 millones de bolivianos. Después de un período gris, la Gestora, como empresa pública y muy lejos de la gigantesca privada GM, puede llegar a ser un ejemplo de gestión y eficiencia, digno de emular por otras empresas públicas. Por fin se tendrá una Gestora que al cumplir los desafíos se ganará la confianza de los asegurados. Confianza que es necesaria para evitar crear mayor incertidumbre en la población que se siente temerosa respecto a sus ahorros depositados en el sistema de pensiones.

Por fin
se tendrá una Gestora que al cumplir los desafíos se ganará la confianza de los asegurados
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