Roberto Méndez Herrera
Periodista y docente
miércoles , 30 de noviembre de 2022 - 04:05

Jenecherú en calma y con alma

La palabra Jenecherú quiere decir originalmente “mi padre el fuego” en guaraní. Es jendi sheru, porque ellos en sus carretones llevaban siempre una brasa, porque en esa época no se conocía el encendedor y hacer fuego por fricción era dificultoso. Por eso hablaban de mantener siempre el fuego encendido, como lo explicaba Rubén Poma en su programa de televisión tratando de rescatar y promover la cultura viviente, el linaje y el temple de los pueblos cruceños que viajaban.

La palabra se me vino a la mente este domingo 27 de noviembre durante la misa matinal al escuchar el sermón del padre Raúl Arrázola en la Parroquia La Santa Cruz, cuando nos recordaba el inicio del tiempo de Adviento, caracterizado por la espera vigilante —es decir, tiempo de esperanza y de vigilia—, de arrepentimiento, de perdón y de alegría exactamente igual al momento que vive el pueblo cruceño después de 36 días de paro indefinido exigiendo un censo transparente que permita la distribución equitativa de los recursos económicos a las regiones más pobladas y la participación política, con la asignación de los escaños parlamentarios.

“Es tiempo de mantenerse vigilante”, dijo el padre Arrázola al momento de invitar a tener esperanza de mejores días en una temporada previa al nacimiento de Jesucristo, el 25 de diciembre. Que ese fuego del Jenecherú, que era un tronco de madera fina que se mantenía siempre ardiente, a la espera de la aprobación de una ley que después de tantas idas y venidas fue aprobada en la Cámara de Diputados, pasó esta semana a la Cámara de Senadores para su confirmación y luego promulgación a cargo del presidente del Estado, Luis Arce.

Porque en estos 36 días el pueblo cruceño recibió una serie de agravios al ser atacado por grupos de choque del Movimiento al Socialismo, por voceros del gobierno central que jugaron al desgaste convocando a encuentros con el comité interinstitucional en los que no tomaban en cuenta la opinión de Santa Cruz y de nadie que osara que deberíamos iniciar el censo en 2023, en respuesta al cabildo del 30 de septiembre, además de generar un cerco que impedía el ingreso de productos alimenticios de primera necesidad, el traslado de personal médico o de combustible para los surtidores.

Y lo peor, agrediendo a periodistas que con las filmaciones identificaban que detrás de la violencia se encontraban funcionarios públicos, sin contar la suspensión de las exportaciones y la interrupción del gas para el funcionamiento de algunas empresas en el Parque Industrial.

Pero, a pesar de esa parafernalia, no pudo derrotarnos. Y el pueblo respondió solo en sus rotondas, haciendo prevalecer la esencia que “es ley del cruceño la hospitalidad” y la solidaridad demostrada en las ollas comunes que se volvieron a encender en las rotondas en presencia de nuestras llantas usadas y las famosas pititas.

Debemos mantenernos vigilantes porque vienen otras batallas, con calma y con alma, sin perder esa convicción y la fe que Santa Cruz se ha levantado y sacrificado en la búsqueda de mejores días para toda Bolivia.

Por tanto, “cuídate y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, y no se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; sino que las hagas saber a tus hijos y a tus nietos”, dice Jesucristo en uno de los pasajes bíblicos descritos en Deuteronomio 4:9.

Pero con calma, eliminando esas listas de odio contra ciertos personajes que se presentan como nacidos en Santa Cruz y que fueron serviles al gobierno de Arce por encima de su tierra que le dio la vida y donde necesariamente tendrá que volver porque los cargos públicos son pasajeros.

Entonces, con el Jenecherú encendido, con alma, con calma y sin miedo. “Un guerrero de la luz está siempre vigilante. No pide permiso a los otros para empuñar su espada; simplemente la toma en sus manos. Tampoco pierde tiempo explicando sus gestos; fiel a las determinaciones de Dios, él responde por sus acciones.”, dice el escritor brasileño Pablo Coelho, a tiempo de señalar que lo peor que debemos hacer es tener es miedo, miedo que no tuvimos en estos 36 días y por eso somos ganadores.

Lo peor
que debemos hacer es tener es miedo, miedo que no tuvimos en estos 36 días y por eso somos ganadores.
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